En Uruguay la cosecha de hongos del eucalipto es en otoño y primavera; Piedras Coloradas es una localidad de 1.000 habitantes, ubicada sobre la ruta 90, en el departamento de Paysandú, en la que hay 240 recolectores de hongos que recogen aproximadamente 250.000 kilos al año. Aproximadamente 96% de esa producción se destina al mercado nacional y 4% al autoconsumo o la venta local. En la zona hay cuatro procesadores (acopiadores) que compran a los recolectores y procesan el producto para después poder venderlo.

En esa zona muchos de los hongos crecen en los árboles de las plantaciones de la empresa Montes del Plata. Después de identificar a las personas que entraban al predio forestado, la empresa decidió hacer un estudio sobre el impacto de la producción en la zona y estableció requisitos para poder recolectar los hongos. En paralelo y en conjunto con la UTU de Guichón, se decidió lanzar para este año un curso de conservación y reconocimiento de hongos.

Según la página web de la Administración Nacional de Educación Pública (ANEP), “el curso que se ofrece tiene una duración de 120 horas y está organizado en tres módulos: Conservación y recolección, Emprendedurismo, y Proyecto Incubadora, para acompañar y desarrollar futuros emprendimientos. Incluye contenidos de seguridad y salud ocupacional, diferenciación de tipos de hongos, formalización laboral, gestión, comercialización, manipulación de alimentos y diferentes formas de prepararlo: disecado, conservas, etcétera [...] El proyecto pretende dar valor y visibilidad a saberes locales, y en este caso, la recolección de hongos y sus diferentes preparaciones son parte de la cultura de esa zona del país. De esta forma, se busca validar conocimientos ya existentes, generar mejores ingresos en esa población, y contribuir así al desarrollo de la comunidad”.

la diaria habló con el director de la UTU de Guichón, Danny Silveira, quien dijo que en los últimos años hubo una conversión de la industria forestal que se volcó hacia la celulosa, lo que “cambió mucho la matriz laboral”, ya que antes había fábricas que se dedicaban a, por ejemplo, hacer palillos y “generaban mucho empleo femenino”, mientras que “el trabajo de campo era más masculino”. “Ahora hay desempleo en nuevas actividades económicas vinculadas a la madera, y una de ellas es el hongo, que es zafral”, dijo.

Como en el caso de la esquila o la naranja la dificultad que genera en la educación es que “los gurises que están en clase en estos períodos se desvinculen porque van a hacer la changa. Tenemos un problema de gente que, frente a la necesidad económica, abandona los estudios, por lo menos de manera parcial. Con Montes del Plata empezamos a trabajar para generar una capacidad local en esa actividad”, comentó.

Además de los 240 recolectores, en la zona hay cuatro acopiadores. Silveira aclaró que no se trata de grandes empresas sino de vecinos que forman parte de la cadena productiva y hacen que los hongos puedan tener un destino final; explicó que los recolectores deben vender en el día lo que cosechan, porque de otra manera el producto pierde calidad y son los acopiadores los que hacen el proceso para que los hongos duren.

El valor de los hongos depende de cómo el acopiador coloque el producto; tiene que juntarlos, pagar al contado y recibe el beneficio cuando logra llenar un camión con las tarrinas de hongos en vinagre. “Si hay seguridad en el mercado, el acopiador lo paga un poco mejor porque le sirve el volumen, si el negocio no está aceitado y selecciona mucho lo que le llega, puede pasar que un recolector esté todo el día juntando y después no los pueda vender. Es un negocio que no deja mucha ganancia”, explicó Silveira.

En cuanto a los precios, dijo que al recolector le pagan entre cinco y diez pesos el kilo y en “un día bueno” pueden llegar a recoger dos o tres bolsas de 25 kilos. Un buen recolector saca por día 800 o 900 pesos, “no más de eso”, comentó el docente. Con esta realidad, y si no logran colocarlo con el acopiador, terminan consumiendo ellos mismos los hongos, y la lógica de dedicarse a esta actividad es “tapar un agujero más que tener un sustento estable”, señaló.

En la UTU están “tratando de generar una capacidad que le agregue valor a esa actividad que es muy puntual”, por eso el curso es para las familias, en el que se pueden anotar personas mayores de 18 años con primaria completa, pero no tiene límite de edad. La preinscripción ya se realizó en marzo, pero habrá una selección para priorizar a las jefas de hogar y a las personas que viven en Piedras Coloradas y en la localidad de Orgoroso.

