El economista Fernando Isabella encabezó el domingo la lista del espacio Integración Socialista y ocupará un lugar destacado en la lista del Partido Socialista (PS) a la Cámara de Diputados. El director de Planificación de la Oficina de Planeamiento y Presupuesto considera que el Frente Amplio (FA) está obligado a recomponer el vínculo con las capas medias porque “allí se juega la elección”, plantea que los socialistas deberían “capitalizar políticamente” la candidatura de Daniel Martínez y reconoce que la izquierda ha fallado en la creación “de un relato que entusiasme y que proyecte nuevos rumbos”.

¿Cuál es tu evaluación de la elección del domingo?

Es muy positiva. Es la primera vez que se aplica el nuevo estatuto para las listas de diputados y ediles; este cambio permite representar la diversidad interna del PS de manera proporcional en nuestras listas. A diferencia del período pasado, cuando la bancada de diputados de Montevideo terminó siendo toda de la misma corriente, la que lidera el actual secretario general [Gonzalo Civila], esta vez la lista va a quedar intercalada. Para nosotros, como Integración Socialista, fue un gran avance, porque consolidamos el espacio. 40% de los militantes de Montevideo sintonizan con nuestra visión, y también fue importante que nos pusimos todos de acuerdo en una lista única, algo que nos permitió quedar en lugares relevantes de la lista de Diputados, de la de ediles y en el nuevo Comité Departamental. En Montevideo, la actual mayoría de la dirección del PS siempre tuvo mucho poder político. Para nosotros siempre fue un departamento complejo, pero logramos que nuestra visión calara hondo entre los militantes y se puede decir que tenemos un espacio importante.

Hacías énfasis en la lista única del espacio que se conoce como “renovador”, ¿fue un error haber ido con varias listas en el pasado?

Nuestro espacio se llama Integración Socialista, lo recalco porque me parece que los términos “renovadores” y “ortodoxos” ya no reflejan bien, ni para un lado ni para otro, la composición interna del PS.

Logramos articular todas las corrientes que tienen una visión crítica sobre la mayoría que está en la dirección. Cuando se vota para integrar los ámbitos colectivos de dirección se puede acumular, como si fueran sublemas, y eso sirve para elegir a un secretario general. También es cierto que tener muchos espacios o corrientes genera fricciones; en este caso, haber ido articulados en una propuesta única nos potenció, sobre todo en términos de mensaje y de articulación política. No sé si fue un error no haberlo hecho antes, pero tengo claro que en este momento era lo correcto y dio resultados.

“Nuestra apuesta es que el PS siga siendo, como ha sido históricamente, una herramienta de estabilidad y de rumbo político dentro del Frente Amplio”

En las últimas semanas, a raíz de algunas renuncias como las de Eduardo de León y Álvaro García, se había generado una sensación de debilitamiento del espacio que está representado por Integración Socialista. ¿Este resultado revierte la situación?

Creo que sí. Entendemos que es un mensaje fuerte en cuanto a que en el PS entramos todos, incluso un mensaje a quienes tenemos una visión distinta o matizada respecto de la actual conducción. Los compañeros que optaron por irse creo que cometen un error, y lo digo con mucho respeto. Nuestra apuesta es que el PS siga siendo, como ha sido históricamente, una herramienta de estabilidad y de rumbo político dentro del FA, y la opción de salir y generar nuevos grupos no colabora con eso. Hoy la pelea es por ganar un cuarto gobierno, y consideramos que el mejor lugar para hacerlo es dentro del PS, por lo que implican su historia, su estructura y el conjunto de compañeros que tenemos en todo el país. Siempre la mejor opción es dar las discusiones desde adentro.

El candidato que eligió el FA, Daniel Martínez, está afiliado al PS, ¿cómo se procesa eso internamente y cómo piensan capitalizarlo electoralmente?

