Ya sea por omisión, olvido, falta de registro o archivos, buena parte de la cultura visual uruguaya se mantiene oculta, y con ella, una tradición de maestros, aprendices o artistas de culto que compartían experiencias, trabajos en imprentas y medios gráficos, diseños de tapas de libros o discos.

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“Siempre tuvimos el interés de investigar el uso de la ilustración, y hay décadas, como las de los 50 y 60, que marcaron muchísimo: a nivel internacional era el boom de los afiches de cine, de las tapas de discos y libros, que, un poco después, también llegó a Uruguay. En esa época se empezó a desarrollar la figura del gráfico y dibujante”, dice Francisco Cunha, integrante, junto a Martín Azambuja y Juan Palarino, del estudio de diseño Mundial. Motivados por el análisis de la ilustración, el equipo decidió investigar una época particular de la gráfica uruguaya, enmarcada entre 1950 y 1980. Cuando se encontraron con que, a partir de “un uso espectacular de las limitaciones tecnológicas (no existían los programas de diseño ni las computadoras de escritorio)”, “estos creadores trabajaban de manera artesanal pero eran reconocidos en anuarios de diseño internacionales por sus potentes y originales trabajos”, decidieron facilitar el acceso a este mundo y recopilaron materiales apoyados en investigaciones anteriores, como la que desarrollaron Ximena Moraes y Rodolfo Fuentes, o blogs de diseño como el Álvaro Cármenes. Así crearon Gráfica ilustrada del Uruguay, un archivo digital y físico –este soporte aun está en proceso–, con la idea de que se vuelva un espacio de consulta y encuentro.

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“Nos sorprendió que uno de los libros que siempre teníamos como referencia fuera un viejo catálogo que editó Fidel Sclavo [2007] para la única muestra que se hizo sobre Imprenta As, uno de los míticos estudios uruguayos”, apunta Cunha. En ese catálogo se encontraron con que algunos de sus integrantes habían sido seleccionados entre “los mejores del mundo en anuarios de diseño internacional” y con que “le dedicaban notas en revistas alemanas”. “Esto nos llevó a preguntarnos qué sucedía acá, y confirmamos que no había mucha gente –sobre todo colegas ilustradores o estudiantes– que tuviera noción de esa época”, cuenta.

Artesanales

La señera Imprenta AS fue una referencia desde su creación, en 1954 (funcionó hasta 1997), que reunió a un ilustre equipo por el que pasaron, en distintas épocas, Hermenegildo Sábat (quien, más de una vez, reconoció que le debía a esta imprenta su gusto por el diseño), Ajax Barnes, Carlos Pieri y Guillermo Fernández, entre varios, que exploraron la porosidad de las disciplinas artísticas y las múltiples relaciones entre la imagen y la palabra en programas de teatros, catálogos, afiches y portadas.

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Antes de los softwares de diseño, dice Cunha, estos dibujantes sorprendieron con sus incursiones artísticas y expresivas, manteniendo la identidad de cada artista dentro del grupo. “A nosotros, que somos tres ilustradores, eso de trabajar en conjunto pero tener un estilo propio nos marcó por lo particular”, admite, y adelanta que para el año que viene se propusieron incluir una biblioteca en el estudio (ubicado en San José 967, en el que también funciona una tienda de ilustración abierta) que ponga a disposición este material de consulta.

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En cuanto al recorte, el ilustrador plantea que entre 1950 y 1980 se desarrollaron estéticas muy particulares, “trabajando todo en frío [previo al diseño en computadora], sin programas de diseño. Hay gente que ve una tapa de un vinilo y no piensa que fue hecha sin una computadora; y cuando decís ‘mirá qué actual’, ‘mirá los colores’, eso fue hecho a mano”. Así, pensando en el modo más rápido y efectivo de concretar este proyecto, y teniendo como referencia sus libros de consulta, decidieron crear un sitio web que facilitara el acceso al material que iban recopilando, “para que alguien pudiera ver de qué se trata cuando se habla de gráfica ilustrada de los 60, por ejemplo”.

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Entre los mojones de estas décadas menciona las tapas de la colección de El Club de Libro de Radio Sarandí, que se creó en 1976 y editó clásicos universales y latinoamericanos (ese mismo año, por ejemplo, publicó el legendario El libro de Jorge, de Carlos Maggi), o los 60 números de la Enciclopedia Uruguaya (1968-1969), dirigida por Ángel Rama.

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El uso de los límites

Para Cunha, lo que define a estos años es el uso de los límites: “Ellos lo tenían claro, y nosotros, con tanto acceso a tantas referencias, no”. Dice que Horacio Añón es un diseñador de esa época que les fascina, y recuerda que, en un capítulo de Génesis, un viaje por el universo creativo uruguayo (serie emitida por TNU y disponible en Youtube), Añón comenta que “mezclar un color para llegar a determinado tono era toda una aventura, y que, después de un tiempo, sólo logró tener ocho colores que sabía que iban a quedar como él quería, cuando es impresionante lo que logra sólo con esos colores. Lo mismo ocurre con las tipografías: cuando sabés usar bien diez familias tipográficas podés lograr lo que querés de cada una. Ese uso de los límites nos impresiona muchísimo”, reconoce. Destaca a Ayax Barnes, un artista “mucho más cercano a la sensibilidad, al trabajo de la línea y la ilustración, con dibujos muy simples que logran una identidad muy clara y mucha emoción”; y, por otro lado, Carlos Palleiro, quien despliega un gran trabajo “desde el color y la fuerza, dialogando, además, con toda la época psicodélica”. Así, “se puede ver la personalidad de cada uno y cómo podían abarcar cientos de proyectos. Estaban creando un oficio, y logrando un nivel de personalidad y efectividad a la hora de comunicar que cuesta comprender. Además de que nos siguen sorprendiendo, porque son muy contemporáneos y siguen siendo muy efectivos. Si tenés sensibilidad, lográs simpleza y, a su vez, decís algo a nivel de lenguaje, la ilustración o la gráfica, se mantiene en el tiempo”, advierte.