Se sabe que es la segunda movilización de masas anual más grande, después de la Marcha del Silencio; que comenzó con 700 personas, que en 1993 se juntaron bajo el nombre de Marcha del Orgullo Homosexual; y que el año pasado reunió a unas 70.000 personas. Este año, con la consigna “Discriminar también es violencia. Que no te gane la indiferencia” al frente, el itinerario empezará en la plaza Independencia a las 19.00 y termina con una gran fiesta en la explanada de la Intendencia de Montevideo.

La previa, que empezará hoy a las 10.30 en la plaza, ya estaba instalada desde ayer. El panorama era, claro, colorido. En un stand, una chica trans le cortaba el pelo entintado a una señora. En otro, se anunciaba la edición uruguaya de La garganta poderosa, una revista argentina hecha por habitantes de las villas de la periferia bonaerense, que en este caso repetirá la experiencia en el barrio Malvín Norte de Montevideo. En un ómnibus que la empresa CUTCSA donó para que funcionara como policlínica móvil, personal del hospital Maciel hacía tests rápidos de VIH, una iniciativa en conjunto con la Red Uruguaya de Jóvenes Positivos. Por todas partes había puestos de comida vegana u orgánica, juguetes artesanales, colgantes, caravanas y todo tipo de artesanías. Toda una franja, rodeando el monumento de José Artigas, estaba tomada por stands de la iniciativa Productos con Valor Social, del Ministerio de Desarrollo Social, una “marca” que apoya a emprendimientos de cooperativas, mayormente integradas por mujeres jefas de hogar en condiciones de vulnerabilidad, que elaboran licores, jabones y perfumes. Del otro lado, el verde de la bandera: Patricia, una madre de familia, vende sus ungüentos para calmar dolores hechos a base de cannabis, tomillo y manzanilla, todo cosechado en su propio jardín. En otro puesto, de la Asociación Trans del Uruguay, está Gloria Álvarez, de 74 años, presidenta de la organización e histórica militante, que agradece los derechos conquistados en los últimos años pero reconoce que todavía queda mucho por hacer, como eliminar los obstáculos burocráticos para cambiar la identidad de género o los problemas laborales y de vivienda que complican la vida de las trans por fuera de la prostitución.

Lo colorido y lo político

Los organizadores de la marcha llevan remeras con los colores del arcoíris, y a Diego Puntigliano le tocó el amarillo. Es militante de la organización Ovejas Negras, pero en estos días oficia de vocero de la Coordinadora de la marcha, y nos contó su visión sobre los distintos movimientos y reclamos que se unen en la multitud que hoy caminará sobre la avenida 18 de Julio hasta la explanada de la Intendencia.

¿Qué hay de nuevo este año?

-Este año hicimos una estrategia de difusión que apuntaba a que la marcha no es sólo en la capital y en la parte sur de la capital. Por ejemplo, fuimos a varias ferias vecinales de municipios no céntricos para difundir de qué hablamos cuando hablamos de diversidad, por qué no es la marcha por el orgullo LGBT. Muchas veces las personas no saben que tienen derechos. Eso por un lado, en cuanto a Montevideo. La otra cuestión fue darle apoyo a todas las marchas del interior; hay alrededor de 15 marchas en el interior del país y todas suceden en la misma época del año, en setiembre, y algunas incluso son en simultáneo con la marcha de Montevideo. Hace tres días se celebró en Tacuarembó, la semana pasada fue en Santa Lucía, estuvo la marcha de Las Piedras, la de Rivera, la de Salto el viernes.

Interseccionalidad

¿Por qué se habla de la diversidad y no ya de orgullo gay o LGBT?

-Se habla de la Marcha de la Diversidad a partir de 2004, que es cuando se forma la Coordinadora de la Marcha por la Diversidad, básicamente por una discusión interna que se da en el movimiento de la diversidad sexual sobre qué es lo que hay que priorizar. Estaba, por un lado, la discusión sobre las identidades LGBT y todas sus implicancias, y, por otro, la discusión de que además de ser gay, de ser lesbiana, de ser trans o bisexual también se es otras cosas: pobre, afro, mujer. A partir de eso, la interseccionalidad genera un efecto multiplicador en cuanto a la profundización del estigma y la discriminación en la cotidianidad. Ante eso, se plantea la Marcha de la Diversidad, pero en ningún momento se plantea que las anteriores a 2004 no sean importantes; al contrario, forman parte de la visibilidad de un movimiento. No es requisito excluyente integrar una organización de la diversidad sexual para estar en la Coordinadora de la marcha. A partir de los temas que trabajan las distintas organizaciones, se genera una transversalización de discursos y un aprendizaje entre las organizaciones. Hay organizaciones feministas, afrodescendientes, que trabajan con VIH, que trabajan la diversidad en un sentido no sólo sexual en el campo académico; está el movimiento estudiantil, que históricamente es uno de los aliados de la marcha, y también está el movimiento sindical. En los años 2012-2013, con lo que se llama la nueva agenda de derechos -interrupción voluntaria del embarazo, regulación del cannabis y matrimonio igualitario-, se extiende una articulación de los movimientos sociales. El movimiento de la diversidad sexual apoya al movimiento feminista en cuanto a la interrupción voluntaria del embarazo, por más que los hombres gays no vayan a abortar porque sus condiciones biológicas no se lo permiten. Los derechos no necesariamente tienen que ser individuales, sino que son de carácter colectivo. Muchas veces viene desde los impulsos conservadores decir: “¿Qué más quieren, si ya pueden abortar, fumar porro y casarse?”, pero en realidad eso es sólo el comienzo. A partir de eso surge la consigna de este año, problematizando la cotidianidad de los episodios de discriminación y cómo recaen en situaciones de violencia en los que la sociedad, en su conjunto, es cómplice, al cerrar los ojos. Alcanza con ver el uso del lenguaje, la significación de determinadas palabras y cómo se generan insultos a partir de términos que no deberían ser ofensivos o usarse en un sentido peyorativo. Están también las prácticas culturales que trascienden el lenguaje. Ni que hablar de la heteronormatividad institucionalizada en materia de formulación de políticas públicas, además de otros estigmas que oprimen, como el racismo y el machismo.

Todos los días Si tuvieras que tomar la marcha anterior como un mojón y esta como otro, ¿en qué cosas se avanzó y cuáles son “debes” en temas de diversidad?

-Uno no puede decir que los cambios suceden de un año para el otro, en particular en el lapso de un año, pero sí podemos hablar de la visibilidad de la importancia de la lucha, de que cada vez somos más personas marchando por la avenida 18 de Julio el último viernes de setiembre y que eso también demuestra la importancia de la diversidad. Vale la pena aclarar que si bien es una marcha colorida y entretenida, no deja de ser política, no en un sentido partidario, sino en la reivindicación de la lucha que está planteando, de poder vivir libremente la identidad de uno y decidir libremente sobre su cuerpo. La Marcha por la Diversidad es un espacio “cómodo” porque a muchas personas a las que, por ahí, en el espacio público se les prohíbe que hagan determinadas prácticas, encuentran un espacio de contención en el que pueden expresarse libremente. La idea es que no sea una vez por año, sino todos los días.