Como para despistar, hace pocos días Anders Olsson, presidente del comité que decide sobre el Nobel, había dicho: “Teníamos una perspectiva muy eurocéntrica de la literatura, pero ahora estamos buscando en todo el mundo”. O tal vez haya pasado que los académicos suecos no encontraron mucho en su recorrida global. Lo cierto es que los recientes premios Nobel de Literatura fueron para autores de Europa: la polaca Olga Tokarczuk, poco traducida a nuestro idioma, y el veterano austríaco Peter Handke, que publica hace más de medio siglo.

Quizá la maniobra distractiva de Olsson buscaba compensar las sospechas de filtraciones que pesaban sobre la ex académica Katarina Frostenson. Esto, y el hecho de que su esposo, Jean-Claude Arnault, fuera condenado por un caso de violación que tuvo lugar en un centro cultural auspiciado por la Academia Sueca, llevó a que el año pasado no se entregara el premio de Literatura, y a que ahora el jurado se pusiera al día con un anuncio doble.

En rigor, entonces, el premio 2018 corresponde a Tokarczuk, por “una imaginación narrativa que, con pasión enciclopédica, representa el cruce de fronteras como forma de vida”. Aunque no le llegó el Nobel en su debido momento, la polaca recibió un premio importante el año pasado: ganó el Man Booker Prize por su novela de 2009 Flights, que pronto será editada en español por Anagrama como Los errantes, un título más cercano al original, a juzgar por los avances de su contenido (y no por mis intuiciones sobre el idioma polaco), que mencionan una secta ficticia de personas que viajan constantemente para purificar su alma. Ya editadas en España están Sobre los huesos de los muertos (Siruela), aparecida originalmente en 2009, que tiene por protagonista a una anciana poeta y traductora de Blake que lleva al extremo su oposición a la caza de animales, y Un lugar llamado antaño (publicada en 1996 en Polonia), que, como la anterior, se ubica en el campo polaco, y que configura una pequeña saga familiar.

Siempre solo

Tokarczuk todavía no es una celebridad en el mundo hispano, pero a Handke, el Nobel 2019, se lo viene traduciendo desde hace cuatro décadas, cuando comenzó a trascender la literatura en lengua alemana. Uruguay no fue ajeno a esa expansión: ya en 1973 se estrenaba en el Solís su obra experimental El pupilo quiere ser tutor, y son recordadas las puestas de Kaspar que dirigió Nelly Goitiño en 1986, y la de Una pieza hablada, dirigida por Jorge Curi en 2002. Muchos de sus libros –no todos, porque bordea el centenar– se consiguen en comercios locales, y su novela corta El miedo del portero ante el penalty solía encontrarse con facilidad en mesas de oferta.

Además, la pluma de Handke es conocida, aunque no siempre sea evidente su autoría, gracias a sus colaboraciones con Wim Wenders. La más notoria es la película Las alas del deseo (1988), pero el dúo creativo comenzó a funcionar en 1969, cuando realizaron el corto Drei amerikanische LPs (Tres discos norteamericanos) e incluyó otros tres guiones de Handke, incluida una versión de El miedo del portero...

Además de cine y narrativa, Handke ha escrito ensayo y poesía. Se considera que su obra tiene tres grandes etapas: la experimental, que comienza con la novela Los abejorros (1966) y se extiende hasta mediados de la década de 1970; la intermedia, con centro en los años 80; y un ciclo final en el que se trenzan lo político y lo mítico. A su atención a lo formal y al lenguaje mismo como tema, evidente desde esa etapa inicial, se refiere el fallo del Nobel, que menciona su “ingenio lingüístico” y su “exploración de la periferia y la especificidad de la experiencia humana”.

Peter Handke (archivo, noviembre de 2012).
Peter Handke (archivo, noviembre de 2012).

Un poco de nobelogía

Las instituciones opacas, como la Iglesia, las Fuerzas Armadas y, por qué no, la Academia Sueca, generan oleadas de especulación, y así como en la era de la Unión Soviética floreció la “kremlinología”, en esta época del año irrumpe la “nobelología” (o nobelogía), especialmente en torno a los premios de Literatura y de la Paz, que se prestan a la emisión de mensajes políticos.

En este sentido, no causó sorpresas la elección de Tokarczuk, dado que se había anunciado la intención de dar más presencia a las autoras. Así, la polaca se transforma en la 15ª mujer en ganar el premio literario, en una lista de ganadores que supera la centena. Aunque en ese plan paritario la favorita era Margaret Atwood, el Nobel mantiene el factor sorpresa y seguramente a la escritora canadiense le haya jugado en contra su actual popularidad. Tokarczuk, en cambio, estaba todavía trascendiendo fronteras, y quizá por eso sus mayores críticos son connacionales. Enfrentada al conservadurismo católico, militante del Partido Verde –que hoy encarna a la izquierda proeuropea–, la escritora y psicóloga ha debido solicitar protección policial ante las amenazas de grupos de ultraderecha.

Sin dudas, la elección de Handke es más polémica. Con ánimo benigno, podría pensarse que al distinguir a un autor que defendió la idea de Yugoslavia como modelo de una Europa capaz de superar divisiones religiosas y étnicas, la Academia Sueca daba una señal a los movimientos separatistas, en tiempos de brexit, Liga Norte y catalanismo. Handke fue a contracorriente cuando, durante la guerra de los Balcanes, justificó la posición de Serbia, o sea, la de la nación a la que casi todo Occidente percibía como agresora. El austríaco, cuya madre era eslovena, construyó, a través de intervenciones en la prensa y dramas escénicos, un relato que cuestionaba la intervención militar de la Organización del Tratado del Atlántico Norte en el conflicto, y llegó a pronunciar un discurso en el entierro de Slobodan Milosevic, considerado un genocida por organizaciones de derechos humanos.

Como ocurrió cuando Handke recibió otros premios de menor envergadura, las protestas por su entrada a la lista del Nobel se hicieron fuertes entre autoridades e intelectuales de los territorios que combatieron con Serbia. Hasta ahora, el más notorio de los indignados es el esloveno Slavoj Žižek, quien afirmó: “Esto es Suecia hoy: un apólogo de los crímenes de guerra consigue un Nobel mientras que el país es cómplice de la muerte civil de un héroe de nuestro tiempo, Julian Assange. No al Nobel de Literatura para Handke, sí al premio de la Paz para Assange”.

El propio Handke, como bien recuerda Žižek, ya se había pronunciado en 2014 contra el poder canonizador del Nobel. Ahora, al recibir la noticia de que lo habían galardonado, se mostró sorprendido: “Nunca hubiera pensado que me elegirían. La Academia fue muy valiente. Son buena gente”.