-¿Qué implicaría el triunfo de Nicolás Maduro ante Henrique Capriles?

-Hay dos modelos en disputa. Maduro es la continuación de lo que se ha venido desarrollando a lo largo de los últimos años, un proceso de transformación profunda que lideró el presidente Chávez desde 1998 hasta este año. Hubo varios procesos electorales y cambios políticos y sociales importantes, enmarcados en el Plan de la Patria, donde se define el carácter socialista del rumbo que se quiere seguir. La opción de Capriles es de política neoliberal, ha dicho claramente que debe cambiar el rol del Estado en la economía, mientras que nosotros planteamos un Estado promotor, que debe participar de forma activa. Desde el punto de vista social se plantea fortalecer las políticas sociales, mientras que Capriles deja dudas de que ésas se mantengan, o por lo menos que sigan siendo iguales. En la política exterior que seguiría desarrollando Maduro, quien ya ha acompañado a Chávez en el tema, sería la continuidad de un proceso en el que los principios de solidaridad, corresponsabilidad, complementariedad, y de una visión sur-sur, se sigan fortaleciendo. Capriles ha planteado una revisión de la política exterior, porque considera que algunos planes de cooperación que se dan entre los países son innecesarios.

-Chávez sigue presente en esta elección, ¿cuánto pesa su figura?

-Sigue siendo un eje transversal en las elecciones del 14 de abril, porque uno de los modelos que están en discusión -y que ha sido respaldado en la mayoría de las elecciones en el último tiempo- es el modelo que él impulsó, el de la revolución y el socialismo bolivarianos, el de la visión integracionista, que pone como eje central al ser humano y la política social, el tener propias iniciativas económicas y no recetas internacionales. Su legado político forma parte del debate electoral y en ese sentido él está aún presente. Las encuestas que en Venezuela son serias coinciden en que va a ganar Maduro, sólo difieren en la brecha que obtendría, y es lo mismo que las encuestas plantearon de cara al 7 de octubre. Sin dudas que son elecciones muy particulares, no estaban en el calendario venezolano y no fueron buscadas, en un escenario político que se mantiene y que no ha cambiado.

-En esta campaña se han introducido discursos que no tienen que ver con lo terrenal, ¿cómo lo explica?

-En Venezuela se transformaron la forma y los símbolos de hacer política, con Chávez como principal responsable. Antes se hacía política con traje y corbata, hoy se hace con camisa por afuera, recorriendo los barrios y hablando con la gente y no en un meeting determinado. Las formas políticas incluso incorporaron elementos religiosos; el presidente Chávez era un gran creyente y esto se incorporó como una nueva forma en el discurso político. Pero también tiene que ver con las características propias de la idiosincrasia del pueblo venezolano y eso lo vemos en el discurso de uno y otro candidato. Además de Maduro, tenemos a Capriles dando bendiciones en sus alocuciones y hablando de elementos místicos. Como en Venezuela trasladamos el lenguaje del béisbol a la política y al quehacer cotidiano, es lo mismo que pasa en Uruguay con el fútbol, y así se van trasladando otras cosas.

-¿Cómo visualiza el futuro del chavismo luego de su muerte?

-La figura de Chávez se mantiene presente y va a estar desde otra perspectiva. La construcción de las formas y fuerzas políticas que le fueron permitiendo la acumulación y la unidad es un proceso que se dio desde varios años antes y se consolida a partir de 1998. Hoy permite tener un Partido Socialista Unido de Venezuela, que tiene una estructura propia, que el 16 de diciembre obtuvo 20 de 23 gobernaciones, y es un partido joven, con una dirección y participación democrática clara. Es el partido que tiene más simpatizantes en el país, con más de cuatro millones de inscriptos. El chavismo hoy tiene un programa político, que unos años antes podía no tenerlo, pero hoy tiene el Plan de la Patria, que va más allá del ejercicio del Poder Ejecutivo y de las otras instancias de gobierno. Por más que Chávez fue un gran líder, comparable con las gestas libertadoras en la transformación social y articulación con la gente, construyó -no él solo- una herramienta que hoy permite decir que su expresión política reflejada en el chavismo será por mucho tiempo, con una visión de unidad, articulación, y se va a ir configurando como un ejemplo de unidad de los movimientos de izquierda progresistas y revolucionarios.

-¿Cómo entró Chávez en la historia venezolana y en su relación con el petróleo?

-El petróleo es el eje transversal que generó las formas y la cultura en el país, amparado en lo que llamamos una Venezuela rentista, que vive de la traslación de una riqueza internacional hacia nuestro país. Eso tiene virtudes y elementos negativos, que son los que queremos transformar para pasar a ser un país productivo. Chávez llega a la presidencia en una crisis de varios sectores. El modelo rentista que se había impulsado a partir de 1958, y principalmente desde 1976 con la nacionalización petrolera, entra en crisis en los años 90 producto de que se perdió el hilo, que fue defender un precio justo del petróleo a nivel internacional, y en el marco de la OPEP [Organización de Países Exportadores de Petróleo] poder tener políticas colectivas de los productores para tener unos ingresos equilibrados, lo que se había roto en Venezuela.

