La emoción de una mayoría contagia. Aquello de que “no me gusta tanto desfilar”, da paso —ni bien arriban los camiones a la plaza Independencia— a un sentimiento colectivo que abraza. La gente se acerca por todos lados. Quiere ver a los artistas, bailar con ellos, cantar, aplaudir. Compartir. Y de eso se trata la noche del jueves, en la que dios Momo da rienda suelta a la alegría, y más de 40 agrupaciones, junto a miles de seguidores y curiosos, se aúnan en el Desfile Inaugural de Carnaval.
Guardar imágenes es la premisa del hoy para generar el recuerdo. Los integrantes de los conjuntos reciben varios pedidos de fotos antes de salir. En el trayecto por 18 de Julio también. Aldo Martínez, Lucía Rodríguez y el Rusito González son algunos de los más solicitados. La foto sale, como puede, a veces en movimiento, a veces fuera de cuadro. Para muchos, llegar hasta el Centro de Montevideo y acceder a una silla o arrimarse a una valla es un esfuerzo enorme, que los conjuntos agradecen y valoran.
Esa energía está en el aire. Se respira y potencia el disfrute. Zigzagueando entre tambores, bailarinas y murguistas, están los fotógrafos de distintos medios, quienes también reflejarán en imágenes el alma de la celebración. Por la acera merodean niños y niñas, exigiendo cada tanto a sus mayores una careta, un artefacto lumínico o una simple bolsa de papel picado para hacer su carnaval.
Foto: Rodrigo Viera Amaral
Una postal de la previa la da Malena Reyes, que se sumó a Yambo Kenia este año y que desfila por primera vez de manera oficial: “Soy de familia carnavalera, así que 18 la conozco de pe a pa. Estar acá es muy emocionante. El carnaval es mi esencia”. La vedette se conmueve al recordar a su abuelo, quien ya no podrá acompañarla desde las plateas.
Primer desfile también para Horacio Todeschini, que a sus 55 años se lanza a la aventura de salir en murga. “La idea es divertirse”, asegura el nuevo componente de La Mojigata, ese colectivo que siempre prepara algo especial para traer a la principal avenida. Algo que tenga que ver con el espectáculo, pero sin spoilear demasiado. Este año fue una dinámica de las relaciones del Mercosur, con un montón de allegados que desfilaron con camisetas de distintos países.
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En la otra punta del trayecto, la imagen de Chabela Ramírez, llegando al kilómetro cero con su querida comparsa Valores. Las siete cuadras la dejaron “con mucha satisfacción, pero un poco cansada”, dice la artista y militante afro, quien no deja pasar la ocasión ante el móvil televisivo para reafirmar que “el carnaval es del pueblo”.
Foto: Gianni Schiaffarino
Hay más postales en el arranque del desfile, allí frente a la Torre Ejecutiva o sobre el costado del Hotel Radisson. La efervescencia de los más jóvenes, muchos de ellos que apenas pasan los 18, y esperan con ansias su foto con disfraz y maquillaje bajo las marquesinas. La muchachada de Jorge, de Social Club, las chicas que dan sus primeros pasos en las revistas, los chicos que debutan en la difícil categoría parodistas. Adrenalina que aumenta cuando se van arrimando a la curva del Palacio Salvo.
“Esto es una fiesta. Estoy nervioso pero muy feliz”, comenta Nahuel Jara, originado en el palo del hip hop y que hará su estreno con Los Muchachos en este 2026. Otros con muchos más carnavales sobre sus hombros, como Horacio Rubino y Fede Pereyra, se divierten como si fuera la primera vez. Personificados como Donald Trump y Nicolás Maduro, cosechan las risas del público que los ve interactuar.
Pitufo y una foto histórica. La de su vuelta a Falta y Resto 37 años después. Ahí anda, flotando por delante del coro, con su sello de legendario director. Leti Cohen como una reina (literal), expectante y “tan feliz de esta situación”. ¿La situación? Salir con Los Choby’s, que terminaron la noche obteniendo el primer premio en el Desfile. La imagen de Andreína Cabrera, vedette de Más Que Lonja, que, embarazada de unos pocos meses, regala su danza desbordante de alegría en lo que será para ella un carnaval inolvidable seguramente.
Foto: Gianni Schiaffarino
El movimiento en la plaza Independencia sigue hasta aproximadamente la una de la madrugada. Va llegando el final de la fiesta. En último lugar saldrán Los Diablos Verdes, donde Eduardo Díaz —que vuelve después de tres años sin salir— confiesa que “este momento es muy raro porque nunca me tocó a última hora. Es algo incómodo mirar para atrás y que no haya nadie, ja”.
El sobreprimo de la murga consecuente, que desfiló por primera vez en 1983 con 13 años en Las Gheisas, cuando su madre le tenía que firmar la autorización en el Consejo del Niño, es de los que no gusta tanto del recorrido por 18 de Julio, pero tiene claro que “es el puntapié inicial para arrancar el carnaval”. Y así es. Cada uno lo disfruta a su manera. Los de su generación. Los de antes, los de ahora. Los que vendrán. Montevideo se sacude, porque Momo está de regreso.