Para el inicio de las clases están esperando que se retome la presencialidad porque lleva mucha práctica. La carga horaria es de 24 horas de manejo de hongos y manipulación del producto. “Van a ir a las plantaciones de Montes del Plata y luego en las cocinas harán un curso para la conserva de hongos. Las salidas al campo serían los sábados hasta el mediodía”, comentó, dependiendo del clima. La parte de manejo del producto llevará cuatro semanas, y luego se dará un complemento de 30 horas de emprendedurismo, que incluirá lo que es la comercialización y diseño de marca para tratar de formar una unidad productiva empresarial. “Una vez terminado el curso, habrá 40 horas de seguimiento del proyecto, ya que se prevé que los alumnos puedan querer hacer un emprendimiento productivo y el curso prevé ese seguimiento de apoyo”, agregó. En total, es un curso que durará de ocho a diez semanas.

Sobre la finalidad del curso dijo que la idea es generar una producción local para que las personas que venden a granel también puedan comercializar los hongos directamente, sin dejar de vender a los acopiadores. “La idea es que ellos tengan la oportunidad de agregarle valor, si venden a diez pesos el kilo de hongos a granel, que lo puedan vender a 25 pesos si están envasados”. Además, otra idea es que la Agencia Nacional de Desarrollo, una vez que estén en marcha los proyectos, pueda colaborar con sus herramientas de asesoramiento a pequeñas y medianas empresas.

Por su parte, Carolina Moreira, gerenta de Sustentabilidad y Comunicaciones de Montes del Plata, comentó a la diaria que “en un predio forestal de 100 hectáreas, nunca se planta 100%, como mucho se llega a 60% o 65%. Ese concepto del uso compartido de un predio forestal es en lo que trabajamos en distintos ámbitos”. Dijo que el más tradicional es con la ganadería en las zonas no plantadas donde el ganado pastorea. “En nuestros predios tenemos unas 90.000 cabezas de ganado de 300 productores”. Estos acuerdos de cooperación productiva, que la empresa llama “alianzas”, también incluye la apicultura, “donde las abejas aprovechan el refugio del monte, y desde 2017 venimos trabajando con los hongos”. En 2018 la empresa Sellin hizo para Montes del Plata un diagnóstico de la cadena de valor del hongo, y a partir de eso empezaron a tratar de dar valor al producto y “poner de relevancia el conocimiento del honguero”, y se llegó al desarrollo de la currícula de la UTU, “para que no sea un ingreso zafral sino permanente”.

“Ahora estamos pensando en hacer una actividad con la UTEC en la que ellos investiguen las diferentes formas de tratamiento para la conservación, lo estamos sondeando, pero el de la UTU es un hito porque es la primera vez que hay un curso que intenta poner un valor agregado a un subproducto de la actividad forestal, que ya es parte de la matriz productiva”, dijo.

Moreira comentó que los hongos, en teoría, serían de Montes del Plata, pero como al principio las personas ingresaban a los predios de manera informal, “una vez que supimos que estaba ocurriendo” la empresa comenzó a tratar de monitorear la situación, ya que “podría tener algún nivel de riesgo”. Lo que hicieron fue ordenar el proceso; el primer paso fue el registro de los recolectores. “A todo miembro de la comunidad que quiera entrar a buscar este recurso no se le dice que no, que era una de las posibilidades, sino que la empresa da una habilitación y una capacitación en salud y seguridad ocupacional. Las personas firman un consentimiento para que usen los equipos de protección personal, como ser zapatos cerrados o chalecos de alta visibilidad. El estándar de seguridad es algo irrenunciable”, subrayó.

La gerenta dijo que no se les cobra a los recolectores para poder juntar los hongos: “Tiene que ver con la filosofía del negocio; es una decisión empresarial dejar entrar y no cobrar. Para nosotros el desarrollo local y el trabajo comunitario son uno de los pilares, generar cercanía con las comunidades y beneficios mutuos. Nuestra presencia en la zona tiene impactos negativos y positivos, y es nuestra labor potenciar los positivos”, afirmó.

Curso: Operadores en conocimiento, conservación y emprendimientos en hongos.
Lugar: Piedras Coloradas, Paysandú.
Requisitos: ser mayor de 18 años, tener primaria completa, estar vinculado a la recolección de hongos.
Contacto: [email protected]