El primer desafío es apoyar la campaña del FA, con Daniel a la cabeza, de la mejor manera posible. Creo que esta elección interna del partido aporta en ese sentido, porque demuestra que en el PS hay distintas visiones, pero también que cuenta con mecanismos institucionalizados para resolver esas diferencias. Quedó demostrado que el PS puede convivir con matices internos y que eso, en realidad, lo fortalece y potencia. Lo segundo es cómo hacemos para mostrarnos como el partido de Daniel, en un escenario en el que es el candidato de todo el FA, y él naturalmente tiene que marcar una distancia. Es un desafío, porque es indudable que los socialistas tenemos una cercanía espacial con el candidato; tenemos que rodearlo y capitalizarlo políticamente, como lo han hecho otros sectores cuando el candidato pertenecía a ellos. Admito que nos ha costado mucho hacerlo, y la mayoría de los frenteamplistas no hacen el vínculo Martínez-PS tan directamente, como antes tal vez sí lo hacían con Mujica y el Movimiento de Participación Popular. Nos falta trabajo en ese sentido.

¿Qué papel puede jugar la política de alianzas que establezca el PS, incluso para capitalizar mejor eso?

Es un tema que hay que analizar mejor, porque la política de alianzas se puede leer de distintas maneras. Podés hacer una alianza con un contenido político programático más claro…

Carolina Cosse-Óscar Andrade, por ejemplo.

Es un caso, sí. Pero hay otro margen de alianzas posibles, que son los llamados “sublemas técnicos”, cuya razón de ser es aprovechar mejor los restos para la adjudicación de bancas parlamentarias, sin que eso tenga una traducción política, entre otras cosas porque la mayoría de la gente ni siquiera conoce esos sublemas. Este fin de semana vamos a discutir estos temas en el Comité Central y analizaremos cuál es la mejor manera de aportar a la campaña, si proyectando algún acuerdo con contenido político fuerte o simplemente apostando a tener la mejor representación parlamentaria como PS. Hay una tensión entre esas dos cosas, que no siempre van de la mano, pero cualquier acuerdo político tiene un poco de ambas, puede ser más o menos de una o de otra.

“Una visión global del partido tiene que proyectar al partido en el centro del Frente Amplio”

¿Y dónde pondrías el énfasis?

Creo que hay que manejar esa tensión adecuadamente. Por un lado, hay una resolución del Congreso para que las departamentales del interior tengan la prioridad al momento de establecer sus políticas de alianzas, a fin de pelear lugares en Diputados. Eso conduce a razonamientos más bien pragmáticos. Por otro lado, algunos creemos que eso tenemos que equilibrarlo con una visión más global del partido, que no descuide el Senado y que proyecte al PS en el centro del FA, que es donde tenemos que estar. Lo que no es razonable es tener una visión dicotómica, de ir sólo por lo electoral o sólo por lo político, porque el apoyo al candidato del FA también dependerá del lugar que ocupe el PS. Administrar esta tensión implica análisis político y también contar votos, como cualquier sector hace. Dónde ponemos los límites es algo para discutir, todavía no lo tenemos claro.

En anteriores elecciones, el PS cerró acuerdos políticos con el Frente Líber Seregni; por otra parte, hoy en el FA está planteado un acuerdo entre el Partido Comunista y Cosse. ¿Dónde se paran los socialistas?

Si definimos darle un carácter más político programático a nuestras alianzas, creo que deberíamos tener una discusión política interna mucho más profunda. En ese caso, tendería a pensar que lo ideal no es ni un camino ni el otro. Pero si la definición es establecer alianzas desde una perspectiva más electoral, todo el campo de negociación dentro del FA está abierto.

¿Qué lugar imaginás que va a tener el debate económico en esta campaña?

Un lugar relevante, como siempre. No soy de los que piensan que es lo único que incide en las decisiones que toma la ciudadanía, pero siempre es un tema central. Está claro que lo fue durante todo el proceso de consolidación del FA en el gobierno.

