“Soy fotógrafo de nacimiento. Porque mi padre era fotógrafo y tenía un estudio de fotografía, en donde me crié. No fue una opción, fue algo casi innato”, dice a la diaria Roger Kasparian en un hotel céntrico de Montevideo. De origen armenio, nació en las afueras de París en 1938. En 1962 empezó a trabajar como fotógrafo independiente. Aunque ahora está cambiando, siempre prefirió poner el lente sobre personas y no sobre paisajes, por eso sus primeros trabajos fueron para revistas de música y sellos discográficos. Gracias a eso fue testigo de una de las principales revoluciones culturales del siglo XX. “Se daba una simbiosis interesante, porque eran grupos que recién empezaban, no estaban acostumbrados a ser fotografiados, y lo necesitaban. Y yo también estaba empezando”, cuenta Kasparian, en francés, y traduce Hernán Mazzeo, su colaborador y curador de la exposición de fotos El ojo de los 60, que se inaugura hoy a las 19.00 en la Fotogalería Parque Rodó, a cargo del Centro de Fotografía de Montevideo.

Uno de esos grupos que recién empezaba pisó suelo francés por primera vez en 1964 y en el aeropuerto lo esperaba Kasparian. Unos tales John Lennon, Paul McCartney, George Harrison y Ringo Starr atravesaron corriendo la sala del aeropuerto porque ya estaban acostumbrados a que los fans los acosaran. Pero el fotógrafo recuerda que en París no fue el caso, y no los siguió absolutamente nadie. Entonces, dada la indiferencia de los presentes, los Beatles pararon, hablaron entre ellos, volvieron para atrás y otra vez empezaron a correr. Esa segunda vez sí, los siguieron. “Había una cosa de juego. Era gente muy joven que no se tomaba demasiado en serio las cosas. E incluso estaban sorprendidos por el tratamiento que recibían”, cuenta. El fotógrafo también se topó con los Rolling Stones cuando la banda de Mick Jagger y Keith Richards visitó Francia por primera vez. Confirma que tenían más pinta de “chicos malos” que los genios de Liverpool, pero, de todos modos, en esa época todavía eran “muy accesibles”. Mientras Kasparian habla, hojea un libro con su obra, titulado Archives inédites d’un photographe des Sixties, y se detiene en una foto de los Stones en el aeropuerto de París. Señala que eran bastante desconocidos, porque se los ve sentados cómodamente y nadie les da corte. Kasparian sigue mirando la foto y reflexiona: “La fotografía tiene la capacidad de frenar el tiempo. Ellos van a estar todos iguales para siempre en esta foto, que a su vez tiene varias líneas de lectura. Cuanto más la miramos, más detalles descubrimos; es un lenguaje universal que no necesita traducción”.

The Beatles. Lyon,
Francia. Año 1965.
Técnica: analógica,
película Kodak Plus X,
24x36mm, B/N.
The Beatles. Lyon, Francia. Año 1965. Técnica: analógica, película Kodak Plus X, 24x36mm, B/N.

En aquella efervescente década de 1960, Kasparian no se imaginaba que más de 50 años después se seguiría hablando de aquellos jóvenes, aunque dice que se evidenciaba “un cambio de página” en la cultura, que había algo nuevo que nacía y reivindicaba a la juventud, que hasta ese momento “había sido un poco marginada”, por ejemplo, en cosas básicas como la música que pasaban en la radio. “Yo también tenía esa edad, y me reconocía en esa música”, dice, y cuenta que la escuchaba en la radio, pero no en los conciertos, ya que solía concentrarse en su trabajo. “No era lo bastante loco como para ser un fan. O se es fotógrafo o se es fan; es difícil ser las dos cosas al mismo tiempo”, agrega. Kasparian trataba de no tener una relación demasiado cercana con los artistas que fotografiaba, porque eso “dificulta el trabajo del fotógrafo”. Por lo tanto, se mezclaba con la escenografía para que los artistas estuvieran cómodos frente a su lente.

