El mismo día que el nuevo gabinete ministerial fue presentado frente a decenas de cámaras –y dio cuenta de la escasa presencia de mujeres (de 41 cargos sólo siete serán para mujeres)–, las politólogas Verónica Pérez y Niki Johnson presentaron la investigación “Mujeres y representación política en las elecciones de 2019 en Uruguay y Argentina”, que muestra lo rezagado que está el país en la materia: Uruguay ocupa el puesto 112 en el mundo respecto de la representación parlamentaria femenina.

En 2009 se promulgó la ley de cuotas, que suponía una participación equitativa en las candidaturas nacionales, departamentales y municipales. En 2014 la ley finalmente fue aplicada. En entrevista con la diaria, Pérez cuenta que fue una de las leyes de la agenda de género que ha generado más disputas porque “quienes tenían que votarla son los mismos que tendrían que perder los cargos. Para que entren mujeres tienen que salir hombres”.

¿Qué cambió desde la promulgación e implementación de la ley de cuotas?

El principal efecto que tuvo y que sigue teniendo, pese al amesetamiento en esta legislatura, es el incremento de la presencia de mujeres en el Senado. La experiencia comparada muestra que las leyes de cuotas son más efectivas cuando se aplican en sistemas de representación proporcional y con listas cerradas y bloqueadas, como es el caso de Uruguay. Además, los partidos tuvieron que empezar a pensar necesariamente en mujeres. Pero si sacás la ley de cuotas es difícil que esa práctica se mantenga, sobre todo porque los partidos aplican la cuota de forma minimalista: colocan a las mujeres en el tercer lugar de la lista, el último lugar permitido por la ley, y sólo a una mujer por terna. Por otro lado, también ha servido a las mujeres de los partidos para presionar internamente y tener mejores posiciones. El indicador más visible de esto es la aprobación de la paridad en el Frente Amplio.

¿Cómo ha sido la representación parlamentaria femenina antes de la ley pero luego del retorno de la democracia en 1985?

La presencia de mujeres en el Senado siempre fue muy baja, nunca hubo más de cuatro mujeres electas a la vez antes de la cuota. Cuando la ley se aplicó hubo ocho mujeres electas y ahora llega a nueve, por el efecto de la vicepresidenta. A las mujeres les es más difícil llegar al Senado que a Diputados, porque aunque tenga casi las mismas funciones legislativas, es una cámara que tiene más “prestigio” en la carrera de los políticos. ¿Y quiénes están en el Senado? Los líderes de fracción o intendentes que no pueden ser reelectos porque ya cumplieron sus dos períodos en el departamento, entonces van a esperar al Senado para postularse en la próxima elección o permanecer ahí. La cuota descomprime eso.

¿Y la representación de las mujeres en las intendencias? ¿Qué se espera para estas elecciones departamentales?

Lo hemos estudiado poco porque hay menos para estudiar ahí: la representación de las mujeres tiende a ser de escasa a cero. En la historia hubo tres intendentas, y una que se repite, que es Adriana Peña. Eso no quiere decir que las mujeres sean menos votadas que los hombres. El voto en Uruguay no es a las personas. Como tenemos partidos muy fuertes, el voto es más a los partidos. Con las mujeres sucede muchas veces que no están en candidaturas competitivas, o las candidaturas son de partidos que no tienen fuerza en el departamento.

En una investigación que hicieron con Mariana Pomiés (Cifra) y Rafael Porzecanski (Opción Consultores) recogieron que el electorado uruguayo no cree que los hombres sean mejores líderes. A su vez, 66% cree que debería haber más legisladoras, 55% más ministras y 73% fórmulas paritarias. ¿Por qué en los hechos resultan electos más hombres?

Lo que sucede es que la oferta electoral no la conforma el electorado sino los partidos políticos. Quienes votan tienen preferencias amigables por el liderazgo político femenino, pero no es que hay un clamor popular. Hay muchas mujeres en economía, por ejemplo, pero no necesariamente hay una fluidez con respecto a lo político; hay filtros en el medio que están dados por cómo los partidos políticos y quienes aportan dinero piensan que deberían integrarse las candidaturas.

Azucena Arbeleche es, justamente, la ministra de Economía y Finanzas del gobierno entrante. Muchas veces se suele asignar a las mujeres a los ministerios de línea social. En este caso, Arbeleche sería una excepción. ¿Cómo han sido a lo largo del tiempo las posiciones de las mujeres a nivel ministerial?

Los gabinetes en Uruguay siempre tuvieron muy pocas mujeres, y en su mayoría relacionadas a lo social. Arbeleche ocupa una de las carteras más importantes, de las que se suele decir que son “masculinas”, pero antes también hubo otros casos, como el de Azucena Berruti, que fue ministra de Defensa Nacional en el primer gobierno de Tabaré Vázquez, y Daisy Tourné, cuando sustituyó a [José] Díaz en el Ministerio del Interior. Sobre la poca representatividad, las únicas mujeres que hubo desde la vuelta de la democracia a los 2000 fueron Adela Reta, ministra de Educación en la primera presidencia de [Julio María] Sanguinetti, y Ana Lía Piñeyrúa, ministra de Trabajo y Seguridad Social en el segundo período de Sanguinetti. Ni en el gobierno de [Jorge] Batlle ni en el de [Luis Alberto] Lacalle hubo ministras, a no ser ocupando el cargo algunos meses durante la transición entre un ministro y otro. Los gabinetes de Vázquez fueron los que más mujeres tuvieron: en el primer gobierno tuvo tres mujeres y en el segundo cinco. El gabinete de [José] Mujica tuvo dos mujeres, lo que lo iguala al gabinete de Lacalle Pou.