Con un escenario mejor que el actual.

Es cierto. Y es indudable que el tema pesa, es una preocupación que surge permanentemente en las conversaciones con los militantes. La situación económica no es la misma de hace cinco años, sobre todo en materia de empleo. Eso se siente y va a estar en la discusión. Creo también que la fuerza política debería mejorar su relato sobre qué ha pasado estos años y cómo las mejoras también tienen que ver con un proyecto político, que no es ajeno a las oscilaciones económicas de la región. Hay que decir, por ejemplo, que se estableció un rumbo que permitió mejoras sustanciales en los buenos momentos, y que durante momentos no tan buenos, como el actual, permite que los impactos no tengan nada que ver con lo que sucede en otros países de la región.

“Con la reforma tributaria, la reforma de la salud, la negociación colectiva, las políticas sociales y la agenda de derechos corrimos el límite de lo posible. Sin embargo, hemos fallado en la creación de un relato que entusiasme y que proyecte nuevos rumbos”

Muchos compañeros piensan que a los problemas actuales se les responde con más izquierda, y que por no tomar ese rumbo es que la gente siente cierta lejanía con el proyecto del FA. Mi lectura es muy distinta, casi que la contraria: en estos 15 años, el gobierno fue mucho más a la izquierda que lo que la mayoría de la ciudadanía pensaba y aplicó reformas que estuvieron mucho más allá de lo que el sentido común de los uruguayos entendía como natural. Hablo de la reforma tributaria, la reforma de la salud, la negociación colectiva, las políticas sociales y la agenda de derechos. En todos estos temas se corrió el límite de lo posible; hoy nadie discute la negociación colectiva ni plantearía la eliminación de los Consejos de Salarios. Ni Manini Ríos lo plantea. Sin embargo, cuando se planteó hace 15 años, para una parte importante de la oposición parecía más o menos una idea traída de la Unión Soviética. Basta ir a ver las cosas que se decían. Que hoy nadie haga planteos de ese tipo significa que se logró un cambio en el sentido común. Lo mismo podría decir sobre la salud: hace 15 años el sentido común indicaba que los pobres se atendían en ASSE [la Administración de Servicios de Salud del Estado] y aquel que podía se pagaba una mutualista. Ni que hablar de la agenda de derechos. Creo que hemos fallado al momento de tener un relato acorde. Los frenteamplistas –y enmarco en esto al Poder Ejecutivo, los parlamentarios y la fuerza política– hemos colaborado poco en la consolidación de un relato que entusiasme y que proyecte el trazado de nuevos rumbos.

Mientras la situación económica está bien, quizá la mayoría de la gente menos politizada te acompaña igual con el voto, a pesar de tus problemas para construir un relato. Pero cuando la situación económica se empieza a complicar, y además no cambiaste la hegemonía, la opción electoral de esa gente ya no es tan cantada. Era bastante obvio que nos iba a tocar una etapa de desaceleración económica fuerte, porque la economía tiene ciclos inevitables en cualquier país y en cualquier sistema de producción. De hecho, la desaceleración tardó más de lo que se podría haber previsto en 2007 o en 2010, pero no nos preparamos y acumulamos poco para cambiar este sentido común.

Muchos interpretan que esas capas medias menos politizadas ya no conectan con el FA como antes y prefieren otras opciones electorales. ¿Por qué se afectó esa relación? ¿Considerás que pesó mucho el caso Raúl Sendic?

Puede ser, pero seguramente sean varios factores. En primer lugar, hay un desgaste natural; por eso un componente de la democracia es la alternancia en el poder. Siempre es tentador pensar qué podría hacer otro, hasta por el aburrimiento de ver siempre las mismas caras. Y desde la oposición siempre es mucho más sencillo hacer propuestas supuestamente fantásticas, mientras que desde el gobierno te manejás con la realidad. Hay una competencia entre un discurso de realidades y un discurso que simplemente hace propuestas de un mundo contrafactual, donde alcanza con que las propuestas suenen bien. En todo el mundo democrático, cualquier proceso político que está en el gobierno se debilita con el paso del tiempo. No hay muchos procesos políticos transformadores que hayan estado más de 15 o 20 años en el gobierno, por distintas circunstancias; el Partido Revolucionario Institucional de México estuvo casi un siglo, pero no es buen ejemplo en términos democráticos.

