Gerardo Amarilla es el subsecretario del Ministerio de Ambiente (MA), que semanas atrás cumplió su primer año de gestión. Es abogado y a comienzos de este siglo cursó un máster en Derecho Ambiental en la Universidad Internacional de Andalucía. Contó a la diaria que las temáticas ambientales le comenzaron a interesar cuando a finales de la década de 1990 se fue a vivir a una chacra en Rivera. “Volví al contacto con la naturaleza que había tenido en mi niñez, volví a valorar el aire limpio, lo verde, el agua. Se dio un vínculo de nuevo con la naturaleza y lo ambiental”, relató. Su interés se reforzó después de que intercambió con biólogos, ingenieros y otros abogados en el máster.

También fue edil y diputado por el Partido Nacional. Se convirtió en el primer legislador perteneciente a la Iglesia Evangélica Bautista. Rechazó de forma firme la Ley Integral para Personas Trans, la Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo y la Ley de Matrimonio Igualitario. A lo largo de su carrera mezcló la política, el ambiente y la religión. Sin embargo, desde su punto de vista, “hay excesos de cercenamiento de la fe de las personas, está mal visto y hasta hay una expresión de desaliento hegemónico”.

El subsecretario manifestó que trabajó sobre temas ambientales en la Federación Interamericana de Juristas Cristianos. Según se explica en su página web, es una “comunidad fraterna de acción coordinada de organizaciones nacionales de profesionales y estudiantes de derecho” que “reconocen a Jesucristo como Señor y Salvador”, declaran a la Biblia como “su única regla de fe” y procuran “hacer efectivos los principios del evangelio en los sistemas sociales, políticos, jurídicos e institucionales, nacionales e internacionales”.

También participó en un par de actividades de Capitol Ministries, aunque aclaró que no es miembro y no organizó ninguna de ellas. Capitol Ministries es una organización que busca “alcanzar a los servidores públicos para Cristo en cada parada a lo largo de sus trayectorias profesionales, comenzando con sus primeros puestos locales elegidos o designados y siguiendo a medida que ascienden a puestos más altos”. En su página web también se plantea que con esto “el impacto del Evangelio aumentará en todos los estratos del gobierno a medida que los servidores públicos, que han estado inmersos en la Palabra de Dios, se muevan de un nivel a otro”.

La organización nació en Estados Unidos y, según la última actualización, del año pasado, tiene 34 “ministerios bíblicos” en ese país. También tiene representación en Europa, el Pacífico Sur, Asia, el Caribe, África y América Latina. En nuestra región abarca México, Costa Rica, Brasil, Honduras, Ecuador, Paraguay, Nicaragua, Panamá, Brasil, República Dominicana, Argentina y Uruguay. Amarilla observó que es “un poco más difícil” desarrollar Capitol Ministries en el país por “el tema de la laicidad exagerada”.

“En el MA, en la Cámara de Diputados o en mi casa llevo todos mis valores conmigo. Es la visión que tengo de la vida y el mundo, de lo que fue antes de que yo naciera y de lo que va a ser después de que muera. No lo puedo separar de lo que hago porque es parte de mi ser”, apuntó el mandatario al ser consultado sobre cómo vincula su religión con su puesto en el gabinete. También se preguntó: “¿Hay alguien que puede dejar su creencia, su fe o su razonamiento como si se pudiera separar la persona y lo que cree de lo que hace?”.

Usted escribió el libro La ética ambiental en los fundamentos judeo-cristianos. ¿Cómo vincula el ambiente con la religión?

Sí, fue a partir de la experiencia en la Universidad [Internacional de Andalucía], donde se planteaba el argumento filosófico de que el occidente cristiano era uno de los principales responsables de la realidad ambiental y cómo otras culturas, otras realidades tenían otra relación con el ambiente. Me llevó a investigar si en la Biblia o en los fundamentos del judaísmo y el cristianismo no había componentes ambientales como parte de la ética. En el Génesis, Dios le encarga al hombre la administración de la creación. Empecé a buscar para ver lo que significa ser un buen administrador y en realidad hay allí una gran cantidad de componentes, que después se desarrollan, sobre un divino cuidado de la creación.

Partiendo de esta perspectiva, ¿cómo observa el fenómeno del calentamiento global?