Además de los Beatles y de los Stones, también fotografió a The Who, The Beach Boys, Chuck Berry, The Kinks, Ray Charles, Serge Gainsbourg, Françoise Hardy, entre muchos otros que integran una lista envidiable. Aun así, Kasparian confiesa que le faltaron dos íconos de la música de los 60 a los que le hubiera encantado fotografiar: Bob Dylan y Jimi Hendrix. “Se me escaparon”, acota, mientras sigue hojeando su libro y repasando anécdotas. De repente, se detiene en una foto de la cantante inglesa Marianne Faithfull, que mira a la cámara con su rostro angelical. “Una linda rubia”, dice Kasparian, y confiesa que cuando le sacó la foto no sabía quién era ni que le andaba revoloteando Mick Jagger, quien luego sería su pareja oficial. Las fotos se tomaron en la Avenue Montaigne de París, en 1965, cuando la cantante tenía 18 años. Ella no hablaba francés y Kasparian no hablaba inglés, así que, según recuerda, fue una sesión de fotos “extraña”. El archivo del fotógrafo es muy amplio, hay sesiones de tres o cuatro fotos y otras de más de 30 o 40, porque se tomaba el trabajo como una forma de “entrenamiento”.

Pese a este extenso currículum, que haría famoso y rico a cualquier fotógrafo, en los 70 Kasparian dejó el oficio para alimentar mejor a su familia, porque con las fotos “no se ganaba muy bien”. Hace énfasis en que en aquel momento sus obras tenían el valor de lo que eran: “Fotos de actualidad”. Su archivo estuvo “perdido” para el gran público. Fue gracias a que lo contactó un coleccionista de vinilos que su legado fotográfico empezó a tener su merecido reconocimiento. En 2014 se lanzó el documental L’oeil des 60’s (Jean-Marc Gosse y Philippe Manoeuvre), basado en su obra.

Sylvie Vartan,
Campus L’Oréal,
Clichy, Francia.
Año 1964. Técnica:
analógica, película
Kodak Ektachrome,
60x60mm.
Sylvie Vartan, Campus L’Oréal, Clichy, Francia. Año 1964. Técnica: analógica, película Kodak Ektachrome, 60x60mm.

Con 80 años, Kasparian no perdió el oficio. Sigue sacando fotos y fotos. Vive con la cámara colgada y le saca fotos incluso a su entrevistador de turno. Todavía no tuvo mucho tiempo de recorrer Montevideo, pero dice que le sorprendió la arquitectura de la ciudad, cómo cada fachada “es única”, y la conjunción de casas habitadas y abandonadas que podrían ser monumentos históricos. En cada ciudad que visita saca fotos de la gente, para conocer más. En la actualidad, en un mundo de Instagram, Facebook y cámaras de fotos en todos lados, Kasparian reflexiona que, después de todo, esa superabundancia no es negativa, ya que, como “todo lo clásico está hecho”, la gente puede intentar hacer “algo novedoso”.

“La vida es un eterno recomenzar”, dice cuando se le pregunta si en el futuro habrá artistas de la misma talla de los que fotografió hace más de medio siglo. “Cambió todo de golpe. Seguramente pase eso nuevamente. El tema es que si hace falta esperar 50 años para que eso pase, no voy a estar para verlo”, agrega. Con aquellos músicos anglosajones de rock nunca más tuvo contacto, pero sí con los franceses, sobre todo con Charles Aznavour, como faro de la comunidad armenia: lo fotografió en su primera actuación en el legendario teatro Olympia de París, y también en la última. Kasparian vuelve a aquellos años 60 y recuerda que había una especie de auge de la fotografía, aun con dificultades técnicas, y quienes se dedicaban a la actividad eran un grupo selecto de gente”. Cuando veían llegar a un fotógrafo, lo dejaban entrar a todos lados; hoy es al revés”, dice. Kasparian desliza las páginas de su libro por última vez. Vuelve sobre el angelical rostro de Faithfull. “La cara de una mujer siempre es un lindo paisaje”, sentencia.

The Rolling Stones,
aeropuerto Le Bourget,
París, Francia. Año 1964.
Técnica: analógica,
Película Kodak
Ektachrome, 60x60mm.
The Rolling Stones, aeropuerto Le Bourget, París, Francia. Año 1964. Técnica: analógica, Película Kodak Ektachrome, 60x60mm.

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