Durante la trigésima Conferencia de las Partes sobre Cambio Climático (COP30) participaron más de 1.600 lobistas de empresas de combustibles fósiles, una cantidad que supera a todas las delegaciones, excepto la de Brasil, el país anfitrión de la cumbre. El análisis, publicado por Mongabay, fue realizado por la organización Kick Big Polluters Out, que agrupa 450 organizaciones de diferentes partes del planeta. La cifra se traduce en que uno de cada 25 participantes en la instancia representaba a la industria de los combustibles fósiles, una de las principales causantes de la crisis.

Entre las compañías que asistieron a la reunión están Shell y Chevron, que buscan explorar la plataforma marina uruguaya con miras a su explotación. La presencia de los lobistas parece haber dado frutos: las petroleras y países como Rusia y el Grupo Árabe -que incluye estados petroleros como Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos, Egipto y Qatar- fueron los principales ganadores de la COP30, ya que lograron que ni siquiera se mencione “combustibles fósiles” en numerosos textos negociados, incluida una hoja de ruta de transición energética.

Marcelo Fossatti integra la Red Nacional de Semillas Nativas y Criollas, que forma parte de la Coordinadora de Organizaciones Latinoamericanas del Campo y la Vía Campesina Internacional. Participó en la conferencia internacional porque, además, es coordinador en temáticas vinculadas con la agroecología, la biodiversidad y las semillas de la organización regional. Uno de los primeros puntos que planteó al dialogar con la diaria fue que, en forma paralela a la primera semana de la COP30, tuvo lugar la Conferencia de los Pueblos y la Aldea, que son espacios convocados por movimientos sociales y pueblos originarios. Miles de personas se hicieron presentes en las calles durante las movilizaciones, junto a representantes de las delegaciones del sur global, dice. “Muchos sienten que sus planteos y sus propuestas no son escuchados. Entendieron que la Cumbre de los Pueblos y la movilización eran espacios para reivindicar y protestar contra la cooptación que tiene el espacio oficial. Muchas veces los países del norte son los que marcan la agenda de las discusiones”, expresa.

El 16 de noviembre, cuando finalizaba la Cumbre de los Pueblos, tuvo lugar un “hito histórico” en términos políticos: el presidente de la COP, André Corrêa do Lago, fue a la Cumbre de los Pueblos, recibió la declaración y trasladó el documento a la COP. “No es la primera vez que se hace la Cumbre de los Pueblos, pero se habían suspendido porque las COP se venían haciendo en países petroleros o autoritarios que no permiten a la sociedad civil expresarse, manifestarse, convocarse. Siendo en Brasil, como el gobierno de Lula apoyó mucho el proceso, se volvieron a conformar. Nunca había pasado que la declaración de este espacio se llevara a la COP. Siempre quedaba en una declaratoria que no tenía ninguna repercusión. Tampoco es que haya tenido tanta, pero que el presidente de la COP haya ido a la Cumbre de los Pueblos y no la Cumbre de los Pueblos a la COP es un hecho político que es bastante inédito e interesante”, explica.

Esto no quita que Corrêa do Lago, histórico diplomático brasileño, haya protagonizado uno de los hechos más polémicos de la COP30, cuando impidió dar su postura a numerosos países durante el plenario final. Fossatti considera que el manejo de la presidencia de la COP fue “bastante perverso” y comenta que la delegación uruguaya fue una de las afectadas. “No se siguieron los procedimientos habituales, fue bastante duro el momento”, asevera.

Las voces del pueblo

La declaratoria de la Cumbre de los Pueblos hace hincapié en varias cuestiones, que pueden dividirse en tres partes. En la primera, Fossatti señala que exigen que “quienes son responsables de la mayor contaminación se hagan cargo, que reparen, que brinden financiamiento público y no en forma de deuda”. Considera inadmisible que países vulnerables “tengan que reparar los efectos generados por corporaciones”, endeudando a su población, y resalta que es responsabilidad de los países del norte “reparar el daño causado y colocar algo de sus ganancias”.

En la segunda parte del texto, las organizaciones sociales se centraron en brindar propuestas desde la agricultura familiar y campesina. En concreto, el integrante de la Red Nacional de Semillas Nativas y Criollas destaca la promoción de la agroecología, la soberanía alimentaria, los mercados de cercanía, un vínculo diferente en torno a los alimentos, donde dejen de entenderse como mercancía y pasen a considerarse un “bien social”.

Finalmente, en la última parte, denunciaron “falsas soluciones”, como los mercados de carbono, que las empresas “pagan para seguir contaminando”. “Lo vemos en Uruguay con la forestación”, agrega. Sin ir más lejos, Búsqueda informó este año que un proyecto forestal uruguayo está en el centro de una demanda por greenwashing contra una tabacalera; se trata de una denuncia colectiva presentada en Estados Unidos que acusa a la British American Tobacco de engañar a los consumidores sobre la neutralidad de carbono de sus productos de vapeo.

Disputar los espacios

Fossatti expresa que no tenían “demasiada ilusión de que el espacio oficial pudiera avanzar mucho en los aspectos más importantes: el abandono de los combustibles fósiles y la financiación para la adaptación climática”. Sin embargo, subraya que las COP “son el espacio en donde el mundo se tiene que poner de acuerdo para llevar adelante políticas, deben existir estos espacios multilaterales en donde los países puedan llegar a acuerdos y consensos para lograr transformar realidades”. Afirma que no son “ingenuos” y que participan para “disputar” los espacios. Sin embargo, con los resultados de la COP30, es contundente: “No se cumplieron con las expectativas”.

¿Cómo seguir confiando en las COP luego de los resultados tan complicados? “Uruguay, por suerte, fue un ejemplo positivo en la unión entre los gobiernos y la sociedad civil. Logramos construir propuestas y llevarlas en conjunto. La Dirección de Cambio Climático tomó una actitud diferente para esta COP, de apertura, de diálogo, de acercamiento. Generó dos espacios previos y ahora va a haber un espacio posterior para hacer una evaluación”, relata.

Esto, dice, fue reconocido por otras delegaciones que están intentando replicarlo. “No siempre vamos a estar de acuerdo en la posición, pero dialogar previamente, intercambiar posiciones, son caminos que van a ir, de alguna manera, quitando poder a las corporaciones petroleras de estos espacios y empoderando a los gobiernos y la sociedad civil”.

“Es necesario acercarnos, entendiendo que no siempre vamos a estar de acuerdo, pero hay posibilidades de acordar cosas y, por ahí, tenemos una lucecita de esperanza”, declara. Sobre las discrepancias, pone como ejemplo que no está de acuerdo con la búsqueda de hidrocarburos en nuestro territorio ni con la instalación de combustible sintético de HIF Global en Paysandú.