Lo que ha sucedido en los últimos dos siglos, tres siglos, parte de una cultura en la que la humanidad trata permanentemente de vencer el tiempo y el espacio. Todo lo queremos ya y lo queremos aquí, instantáneo. No importa las barreras que tenemos que enfrentar, no importan los siglos que tengamos que esperar, y la naturaleza necesita tiempos. Me parece que no distingue modelos económicos. Pasó en la Inglaterra industrial y pasó en la Unión Soviética comunista. Hubo impactos ambientales en que el hombre intentó vencer el tiempo y el espacio rápidamente, sin respetar determinadas leyes naturales y faltando a esa ética de vida con el resto de la naturaleza. Tuvimos un impacto negativo en el ambiente que nos afecta también a nosotros.

En la Rendición de Cuentas se solicitó promover la eliminación de mezclar biodiésel y se “acompaña” la medida con un impuesto a las emisiones de dióxido de carbono provenientes del uso de gasolina. ¿Qué opina sobre esto?

En el tema de la mezcla de biodiésel, más allá del tema costos, hay un componente de ética en el punto de vista de de dónde sacamos los recursos naturales. ¿Es lícito o está bien que usemos suelo cultivable para transformarlo en vegetales que vamos a poner dentro de un motor y prender fuego? Lo que está haciendo Ancap para cumplir con esa norma era, por ejemplo, producir soja, utilizar suelo fértil, una riqueza que a veces dura siglos en generarse, y agua, para producir una planta que después va a ser incinerada. ¿Es lógico y está bien? Capaz que si hacemos el biodiésel a partir de residuos como el aceite combustible… Me parece que es una línea de trabajo que tendríamos que explorar, más allá del costo.

Yo estoy de acuerdo con que tenemos que mejorar la reducción de gases de efecto invernadero. Además, hay una cosa que a veces me parece que tenemos que cuantificar: nosotros emitimos 0,0004% de las emisiones de gases de efecto invernadero y somos 0,0005% de la población mundial. De alguna manera, tenemos una buena performance, emitimos menos gases de los que somos. Tenemos que mejorar, sí, pero hay muchas cosas para mejorar. Tenemos que cerrar los vertederos de cielo abierto, que son grandes emisores de metano, tenemos que mejorar el tema del cuidado de pasturas naturales con el pastoreo racional, que mejore el equilibrio entre emisiones y captaciones de la producción ganadera. Tenemos que mejorar en tema de flora nativa, estamos en grandes planes para tratar de reforestar flora en determinados lugares. Es una tarea que, por más que parezca poca, si lo hacemos como una costumbre y un ejercicio desde el Estado, se va a repetir y se contagia.

¿Cómo se medirían las emisiones de CO2?

Es un estudio en cuanto a los motores. Un motor de tanta potencia y tantas horas emite tanto, una caldera, tanto. Hay una forma de medirlo y hacer una paramétrica que te va a dar lo que cada actividad, de calor o de movilidad o industrial, va generando en cuanto a la emisión de CO2.

La fiscalización puede ser complicada.

Yo creo que es fácil; si tenés formas tecnológicas de medir y controlar, no es tan difícil. Según las mediciones, terminás yendo a la fuente de la energía que trazó el combustible y se establece un monto.

Eduardo Gudynas, analista ambiental, planteó que muchas fuentes que generan CO2 no están contempladas, como el diésel, el queroseno o combustibles de aviones.

Sí, es cierto, pero es una primera medida. Sabiendo a dónde queremos llegar, las rutas a veces también tienen sus vaivenes. Vamos viendo cómo se adapta. Estuvimos más de 20 años esperando un decreto que estableciera los parámetros para medir la contaminación del aire, se logró en este período recién. Ahora vamos a empezar a ajustar y tratar de potenciar determinadas actividades y desalentar otras. Obviamente, no podemos hacerlo de entrada, tenemos que ir sumando otras actividades a medida que vayamos viendo cómo impactan y el comportamiento de los diferentes sectores.

El ministro de Ambiente, en una actividad organizada por la Embajada Británica, anunció que iba a solicitar la eliminación del IVA para el compostaje en la Rendición de Cuentas. No apareció. ¿Qué pasó?

Del tema tributario no sé, lo hemos hablado con la ministra [de Economía y Finanzas, Azucena Arbeleche]. Es un tema que evidentemente tenemos que trabajar, me parece que la idea es buena, comparto la posición del ministro. En lo que estamos trabajando es en la exoneración de los impuestos que se generan en zonas francas cuando los residuos van a reciclaje. Hoy cuando los residuos salen de una zona franca y van al vertedero no tienen impuestos, pero si van a reciclaje se los toma como materia prima y tienen que tener impuestos de importación. La idea es proponer que los residuos que se generan en las zonas francas ingresen al territorio nacional con ciertos condicionamientos y controles.

