A Raúl se lo conoce por el puesto que arma todos los días en plaza Independencia, entre el mediodía y las cinco de la tarde, a un lado del Mausoleo de José Artigas, camino a la puerta de la ciudadela. Ahí se encuentra “Lustrados El Prócer”. Raúl tiene 86 años y hace 18 que lustra calzados en el mismo lugar.                                                 

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¿Cómo afectó tu vida la pandemia?

En la gente que me falta en la calle, la plaza quedó vacía durante mucho tiempo; a su vez con mi edad tampoco podía salir de casa. Fue un desastre total, y en cuanto se pudo empezar a salir no se trabajaba nada. Solo seguía yendo por la costumbre, por el cariño que le tengo a la plaza. Al día de hoy se ve una falta de gente importante por el Centro.

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Me jubilé de feriante verdulero con 13.000 pesos y no me daba para vivir, y de chico aprendí de un italiano lustrador que había en el barrio y me enseño el oficio. Y con la jubilación y esto, la voy llevando.

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¿Qué fue lo más difícil y lo más fácil durante la pandemia?

Lo más difícil es salir de la enfermedad. Hay que poner mucho esmero y que la gente se cuide y respete las normativas. Yo con 86 años, tengo mis nanas, si no me cuido, me paso para el otro lado. Tengo clientes de edad avanzada que han dejado de venir. El otro día vino uno de 65 años que me trajo a escondidas de la familia un par de zapatos para lustrar, llegó corriendo, agitado, porque se había escapado. Los hijos, los nietos y la señora no lo dejaban salir de la casa. Hay otro tantos clientes que no los volví a ver más. Fácil no fue nada, los primeros meses.

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¿Qué te parece que va a pasar en el futuro?

Creo que hay un gran esmero en nuestra población. Yo escucho mucha radio y los médicos que ponen todo el esmero para salvarnos. Hay que cuidarse. En cuanto a mi oficio ya casi no quedan lustradores, trabajo más de primavera a verano, porque en el invierno la gente no se lustra porque hace mucho frio en esta plaza. Tuve que ponerme a tiro con los precios, una lustrada la cobro 70 pesos, de un zapato común. Una bota de mujer 300 pesos, una bota corta 50 pesos. Sigo trabajando porque hay gente que se lustra conmigo hace años, pero soy solo, y cuando yo ya no esté, “Lustrados el Prócer” dejará de existir.

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