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Nacional / Política | Viernes 12 • Abril • 2013

Todos juntos e misturados

Columna de opinión.

En medio del enorme impacto por la aprobación de la ley de Matrimonio Igualitario el miércoles, pasó casi inadvertida una novedad que promete sacudir el tablero político uruguayo: la constitución, informal pero sólida, de una red de organizaciones de la sociedad civil forjada a lo largo de varios años, las cuales se han comprometido a brindarse apoyo recíproco para la aprobación de leyes y el impulso de políticas y medidas de gobierno.

Se trata de iniciativas que dividen a los partidos, originadas en ámbitos ajenos a ellos y que los cortan de modo transversal, impulsadas por esa amplia coalición ciudadana cuyos integrantes han aprendido en el último lustro las buenas artes del lobby. Numerosos dirigentes políticos, funcionarios y legisladores ya consideran muy en serio las reivindicaciones de esos colectivos.

Como muestra, un botón: la Cámara de Representantes aprobó el miércoles la ley de Matrimonio Igualitario a pesar de los errores que le encajó el Senado al proyecto, con el compromiso de corregirlos a la brevedad. ¿Por qué? Porque los legisladores temían, frente a un nuevo retraso, la indignada respuesta de las organizaciones civiles que habían manifestado gran decepción en diciembre, tras la postergación de la iniciativa en la cámara alta.

Al cabo de la aprobación de la ley en la cámara de diputados, en conferencia de prensa, delegados del colectivo Ovejas Negras (que representa a la comunidad de gays, lesbianas, bisexuales y trans) compartieron el logro con los movimientos feministas, de afrodescendientes y de personas con discapacidades, con el PIT-CNT, la FEUU y con “espacios de articulación” como la Coordinadora por la Despenalización del Aborto, por la Legalización de la Marihuana y la Marcha de la Diversidad.

Una vez fuera del Palacio Legislativo, en el discurso que preludió a la fiesta en la Plaza 1 de Mayo, el dirigente de Ovejas Negras Federico Graña identificó como aliadas a una cantidad de organizaciones, entre las que figuran las feministas Cotidiano Mujer, Mujer y Sociedad, Mujer Ahora, Mujeres Canarias y la Comisión Nacional de Seguimiento-Mujeres; las de afrodescendientes Mizangas y Mundo Afro; el PIT-CNT, la FEUU y Proderechos. La lista no es exhaustiva: hay muchas, muchas más, a tal punto que su registro ocuparía, tal vez, toda esta página.

A nadie sorprendió que, en medio del baile, legisladores, dirigentes, funcionarios y militantes frenteamplistas, colorados y blancos desplegaran sus banderas para la foto, sin ningún inconveniente en aparecer luego en la prensa y en las redes sociales todos juntos e misturados con activistas por los derechos humanos, económicos, sociales y culturales. Y, algo impensado no muchos años atrás, con las “locas” otrora despreciadas, quienes, gracias a sus incesantes esfuerzos, han ganado en cuestión de meses identidad, derechos y hasta la posibilidad de consagrar el amor de pareja a través del matrimonio.

¿Por qué ha bregado y sigue bregando esta novedosa articulación de la sociedad civil? Por cuestiones que han dividido a los partidos y que podrían calificarse de “progresistas”, “libertarias”, “liberales” o “de izquierda”, según el gusto de quien pronuncie el discurso. En todo caso, se trata de reformas democráticas, que redundan, renuevan e impulsan los valores vigentes desde la Revolución Francesa y hasta ahora nunca alcanzados a pleno: libertad, igualdad, fraternidad.

“Siempre participamos en la lucha contra la impunidad en nuestro país”, por “la despenalización del aborto” y “hoy, en el intento de regular y legalizar la marihuana” y contra la baja en la edad de imputabilidad penal, dijo Graña a la prensa en la antesala de la cámara de diputados.

Y por si no quedó claro, todos los noticieros televisivos difundieron en directo la advertencia del colectivo Ovejas Negras: “Los resultados obtenidos confirman la validez y la necesidad de la articulación social y política, de no luchar sólo por los derechos y necesidades en tanto gays, lesbianas y trans, sino por un proyecto político y social más amplio, ya que una sociedad más justa e igualitaria se construye entre muchos.”

La solidez de esta coalición ciudadana tiene su antítesis en los desflecados argumentos contra sus reivindicaciones, flagrantes en el debate legislativo sobre el matrimonio igualitario. La mayoría de los parlamentarios de todos los partidos que se le opusieron parecían más interesados en asegurarse la renovación de sus escaños, dirigiéndose a los cada vez más esmirriados grupos de votantes que trastabillan sosteniendo el conservadurismo antes dominante. A pesar de la trascendencia del proyecto en discusión, no se dirigían a la Historia, como si tuvieran conciencia de la intrascendencia de sus posturas. Al menos, ésa fue la impresión que daban sus discursos, baldíos de sensatez, ciencia, sensibilidad y compasión.

Hace un par de décadas que se viene hablando de “nuevas maneras de hacer política”. Acá hay una, que se nutre de lo mejor de la historia uruguaya, ese tren que pasa muchas veces invitándote a subirte en él.