El desgaste es algo natural, pero también algo contra lo que hay que luchar. Por lo demás, sí, hubo situaciones como el caso Sendic; sin duda que el uso de las tarjetas corporativas tuvo un impacto muy grande, porque los frenteamplistas siempre reivindicamos que somos éticamente distintos. Eso afectó, y empezó a calar la idea de que todos los políticos son iguales.

¿El factor inseguridad pesó también?

Probablemente, sí. En ese terreno también se hicieron cosas importantes, pero cuando uno mira lo que siente la gente y pone sobre la mesa todas las estadísticas, está claro que la situación no es buena y que no mejoramos. Todos estos factores, combinados con un momento económico más difícil, han generado un cambio en el estado de ánimo, y quizá por eso muchos empiezan a manejar otras opciones.

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¿Pensás que otro síntoma del desgaste es la falta de reacción política para revertir estas situaciones?

Puede ser, el tema es qué entendemos exactamente por reacción. Sin duda, hemos tenido dificultades de reacción a todos los niveles: desde el Ejecutivo, el Legislativo y la estructura de la fuerza política. Y también es cierto que enfrentamos una situación que terminó siendo más difícil de la esperada. Por ejemplo, se pusieron en cuestión algunas alianzas político-sociales que nos habían sustentado durante muchos años. Este gobierno empezó con niveles de conflictividad sindical muy altos; según el Instituto de Ciencia Política, los primeros seis meses de 2015, o sea antes del decreto de esencialidad de la enseñanza, fue el semestre con mayor conflictividad de los últimos 20 años. Y eso sucedió después de una década de expansión de los derechos laborales. O sea que seguramente se pudo reaccionar mejor, pero también pasaron otras cosas, más de fondo, vinculadas con el proyecto de acumulación del FA, que también empezó a chirriar.

Volviendo al tema del desencanto de las capas medias con el FA, hay una lectura bastante consensuada de que esa situación la está capitalizando políticamente Ernesto Talvi. ¿Coincidís?

Sí, creo que hay algo de eso. Es probable que la pérdida de apoyos se distribuya y no haya una explicación única. Desde que llegó al gobierno, el FA aumentó su capacidad de llegada a sectores populares o socioeconómicamente más bajos, pero en paralelo fue perdiendo capacidad de conexión y sintonía con un conjunto amplio, al que se podría llamar de capas medias, que incluye a muchísimos trabajadores no sindicalizados, comerciantes, pequeños empresarios, profesionales. Hemos tenido dificultades para sintonizar ahí, y creo que esas dificultades son crecientes.

Asumo, sí, que muchos de esos sectores pueden mirar con simpatía la opción de Talvi. Ahí tenemos un desafío central, porque en gran medida es donde se juega la próxima elección. Retener el gobierno dependerá de la capacidad que tenga el FA de reconectar con esos sectores.

Y quiero hacer una aclaración, porque muchos compañeros interpretan que esto significa que el FA se tiene que correr hacia el centro, y eso no es así. En primer lugar, porque estos sectores medios son difíciles de catalogar en términos ideológicos. No necesariamente son de centro políticamente hablando, en general tienden a ser sectores de baja politización. Pueden adoptar posiciones más a la derecha sobre seguridad o quizá en temas impositivos o fiscales, pero en otros asuntos se pueden inclinar más hacia posiciones de izquierda, por ejemplo en materia de derechos, o en lo relacionado con la intervención pública en la economía. Hay que sacarse esa idea de que todos los votantes tienen un nivel de análisis político profundamente desarrollado, que les permite sostener posiciones coherentes en términos de izquierda y derecha. En segundo lugar, no es que el FA se tenga que correr hacia el centro, sino que debe tender puentes hacia esta gente, para traerla a un proyecto transformador que la entusiasme. Muchos de estos uruguayos ya apostaron en algún momento al proyecto de transformación del FA, y ahora, por distintos motivos, están apostando a otra cosa, incluso a proyectos de derecha como el de Talvi. En parte, es una consecuencia de que el FA haya dejado de sintonizar con ellos.