La segunda crisis es la del modelo de partidos, que nació en 1961 con el pacto de Puntofijo, que hacen los tres principales partidos excluyendo al segundo más importante, que era el Partido Comunista, dejando de lado a la izquierda venezolana. Fue un acuerdo de conciliación de elites y cupular, cuyos años siguientes se denominaron como el período del puntofijismo. Ese modelo también llegó a su crisis a finales de los años 80, con el caracazo de 1989, mediante la imposición de un paquetazo neoliberal y con la rebelión del presidente Chávez y de un grupo de militares y civiles que irrumpen y generan una crisis en el modelo de partidos. En 1998, como producto de todo esto, se venía gestando una gran crisis social, con una pobreza que superaba el 40% y una pobreza extrema mayor a 20%. Ahí empieza la construcción de un nuevo modelo convocando a la gente. La primera medida del gobierno de Chávez fue convocar una Asamblea General Constituyente, incluso no la convocó directamente, sino que le preguntó a la población si estaba de acuerdo en convocarla para la refundación de la república. Es lo que se vino haciendo desde 1998 y lo que permite los cambios de las formas políticas. Todo esto se hizo en el marco de un profundo respeto a las formas democráticas, generando elementos de transformación y consulta con el pueblo. El elemento principal entre el líder y el pueblo, que permitió esa manifestación que vimos en Venezuela el 5 de marzo tras su muerte, fue la relación entre un hombre que venía de las bases populares y de estratos pobres, que nunca perdió esa conexión.

-Sin embargo, hay quienes tildan al chavismo de autoritario...

-Tiene que ver con los intereses de quien así lo plantea. En Venezuela hay un debate de modelo político y social, y un punto de inflexión fue 2002, cuando se evidenciaron claramente cuáles fueron los intereses que salieron con el golpe de Estado, único momento en que se rompió el proceso democrático en este proceso de transformación. Es llegar a Venezuela y darse cuenta de que es todo lo contrario a lo que se le cuestiona en algunos espacios de poder. Lo demuestran el ejercicio de los derechos democráticos y de expresión que tienen todos los ciudadanos, el debate político constante que se vive. Vemos desde los sesgos ideológicos que tenemos, y el que domina la escala mundial no comparte las formas políticas que se están dando en Venezuela.

-¿Cómo seguirá el vínculo entre Venezuela y Uruguay?

-Antes de la llegada de Chávez a la presidencia, Venezuela y Uruguay se conocían pero a la vez se desconocían. Se conocían porque teníamos muchos uruguayos viviendo en nuestro país en la década del 70, y tanto los que volvieron como los que se quedaron allá un tiempo nos dejaron muchos elementos culturales, y muchos elementos culturales de Venezuela hoy forman parte de Uruguay. Pero también nos desconocíamos porque no había una coordinación y articulación más estrecha entre los países que estamos al norte del continente y los que están al sur, y eso se fue rompiendo. Por lo menos desde el lado venezolano, el gran Amazonas era como un mar que nos distanciaba, y llegar a Brasil, Argentina, Montevideo, Asunción, fue un planteo del presidente Chávez, como un camino de cooperación desde Venezuela hacia esta parte del continente. Es lo que hoy hace que estemos en el Mercosur y entre los principales socios comerciales; Uruguay y Venezuela tienen una visión económica muy complementaria. De continuar el proyecto que encarnó Chávez como así se prevé, continúa la profundización de las relaciones políticas, sociales, culturales y económicas de nuestros países.

-Existe la posibilidad de que Uruguay tenga petróleo: ¿qué diría desde la experiencia venezolana?

-Nosotros esperamos que esa búsqueda sea exitosa y que Uruguay logre pasar a ser parte de los países que tenemos hidrocarburos para el beneficio de nuestros pueblos. Lo que les diría es que vean críticamente la historia de Venezuela desde 1998 hacia comienzos del siglo XX, cuando comenzó la explotación petrolera y cuando precisamente no se pusieron por delante los intereses nacionales ante esa gran renta económica que ingresaba. La explotación petrolera en nuestro país nos trajo muchos retos y nos hizo pasar de un país agrario a un país minero-petrolero. Hoy estamos volviendo a tratar de equilibrar ese país productivo, que en aquel momento era de producción primaria, y que vaya acompañado de lo petrolero y lo energético. A partir del 98 hemos visto esa riqueza petrolera como un impulso central del desarrollo y de la consecución de las políticas sociales y económicas.

-Venezuela asumirá la presidencia del Mercosur. ¿Cómo cree que evolucionará el bloque?

-Para nosotros va a ser un orgullo asumir la presidencia pro témpore en Montevideo, una presidencia que ya ha dicho Maduro que le correspondería a Chávez. Como siempre hacemos en los distintos espacios de integración de los que formamos parte, con la mayor consideración, con el mayor respeto y con la búsqueda de ser propositivos, generar ideas y soluciones en común. En ese proceso estamos y está claramente marcado cómo lo vamos a asumir desde el punto de vista económico y comercial. Vemos y creemos, como nos dijo el presidente Chávez, que el Mercosur está llamado a ser el motor económico de la integración, estamos seguros de que con el impulso que podemos dar nosotros y otros más que vendrán, podremos lograr que se convierta en ese motor.