El proceso de transformación del sector vitivinícola en nuestro país está pautado por la reconversión varietal, es decir, el arranque de viñas de variedades “tradicionales” y la plantación de otras con mejores aptitudes para la elaboración de vinos y más adecuadas a la demanda de los consumidores. También hubo avances en las prácticas de manejo de los cultivos y en la incorporación de tecnología a nivel de predio.

En la etapa de elaboración y envasado de vinos se ha logrado acceder a tecnologías que poco o nada tienen que envidiarles a países considerados referentes en el ámbito de la vitivinicultura mundial.

Esto ha permitido producir vinos de mejor calidad e incursionar en el envasado en otras presentaciones, por ejemplo, lata, tetrabrick o back in box, y obtener otros subproductos como jugo de uva, por citar uno de ellos.

En la etapa comercial hubo una modificación drástica en los canales de distribución para el mercado interno, en la que las cadenas de supermercados adquirieron un rol protagónico. Pero la gran novedad es que Uruguay comenzó desde hace algo más de dos décadas a tallar en el mercado exterior, transformándose en reconocido proveedor de vinos finos galardonados con innumerables premios en prestigiosos certámenes internacionales, aunque aún los volúmenes exportados no sean significativos con respecto al total producido, ni la corriente exportadora sea constante, mostrando importantes fluctuaciones cada año.

Sin embargo, la lectura y análisis de los datos oficiales proporcionados a la diaria por el Instituto Nacional de Vitivinicultura (Inavi) permiten comprobar que hay grandes diferencias en el desempeño, evolución y resultados de los diferentes actores que integran esta cadena de valor.

Lamentablemente, las series históricas de datos no abarcan el mismo rango temporal, es decir, no comienzan todas en el mismo año, lo que en buena medida dificulta dimensionar algunos fenómenos y realizar un análisis comparativo integral. No obstante, se visualiza claramente la disminución en el número de productores de menor tamaño, de la superficie cultivada y del número de bodegas, lo que pone de manifiesto que el sector enfrenta un proceso de concentración, que tampoco les es ajeno a otros sistemas productivos.

En 2025 el Inavi tenía registrada la existencia de 677 empresas productoras que manejaban 1.048 viñedos en una superficie de 5.797 hectáreas, en las que se produjeron 87.011.433 kilos de uva para vino o consumo en fresco. Por otra parte, en el mismo año, hay registradas 156 bodegas que produjeron 62.164.185 y exportaron 9.319.613 litros de vino. Esa es la fotografía de un momento puntual que, a pesar de su nitidez, precisa enmarcarse en un contexto histórico para ser comprendida a cabalidad.

Datos históricos

La superficie de viñedos cayó desde 9.146 hectáreas ocupadas en el año 2000 a las 5.797 del año pasado. Los datos disponibles sobre la evolución de la cantidad de viñedos y la superficie ocupada considerando la escala tienen su inicio recién en 2009. En ese entonces, el Inavi registraba un total de 2.133 viñedos, que ocupaban 8.298 hectáreas. En el año base –2009– el número de viñedos de hasta cinco hectáreas era de 1.690 y los de entre cinco y 20 hectáreas, 395. La superficie ocupada por esos dos rangos de escala era de 3.192 y 3.370 hectáreas, respectivamente.

Por su parte, los viñedos de entre 20 y 50 hectáreas eran 42 y los de más de 50 eran solamente seis, ocupando una superficie de 1.215 y 513 hectáreas, respectivamente.

En 2025 el número de viñedos de hasta cinco hectáreas era de 725 y los de entre cinco y 20 hectáreas, 286. La superficie ocupada por esos dos rangos de escala era de 1.470 y 2.595 hectáreas, respectivamente.

Por su parte, los viñedos de entre 20 y 50 hectáreas eran 28 y los de más de 50 subieron a ocho. Ocupaban una superficie de 939 y 793 hectáreas, respectivamente.

