El 18 de febrero la diaria informó sobre un hecho que se ha repetido año a año en el último lustro: faltan maestros. Que este problema aún esté sin resolver, a escasos días de que arranquen las clases, indica sin duda problemas generales de gestión en la ANEP. El objetivo de esta nota no es, sin embargo, analizar esos problemas, sino argumentar que la escasez de docentes es la señal principal que nos indica que el país debe acelerar en los próximos años el ritmo de aumento de los salarios de los docentes de la ANEP.

En general las reivindicaciones de aumentar ese salario se plantean discutiendo si su nivel es justo o injusto, si da para vivir o no, si es digno o indigno, si debería alcanzar la media canasta familiar y si deberíamos ver dicha canasta medio llena o medio vacía. Más allá de la validez de estos argumentos, quiero proponer uno distinto: el salario ha sido y es todavía bajo porque así lo indican varios datos sobre la cantidad y calidad de los docentes, entendiendo que éstas responden fundamentalmente al nivel salarial relativo.

Consideremos tres síntomas. El primero es la noticia que motivó esta nota: la falta de maestros, el déficit en la cantidad de personas que eligen dedicarse a una profesión, es la manifestación más extrema de las consecuencias del salario bajo. No se trata sólo de que la profesión quizá no esté atrayendo a quienes tienen más vocación y capacidad1; simplemente, quienes la eligen no alcanzan para cubrir los puestos vacantes. Pero incluso podríamos concluir que lo de primaria no es tan extremo si miramos el segundo síntoma: la falta en secundaria, desde hace décadas, de profesores titulados.

En 2012, la proporción de horas docentes en secundaria dictadas por profesores titulados fue 60,5%.2 Quizá esto no se destaque tanto en las noticias como la falta de maestros, pero se trata de una situación muchísimo más grave. ¿Cuántos docentes faltarían en secundaria si, como en primaria, fuera necesario tener título para dar clases?

El tercer síntoma es que la tasa en la que se gradúan nuevos maestros y profesores es insuficiente en relación con los cargos vacantes. La escasez relativa de docentes en primaria y secundaria no sería tan grave si hubiera señales de que la matriculación y la titulación en las instituciones de formación docente están aumentando de modo significativo. Por desgracia, los datos indican que no es así. Si bien en 2011 y 2012 se revirtió la tendencia previa a la baja en el número de graduados, el crecimiento es todavía lento y el número de graduados está por debajo de la tasa de reemplazo del sistema.2

El salario influye en las decisiones que toman las personas sobre a qué dedicarse. No es lo único importante pero quizá sea lo más importante. Otra obviedad, perdonen, es que lo significativo para esas decisiones es el salario relativo, es decir, el nivel de un salario en comparación con otros. El salario relativo docente ha sido tan bajo en las últimas tres décadas y es todavía tan bajo que sus consecuencias en la cantidad y calidad de los docentes son evidentes.

En los últimos años, quienes argumentan que el salario docente no debe aumentarse más (recuérdese, por ejemplo, el papel del gobierno en el conflicto por la última Rendición de Cuentas, en 2013) se refieren a la magnitud de su crecimiento durante los últimos años. Efectivamente, el salario docente aumentó en forma significativa, 56% de 2004 a 2012. Pero si es cierto que una perspectiva fundamental del problema es el salario relativo, debemos mirar qué sucedió con el resto de los salarios en la economía, y ver que en el mismo período el promedio salarial en Uruguay se incrementó 49%. Hubo una mejora en lo que ganan los docentes en relación con el resto de los trabajadores, pero la magnitud de tal mejora ha sido insuficiente para revertir el problema de la escasez.

Dos comentarios para cerrar. Primero, hay otros elementos importantes que probablemente están afectando negativamente la cantidad y calidad de docentes. Analizarlos daría para varias notas. El punto que quiero remarcar es que, más allá de esos otros factores, la mejora de salarios relativos es necesaria para que tengamos más y mejores docentes. Segundo, muchas experiencias indican que grandes aumentos salariales no mejoran los resultados en ausencia de otras acciones planificadas que los acompañen. Hacen falta planes y mucho esfuerzo político en la educación, más que ninguna otra cosa en Uruguay, pero cuando estén los planes y la prioridad política que el tema merece, habrá que buscar que el salario relativo docente sea acorde.

Una versión anterior de esta nota apareció en Razones y personas en 2013.


  1. Boado y Fernández (2010) presentan evidencia respecto del perfil de competencias de los matriculados en carreras docentes respecto de otras opciones de estudios terciarios.  

  2. Informe sobre el estado de la educación en Uruguay 2014 elaborado por el Instituto Nacional de Evaluación Educativa.