¿Y cuál sería el camino para revertir esa situación?

Una parte del problema es que el FA no ha desarrollado un discurso acorde. Muchas veces, por cómo se dan y cómo se saldan las discusiones dentro de nuestra fuerza política, competimos por adoptar el discurso más combativo y olvidamos las dificultades que tiene un conjunto muy amplio de la población para conectar con ese discurso. Y, lamentablemente, cuando la izquierda se olvida de llegar a esos sectores medios, renuncia a concretar las transformaciones sociales. Las posiciones puristas, con discursos combativos, pueden ser bárbaras para ganar una asamblea, pero si la izquierda quiere hacer transformaciones sociales tiene que tender puentes y dialogar con las mayorías sociales, que generalmente no son de izquierda. El tema es cómo establecemos esos puentes de diálogo, para traerlos a un proyecto que sí es de izquierda. Reitero: esto no significa correrse al centro.

¿Qué papel deberían jugar los nuevos liderazgos en eso?

Sin duda una de las características más potentes que tuvieron nuestros liderazgos fue su capacidad de sintonizar con esas mayorías. Mujica es un caso claro. Y aunque una parte significativa de su discurso no encaja en ciertos parámetros de la izquierda, nadie diría por eso que es una persona de derecha. Lo que logró Pepe fue sintonizar con sectores sociales a los que la izquierda no llegaba, y así los sumamos a un proyecto de transformación. Tabaré Vázquez también tuvo mucho éxito en este sentido. En mi partido, el Polo [Reynaldo] Gargano lograba, en otra escala, articular un discurso que le llegaba a sectores más amplios, no sólo a los militantes del cerno más duro o a los sindicalistas. Ojo, esto no implica renegar de los militantes, que son fundamentales para las transformaciones: la clave está en que los líderes le expliquen a estos militantes más comprometidos que también es importante llegar a los demás y que un discurso demasiado endogámico te aleja de las mayorías.

¿El discurso de Graciela Villar sobre la contradicción oligarquía- pueblo entraría en esa categoría?

Claramente, no es el discurso del candidato del FA. En mi opinión, ese discurso no es el mejor para llegar a esas mayorías sociales de las que veníamos hablando. Pero quizá sí sea un discurso más pensado como complementario al del candidato, y eso puede funcionar bien. Son dos personas con características bien distintas, que si se hacen los ajustes necesarios pueden articular un discurso coherente y de gran potencia.

En materia de política económica, un argumento que utiliza la oposición reiteradamente es que la pérdida de peso del astorismo afectó al FA en su globalidad. ¿Qué opinás de eso?

Figuras para un eventual nuevo equipo económico, en todo caso, hay de sobra. En términos políticos, me parece sí que una caída del Frente Líber Seregni es un problema para el FA, porque es un espacio que conectaba con un sector social importante, básicamente aquel del que hablaba antes. Pienso que el PS debería tener una apuesta para sintonizar con esa gente. Otra vez, eso no es correrse hacia el centro y hacer el discurso que ellos quieren escuchar, sino tender puentes de diálogo. Creo que Mario Bergara, que fue uno de los precandidatos, naturalmente también va a apostar a eso. En política los vacíos no existen, pero en general el FA le está dando poca atención a este sector del electorado, y empezar a hablarle es un tema de primera importancia.