Esto va a generar una mejora en la calidad ambiental, porque los residuos no van a un vertedero a generar impacto, sino que vuelven al circuito industrial. También genera una actividad económica, porque es materia prima que va al circuito industrial; también tiene un componente de inclusión social. Los recicladores, si les damos esa oportunidad de recibir ese tipo de residuos, van a tener una mejora en sus ingresos, que generalmente son de poco monto.

El MA tiene 0,04% del presupuesto nacional.

El presupuesto es poco, el ministerio es hijo de una pandemia. Tenemos el desafío grande de tener un alto impacto en las políticas públicas con un bajo presupuesto. Tenemos algunas debilidades, por ejemplo, en algunos recursos para fortalecer el equipo técnico del ministerio. Hay muy buenos técnicos, algunos que tienen varios años, pero creo que tenemos que reforzarlos y renovarlos. Necesitamos técnicos calificados, bien remunerados. Ha pasado también, en los últimos tiempos, que los técnicos se ven tentados por la actividad privada y perdemos capacidades de años.

No precisamos una gran estructura como ministerio, ni grandes oficinas por todos lados, ni mucha cantidad de vehículos, ni mucho de a lo que estaban acostumbrados antes los ministerios. Precisamos un fuerte potencial técnico y después las capacidades de articular con los ministerios del Estado y con los entes públicos.

¿Cuál sería el presupuesto ideal?

Si te digo el doble, va a haber gente que va a decir que estamos cortos. Capaz que con 50% más de lo que tenemos, creo que estamos bien para trabajar y desempeñar nuestras funciones.

¿Hay precarización laboral en el MA?

Hubo y sigue habiendo. Se han renovado muchos contratos, o la mayoría. Tenemos limitaciones para dar ingreso a nuevos funcionarios públicos, generalmente tenemos que hacer muchos contratos, no sé si son precarios. Son precarios para una persona como yo, que piensa que tiene que llegar a 65 años, jubilarse y tiene que estar en el BPS permanentemente y seguir aportando. A veces, para los jóvenes, un contrato de dos años no es precario, porque capaz que antes de esa fecha ve otra opción y se va.

Uruguay es un país agrícola y ese sector productivo también es responsable de parte de la contaminación. ¿Cómo es la relación con el Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca (MGAP)?

Estamos trabajando; es verdad que la frontera agrícola, al ampliarse, generó grandes impactos en la calidad de aguas superficiales del país. También algunos impactos, aunque han sido menores, por la tecnología de los suelos. Ahora hubo una linda actividad en la que estuvieron los ministros de Ambiente y Ganadería en Soriano. Allí hay una presión importante sobre las cuencas a partir de la actividad agrícola intensa. Hay tensiones y hay que saber manejarlas con madurez.

¿Qué tensiones?

Entre los que quieren producir más, intensamente, para sacar más rédito y los que entendemos que está bien que se trabaje, produzca, pero que no haya un impacto negativo al agua que ponga en riesgo la sostenibilidad de producción. Hay productores que se dan cuenta y productores que no. Como no se dan cuenta todos, tenemos que buscar reglas y normas que establezcan límites; ahí están las tensiones. Se van resolviendo en forma civilizada y con diálogo. También con un MGAP que también entiende que el plus que tiene nuestro país en materia productiva no es la cantidad, es la calidad, que está siendo equiparada con muchos países de la región.

¿Cree que la visión ambiental está fuerte dentro del MGAP?

Ha crecido mucho.

¿Pero está fuerte?

Está más fuerte que antes [risas]. El componente ambiental está más fuerte que antes, no sé en qué grado.

¿Opina que muchas veces se pone el foco en el glifosato y se olvidan otros agroquímicos?

Yo creo que a veces son simplificaciones y creemos que lo malo es un producto que tal vez sea útil para utilizar en determinadas situaciones y con determinadas cantidades. Hay otros productos mucho más dañinos, graves, serios, que pueden tener más impacto y no se pone la lupa en ellos.