Verónica Pérez.
Verónica Pérez.

Según tu investigación con Johnson, la bancada de Cabildo Abierto (CA) tiene una representatividad femenina de 28,6% y es la segunda con más mujeres, luego del Frente Amplio (FA) con 32,7%. Estos partidos son quizás los que tienen posiciones más antagónicas. ¿Cuál sería la explicación?

No sé, todavía no sabemos. Sobre el FA quisiera hacer unas puntualizaciones: es cierto que las mujeres son la tercera parte de la bancada del FA, y es el único partido de los tres grandes que existían (sacando a CA, que es la primera vez que se presentan) que aumenta el peso de las mujeres en su bancada, reduciendo su caudal electoral. Esto sólo es posible porque aplica la paridad, si no, estaría peor que ahora en cuanto a cantidad de mujeres. El otro punto es que el FA podría haber tenido más mujeres si no hubiese habido tanta dispersión en sus listas. Esa es otra lección: si los partidos están preocupados por incluir a mujeres, tienen que colocar a mujeres como cabezas de lista, o intentar coordinar un poco mejor en sus listas para no abrir tantas. De casi 1000 listas del país, alrededor de 40% eran del FA.

Avanza la presencia de mujeres del FA en las listas y en el Parlamento, pero tanto en la campaña como en los recientes comentarios de Mujica se ve cómo sigue latente un pensamiento machista. ¿Qué efecto tiene la paridad en este sentido?

No son cambios que ocurren de la noche a la mañana; hay cuota, hay paridad, pero no quiere decir que los políticos que tienen mentalidad conservadora la cambien. Lo que hacen las leyes es obligar a un comportamiento diferente, y en todo caso aseguran un mínimo de presencia. Hay una generación de políticos más jóvenes que estas cosas las ven mal, particularmente en el sector de Mujica. Pero él es un líder que nunca fue feminista ni mucho menos, sino que fue convencido por alguna gente con respecto a la conveniencia de algunas leyes; la ley de aborto legal no la promovió él, sino que lo convencieron. Sobre el matrimonio igualitario no tengo muy claro cómo fue el proceso, pero seguro no fue él el promotor, sino que hubo una alianza entre algunas organizaciones sociales y algunos legisladores que se pusieron la ley al hombro.

El Partido Colorado (PC), que tenía el más alto porcentaje de representación femenina en 2015, con 29,4%, cayó a 11,8% en la última elección, incluso con un candidato electo que se proclama liberal y progresista. ¿Dónde quedan estos conceptos cuando entran en juego el feminismo y las mujeres?

Vos podés ser liberal y progresista y no promover la agenda de género. Lo que le pasa al PC con las mujeres no está tan asociado a la posición más progresista o liberal de Talvi y a la menos liberal del líder anterior, Pedro Bordaberry, sino que es por la división de fuerzas dentro del partido. En la legislatura anterior el PC logró tener más mujeres en su bancada porque la fracción de Bordaberry era una fracción dominante: se llevaba casi la mayoría del electorado. Así, las mujeres podían ser electas aun aplicando la cuota de forma minimalista. Lo que ocurre ahora es un poco más de equilibrio entre la fracción de Talvi y la de Sanguinetti, entonces no se tiene los votos necesarios para que entren más mujeres. Talvi anunció su fórmula después de los partidos principales y decidió no seguir la tendencia de elegir a una mujer. No sé las razones por las que no lo hizo. Es un cambio, si consideramos que en las otras candidaturas que pasaron a la segunda vuelta hubo mujeres en la fórmula. Sin embargo, esto no cambia el panorama general de las mujeres en las listas. Sí cambió un poco en el FA porque aplicó la paridad, pero en el Partido Nacional [PN] las listas siguieron ordenadas de forma minimalista. En el PN, el porcentaje de mujeres en su bancada desde el retorno de la democracia hasta ahora no superó nunca el 10%. Tiene indicadores del siglo XX, no del XXI.

Al respecto de la escasa representación actual en lo ministerial y en el gobierno en general, Beatriz Argimón dijo que la evaluación la hará en mayo, cuando finalicen las designaciones ¿Puede haber cambios significativos?

Algunas cosas sí van a cambiar, porque algunas mujeres que salieron electas legisladoras se van al Ejecutivo y, como otros hombres también se van al Ejecutivo, entran mujeres como suplentes. Habría que ver qué ocurre con las elecciones departamentales y municipales. Más que fuga de mujeres legisladoras, lo que sí es posible que ocurra es que algunos legisladores electos vayan a las intendencias, y habría que ver si eso no aumenta el porcentaje de mujeres electas, porque entran como suplentes. En la última legislatura sucedió así. De todas formas, esos cambios no son tan significativos como para hacer aumentar la presencia femenina radicalmente.

Por primera vez, entonces, un partido resolvió que sus listas fueran paritarias, tres partidos tuvieron una fórmula paritaria y hay una vicepresidenta electa. ¿Se lo puede considerar un avance?

Sí. El avance principal viene a partir de la implementación de la ley de cuotas; sin ley de cuotas el Parlamento no tendría los números que tiene ahora. Si tuvieras que decir qué hace que haya más mujeres en el Parlamento, es esta aprobación. Si los partidos no estuvieran obligados a tener mujeres en los primeros lugares, el resultado sería otro.

¿Y la influencia del movimiento feminista?

Obviamente también impacta, por el lobby, pero no tiene la misma capacidad de incidencia en todos los partidos. En realidad los vínculos mayores los tiene sólo con algunos sectores del FA. Por otro lado, sí impacta más en la sociedad.