"Jamás fui muy fanático ni de Cartier Bresson, ni de Salgado. Robert Frank siempre me hizo ver que la fotografía es más que el momento preciso, es una sensibilidad hacia el mundo que te rodea”, le decía Jorge Vidart a su colega Pablo Bielli en una entrevista para la revista Materia Sensible. “No era en absoluto un tecnicista, le importaba otra cosa. Y era analógico puro”, acota ahora Bielli, pocas horas después de que se conociera la noticia de la muerte de Vidart.

Nacido en Sauce en 1950, tuvo un contacto temprano con la fotografía gracias a su padre, un aficionado que tenía un laboratorio de revelado, que usaba para hacer placas radiológicas (era dentista). En la década del 60, Jorge Vidart conjugó la fotografía como trabajo –era “socialero”: registraba casamientos, fiestas, eventos–, la fotografía como expresión –fue parte del FotoClub– y la militancia política en el Partido Comunista. En esos años comenzó a hacer sus primeros retratos de gente del interior, que integran la primera parte del libro Patria, que publicó el año pasado.

Pareja. Noreste de Canelones. Año 1986 (aprox.). Fotografía de Jorge Vidart.
Pareja. Noreste de Canelones. Año 1986 (aprox.). Fotografía de Jorge Vidart.

Después vino la prisión: desde 1976 a 1981 fue uno de los tantos presos políticos en el penal de Libertad. Al salir, se integró al equipo del diario La Hora, y en los viajes al interior volvió a su pasión por el registro de personajes y ambientes. No quiso adaptarse al color: esos testimonios siguieron la tradición del blanco y negro. Por esos años viajó a Nicaragua para acompañar el triunfo de la revolución sandinista; uno de los resultados fue el libro Nicaragua, Nicaragüita, con textos de Eduardo Galeano.

En los 90 emigró a Paraguay, donde trabajó en diversos medios; allí produjo otro núcleo de su obra, que este año pudo verse en la muestra TRI-X: introspectivo, que montó, con curaduría de Bielli, en el Centro de Fotografía. En 2009, poco antes de retornar permanentemente a Uruguay, publicó junto con su colega Jorge Sáenz el libro 400, sobre el trágico incendio del supermercado asunceño Ycuá Bolaños.

En los 90 también había comenzado a intervenir sus fotos con poesía; algunos resultados se pueden ver en archive.org/details/ElTraficanteDeEstrellas, un trabajo que hizo con Juan Ángel Italiano. Dice Bielli: “El dibujo de la luz y la poesía, eso era lo que le interesaba en los últimos años”.