Decías que figuras de recambio para un equipo económico hay de sobra, ¿a quiénes te referías?

Una parte del recambio ya se dio en este período, independientemente de que [Danilo] Astori haya sido el ministro de Economía. En torno a él se conformó un equipo muy potente, de gente joven y muy capacitada, que le da continuidad y solidez a la política económica. Pienso en Martín Vallcorba y Christian Daude, que son las caras más visibles, pero hay otros compañeros, algunos bastante más jóvenes, que combinan la solvencia técnica con la capacidad política. También hay que pensar en lo que puedan aportar el propio Bergara, Álvaro García, Santiago Soto o Jorge Polgar, y en el trabajo que hizo Juan Voelker en la Intendencia de Montevideo. En el FA también existen los matices: Daniel Olesker va a encabezar la lista del PS al Senado, y es un tipo que se merece todos mis respetos en términos técnicos. O sea que figuras hay de sobra, no creo que vaya a ser un problema.

“En lo laboral, el Frente tiene un proyecto radicalmente distinto al de la oposición. Creemos que para tener trabajo en este nuevo mundo necesitamos más derechos y mayor protección social para el trabajador y su familia”

Esta semana Martínez empezó a marcar sus énfasis y a designar voceros, por ejemplo Gustavo Leal en seguridad [un día después de esta entrevista, Búsqueda manejó el nombre de Mercedes Clara para políticas sociales]. ¿Por dónde deberían ir los énfasis en materia de empleo?

Lo primero es apostar a una renovación del FA en términos programáticos, y creo que Martínez representa muy bien esa necesidad. Hay muchas oportunidades que se abren a partir de las transformaciones tecnológicas y del lugar que ocupa Uruguay. Las oportunidades generadas por el desarrollo de las tecnologías de la información, la bioeconomía y las nuevas cadenas productivas tienen que estar acompañadas de transformaciones sociales. Vamos a un mundo en el que los ciclos de las innovaciones tecnológicas, desde su nacimiento hasta su obsolescencia, son cada vez más cortos. Esto implica que la desaparición de empresas y sectores empiece a ser algo cada vez más común; la única forma de transformar eso en una oportunidad como país es contar con una matriz de protección social mucho más densa y amplia, de modo que si un trabajador pierde su empleo en un área que tiende a desaparecer, mantenga su ingreso por un período lo suficientemente largo para recapacitarse, y que sus hijos no pierdan su cobertura de salud y educación. Esa matriz de protección social debe estar muy centrada en el pilar no contributivo. Hay quienes proponen suspender las transferencias mínimas que se dan en Uruguay cuando un botija deja de ir a la escuela. Estas cosas básicas de derechos, en el fondo reflejan cuáles son los modelos de país que están en disputa. Hoy todos los candidatos de la oposición, en algún punto, plantean la necesidad de reformas laborales, pero ¿de qué reforma laboral hablan? Plantean que hay que elegir entre derechos laborales o trabajo. Creo que el FA tiene un proyecto radicalmente distinto: en este nuevo mundo, para que haya trabajo necesitamos más derechos y mayor protección social para el trabajador y su familia. Acá tenemos un punto de quiebre fundamental, y hay que empezar a hacerlo explícito. ¿Cuáles son los resultados de las reformas laborales y las políticas de austeridad en Brasil y en Argentina? Porque cuando hablan de shocks de austeridad están proponiendo exactamente esa receta. Entonces, ¿cuál es la apuesta? ¿Avanzar hacia un país barato, con pocos derechos y mano de obra barata para competir con Paraguay? ¿Ese es el modelo de la oposición? Parecería que sí: entonces digamos con claridad que eso implicaría un gran retroceso, y que la opción del FA es diametralmente opuesta.

En varias ocasiones has sido crítico con los sindicatos de la educación. ¿Qué pasa con la responsabilidad del gobierno en esta materia?

