¿En qué rubro te desempeñás?

Soy bailarina y profesora de tango. Tomé clases de baile por un año cuando tenía 12 años; después dejé, volví a los 15, y después de una clase, había una milonga y me quedé, y bailé con un muchacho que sentí que bailaba bien y que a mí me hacía bailar bien. Así conocí en mi cuerpo un montón de posibilidades, y desde ahí me atrapó. Bailo desde hace 15 años y desde hace un tiempo también enseño.

 Lucia Conde de Ben ensaya con su compañero Marcelo Manzino, en su casa.

Lucia Conde de Ben ensaya con su compañero Marcelo Manzino, en su casa.

¿Cómo afectó la pandemia tu vida cotidiana y laboral?

La pandemia afectó un montón: yo estaba de gira, tenía una gira de cinco meses por diferentes países del mundo. Ya había empezado en Noruega, estaba yendo a Bulgaria, y en la escala decidimos volvernos con mi compañero.

Llegamos el 14 de marzo a Uruguay. Y ahí se me canceló toda la gira, y eso afectó mi vida y mi trabajo. Hace cinco años que vivo viajando, bailando, dando clases, entonces fue un cambio.

Desde marzo que estoy en Uruguay. En un principio me pregunté: ¿qué hago? La incertidumbre, no se sabía si iba a poder retomar la gira o no ni cuándo sería eso, si a fin de año o después.

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Foto: Mariana Greif

Estuve como dos meses sin trabajar, viendo qué podía hacer. Tuve la fortuna de que tenía un poco de ahorros, dediqué ese tiempo a arreglar el apartamento, para poder dar clases acá, y al principio en abril largué unos afiches, pero la gente dudaba. En mayo recién se empezaron a reactivar las clases. Ahora ensayo y doy clases con parejas, mujeres y algunos hombres.

De todas maneras, aunque estoy agradecida de poder vivir de esto y que me vaya bien, no es lo que más me gusta. Me gusta bailar. La milonga tiene una cosa particular: bailás con la persona con la que estás bailando, pero también bailás con el resto, con el entorno. Esto de dar clase no es tanto la esencia del tango para mí.

Las milongas, que son los bailes del tango, se prohibieron desde marzo, no están habilitadas. Eso complica bastante las cosas, porque la milonga es donde el tango se sostiene; aparte del baile, es un espacio de práctica.

Hicimos un protocolo con la gente que trabaja en el tango para que vuelvan las milongas, que esta semana se va a presentar al Poder Ejecutivo. Nuestra propuesta es volver, quizá con menos gente, y que en la entrada la gente se registre con su número de teléfono y, en el caso de que haya un caso de covid-19, la organización se encargue de comunicarle a todos, como se hace en muchos otros ámbitos.

 Lucia Conde de Ben ensaya con su compañero Marcelo Manzino, en su casa.

Lucia Conde de Ben ensaya con su compañero Marcelo Manzino, en su casa.

El tango es una cosa muy viva, está en constante cambio, desde la danza, la música. La milonga es lo que mantiene al tango, que cayó en desuso durante la dictadura y después era visto como una cosa de viejos. Ahora hay un auge tremendo de la danza de tango, hay más jóvenes, hay mucha más gente, está el tango queer, más inclusivo, diverso. Que las milongas no estén abiertas es matarnos a todos, y a todo el movimiento, porque mata a los profesores, que no pueden dar la clase antes de la milonga, el nivel baja mucho porque la gente no puede practicar, todo el sector se ve muy perjudicado.

Tampoco están habilitadas las clases grupales en el SODRE por ahora, no se puede tocar, y para mí no se le puede pedir eso al tango. El tango es el abrazo, bailar con un otro, no bailar solo.

He dado alguna clase virtual con Vivitango, en el primer período de la pandemia en marzo y abril, pero fue sobre la teoría, la musicalidad, pero eso no es bailar tango.

¿Qué te complicó y qué fue lo más sencillo?

Me complicó organizarme, no saber qué va a pasar; eso fue complicado, no poder proyectarme, pero después de un tiempo estuvo bien. Ahora me está yendo bien, trato de dar al menos dos o tres clases por día. La gente tiene muchas ganas de bailar, y al no haber milongas ni grupos de bailes, hay más clases particulares. Por ese lado la gente está invirtiendo, y eso me ha ayudado. Acá no hay tanta cultura de tomar clases, como en Europa o en otras partes del mundo. En Malasia la gente se desespera por aprender. Entonces, en este tiempo eso ha cambiado. Es un período de introspección para mucha gente, nos dio para pensar, para mirar adentro, y espero que de esto salga algún tipo de aprendizaje.

 Lucia Conde de Ben ensaya con su compañero Marcelo Manzino, en su casa.

Lucia Conde de Ben ensaya con su compañero Marcelo Manzino, en su casa.

Este tiempo me ayudó porque hacía mucho que estaba viajando hacia afuera y no hacia adentro. Esto me ayudó a reconectarme conmigo, a sanar cosas, a verme, a tranquilizarme, a parar con tanta adrenalina de estar todo el tiempo por algún lugar y en ningún lado a la vez. 

¿Qué te parece que va a pasar?

La verdad es que no tengo ni idea. Nosotros en Uruguay vivimos como en una burbuja, porque no ha sido tan grave, en comparación con Argentina, por ejemplo, donde tengo varios colegas. No sé lo que va a pasar, pero estoy tratando de vivir el presente, ya que eso me ha salvado la cabeza; yo en general he vivido planeando giras y cosas, y en este momento no estoy pudiendo hacerlo, entonces queda eso, vivir el día a día, disfrutar de estar acá.

Foto: Mariana Greif

Foto: Mariana Greif

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