Una idea que en mi época de parlamentario se hablaba en los pasillos era plantear utilizar determinada cantidad de sustancias y apuntar a un estudio un poquito más profesional. Cuando te vas a tomar un analgésico, por ahí no necesitás ningún tipo de receta, te duele la cabeza y lo tomás. Pero si vas a tomar un antibiótico necesitás una receta verde y que te lo dé un profesional. Si vas a utilizar determinada sustancia en cantidades importantes en determinado territorio, necesitás un estudio de un ingeniero agrónomo o biólogo. Es un tema que se planteó en el Parlamento, precisaría una ley que lo exigiera. Puede ser una buena solución para que regulemos qué colocamos y en qué lugar.

¿Se ha hablado con algún legislador?

Lo hablamos en el período pasado, en este no. Pero es un tema en el que habría que avanzar. No te digo para un pequeño tarrito de glifosato para quemar los yuyos en la vereda de tu casa, pero si vas a comprar unos tanques de 50 litros, capaz que estaría bueno saber dónde se van a usar y para qué.

¿Cómo está la situación de las áreas protegidas?

Tenemos 17 áreas en el país, hay algunas propuestas más, una terrestre y una marina. En el tema de las áreas protegidas, lo que hemos encontrado es que en el imaginario de la gente son lugares paradisíacos e idílicos. Hay lugares que lo son, pero tienen muchas dificultades y problemas. Muchos problemas de servicio, la gente nos pregunta qué puede hacer en ese lugar y prácticamente hay poca cosa, no solamente para acceder, sino para disfrutarlo, conocerlo, cuidarlo.

Tenemos un gran desafío con las áreas protegidas, más que ampliarlas en su cantidad, tenemos que mejorarlas. Hay cuatro donde tenemos conflictos: Centurión, Quebrada de los Cuervos, Polonio, ahí tenemos juicios, y Chamangá, donde tenemos dificultades que se han generado en los períodos anteriores con los propietarios de los predios. Los juicios son por planes de manejo del ministerio o ampliaciones de zonas. La idea es tratar de generar acuerdos, dejar los juicios de lado y llegar a un punto de encuentro.

¿Se busca crear áreas privadas protegidas?

Es un tema interesante. Tenemos que abrir la cabeza y que también integren el Sistema Nacional de Áreas Protegidas, puedan cuidar la biodiversidad, potenciar actividades y el desarrollo local. La idea de las áreas protegidas privadas es que los propietarios saben del plan de manejo; generalmente son consensuados, se trabaja en conjunto con ellos.

¿Se imagina un área protegida con hoteles?

Pueden ser hoteles sustentables, con sostenibilidad en el uso del agua y la energía, con respeto a la biodiversidad, mucho uso de madera. No por tener la sostenibilidad uno lo tiene que imaginar como una cosa muy precaria. Me lo imagino en buenas condiciones y con buenas comodidades para que la gente pueda ir a disfrutarla.

¿Qué otras propuestas de áreas protegidas están manejando?

Tenemos una propuesta muy interesante, a nosotros nos gustó mucho. Un área protegida en la Isla de Lobos y todo un bajo de mejillones, junto con una zona de corredores profundos que hay conexa a la isla. Hay un proyecto de una organización internacional y una ONG uruguaya, la Organización para la Conservación de Cetáceos. La han propuesto con un estudio muy serio y la estamos estudiando.

¿Cuáles son los próximos desafíos y los grandes problemas que debe enfrentar el MA?

Los grandes problemas que tenemos hoy son la calidad del agua y el tema de los residuos. Son de urgencia. Después los desafíos, el tema de la certificación de la producción nacional desde el punto de vista ambiental, mejorar la gestión de las áreas protegidas y a partir de las áreas protegidas, generar emprendimientos de ecoturismo y desarrollo en las comunidades locales. Creo que esos desafíos se pueden atender con proyectos, incluso internacionales.

¿Cómo se está preparando el MA para la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP26)?

Ha habido un trabajo bastante serio, preparamos los informes del país para las contribuciones a la COP. Ha habido un trabajo no solamente del MA, que lidera la Dirección de Cambio Climático, y es coordinado con otros actores. Queremos hacer más que compromisos pomposos y exagerados, queremos hacer compromisos serios y firmes que podamos cumplir como sociedad, que vayan en la misma línea de lo que hemos hecho hasta ahora. Proponer cosas por proponer y después no poder llegar a cumplirlas no es de nuestra idiosincrasia nacional. Hay países que prometen cualquier cosa y sabemos de entrada que no van a llegar.