Resulta notorio que la merma en el número de viñedos y de superficie impactó con mayor severidad en las escalas de menor tamaño, es decir, que los más pequeños productores fueron saliendo del sector a lo largo de los últimos 16 años, mientras que el único rango de escala que incrementó tanto el número de viñedos como la superficie ocupada fue el que agrupa a las unidades productivas mayores a 50 hectáreas.

El número de empresas dedicadas al cultivo, cuidado y gestión de la vid también se redujo, de acuerdo con las cifras que proporcionó el Inavi, y que comprenden desde 2022 a 2025. En el primero de los cuatro años considerados, el total de empresas era de 746, las que laboraban 5.848 hectáreas. Los datos de 2025 señalan que había 677 empresas que cultivaban 5.797 hectáreas.

Tal como se visualiza en el siguiente cuadro, en este caso la segmentación por escala se divide en seis rangos, y también resulta evidente que las empresas de menor porte, de hasta diez hectáreas, fueron las que mayoritariamente salieron del sector.

Foto del artículo 'Cuando el dato ilustra: la vitivinicultura nacional en cifras'

En 1992 el Inavi contabilizaba 404 bodegas registradas, por lo que desde ese momento hasta 2025 204 de ellas cesaron su actividad o fueron absorbidas por otras.

El proceso de concentración de la elaboración de vinos también resulta evidente si se evalúa la producción por empresa. Según los datos presentados en el siguiente cuadro, de las 156 bodegas registradas, apenas nueve de ellas –las más importantes del país en cuanto a volumen elaborado– produjeron poco más del 55% de los vinos obtenidos en la zafra 2025. La producción de las bodegas de este rango de escala sumada a la de las 17 del rango inmediato inferior –que representan casi el 17% del total– fueron las responsables de producir un poco más de las tres cuartas partes de los vinos en el año considerado. Por su parte, las 74 bodegas de menor escala obtuvieron solamente el 4,6% del total de vinos producido en el país.

Foto del artículo 'Cuando el dato ilustra: la vitivinicultura nacional en cifras'

Respecto a la cantidad de uva producida, no es posible armonizar los datos y definir un indicador de productividad general. Esto se explica porque, a lo largo de los últimos 30 años, buena parte de los viñedos plantados fueron sustituidos por otros, de variedades de menor producción de kilos por hectárea, aunque de mayor valor comercial por sus cualidades enológicas.

Según el Inavi, “de este a oeste y de sur a norte, se pueden encontrar viñedos en todo el país y óptimas condiciones para el cultivo de la vid”, aunque dependerá de las particularidades agronómicas y climáticas de cada zona cuáles serán las variedades que mejor prosperarán en cada sitio. En todos los departamentos se registran explotaciones agropecuarias titulares de viñedos, menos en Flores y Cerro Largo.

Claro está que las zonas de producción tradicionales –Canelones, Montevideo, Colonia y San José– son los departamentos más activos en el desarrollo de la viticultura, aunque también es destacable el impulso que adquirió la producción de uvas en Maldonado durante los últimos años, que ha superado indicadores ostentados por San José hasta hace poco, lo que le permitió pasar al cuarto lugar entre los primeros cinco con mayor cantidad de viñedos registrados.

Foto del artículo 'Cuando el dato ilustra: la vitivinicultura nacional en cifras'

De ahora en más será cuestión de evaluar los rumbos señalados por el Inavi y las acciones que este organismo lleva adelante para mejorar la situación del sector, poniendo el foco en la aplicación de políticas públicas diferenciadas que atiendan con mayor énfasis a los productores de menor escala, el incentivo al enoturismo, la búsqueda por mejor posicionarse en el mercado exterior, o la ejecución del Programa de Viticultura Sostenible. De su buena implementación, y seguramente de otras acciones que se podrán sumar, dependerá que esta actividad, históricamente de corte familiar, mantenga su principal característica, supere dificultades y logre desarrollar a pleno su potencial.

Foto del artículo 'Cuando el dato ilustra: la vitivinicultura nacional en cifras'

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