En los últimos tiempos, la relación terminó siendo menos conflictiva que en el arranque del gobierno. Hay dos problemas de fondo: uno es político, porque la educación fue la apuesta presupuestal más grande para el FA; el aumento presupuestal en educación fue rupturista, lo midas como lo midas. Eso está muy bien, y es necesario seguir apostando fuerte a la educación. Ahora, ¿hemos trabajado para lograr una alianza a largo plazo con los sectores vinculados a la educación? La verdad es que no, más bien lo contrario, han existido deficiencias políticas y responsabilidades de ambos lados. Como FA hemos tenido grandes dificultades, no se construyó la confianza que se necesita para grandes transformaciones, y se avanzó menos de lo que querríamos. Algunos compañeros plantean que faltó poner más dinero, pero discrepo con ese punto de vista; otros dicen que es todo por culpa de los sindicatos, y tampoco lo comparto. Creo que la causa fundamental es que el FA no logró tener un proyecto más o menos consensuado de transformación del sistema educativo, como quizá sí lo tuvimos en la salud, que es un ámbito tan complejo como la educación. He tenido posiciones críticas con actitudes de los sindicatos de la educación, pero no quiero lavarme las manos: creo que la mayor responsabilidad es de la fuerza política.

¿Cómo se debería parar esa fuerza política ante las propuestas de Eduy21?

El FA tiene sus propios ámbitos de acumulación programática. Eduy21 es una propuesta que puede tener cosas interesantes, pero no creo que el FA deba decir que el camino es Eduy21. Allí hay cosas que aprender y gente muy capacitada, que puede aportar mucho al proyecto educativo del FA, pero eso no significa que el FA deba adoptarlo como su programa. Lo que sí tiene que hacer es una tarea más complicada, de construcción política, generación de confianza e incorporación de saberes, que involucre a toda la comunidad educativa en un mismo proyecto de transformación. Hay que tender puentes con todo el mundo y tomar en serio todos los aportes, asumiendo que este es un tema central que involucra a la gran mayoría de los uruguayos.

De todo tu diagnóstico se desprenden muchas tareas pendientes para el FA, y el tramo de campaña hasta la elección de octubre es muy corto. ¿Pensás que el FA tiene todavía margen de maniobra?

Hay muchas tareas y no se puede hacer en tres meses lo que no hizo en cinco años. Eso es un hecho. Pero me parece que el conjunto de transformaciones que vivió Uruguay en estos 15 años ha sido tan profundo que no debería ser una tarea tan complicada transmitir bien ese mensaje. Aunque todo el FA tienen un rol a jugar, desde sus dirigentes conocidos hasta sus militantes de base, entiendo que Daniel Martínez es la persona más indicada para liderar este proceso. Ahora tenemos que apuntalar rápido su campaña. Siempre el FA sale de las internas en una situación de bajada, por distintas razones, entre ellas que los partidos tradicionales usan las internas para ordenar sus listas y eso potencia mucho su desempeño. El FA no va a las internas con ese cometido, y entonces normalmente vota menos. En este tramo hay que trabajar mucho, para transmitir mejor lo que se ha hecho, admitir en qué nos hemos equivocado y escuchar más cuáles son las necesidades para el futuro. Es imposible construir esperanza en un próximo gobierno diciendo que hicimos todo bien, o pensando que el problema es de quien no logra valorar los avances. Tampoco el camino puede ser la autoflagelación, por una cuestión lógica: le vas a pedir a la ciudadanía que te acompañe por cuarta vez. Si no la convencés de que en las tres veces anteriores ayudaste a cambiar el país, no te van a votar, por más promesas espectaculares que hagas. En esa tensión, que no es fácil de manejar, deberíamos movernos en los próximos meses. Y no me paro en un lugar de soberbia, a decir que tengo la solución para manejarla, pero es la preocupación con la que me levanto todas las mañanas. Las chances de un cuarto gobierno dependen de cómo manejemos esa tensión.