En julio de 2019 se declaró a Paso Centurión y Sierra de Ríos, en Cerro Largo, paisaje protegido por el Sistema Nacional de Áreas Protegidas (SNAP). Se trata de uno de los rincones con mayor biodiversidad del país y su inclusión en el SNAP se dio luego de iniciativas de los habitantes de la zona, múltiples informes técnicos e instancias de consulta ciudadana.

Sin embargo, Centurión aún no está todo lo protegido que debe: el ex intendente y actual senador por el Partido Nacional Sergio Botana declaró en mayo que “el área de Centurión la tenemos negociada”, y especificó que “con la intendente Carmen Tort tuvimos una conversación con el director de la Dirección Nacional de Medio Ambiente y con la ministra [Irene] Moreira, y acordamos allí la reducción del área y algunas ventajas compensatorias para los afectados”. El presidente Luis Luis Lacalle, en visita a Cerro Largo, dijo días después que en “áreas de demasiada extensión no vamos a poder hacer cumplir la normativa” y que “termina siendo injusto para los pobladores de la zona”, ya que implica “el cese de algunas actividades productivas”. Más recientemente, en setiembre, el viceministro de Ambiente, Gerardo Amarilla, dijo en Melo que el proyecto de área protegida va a tener que “atravesar” cambios, “porque hay un sector de la sociedad que claramente está involucrado en el área que no aceptó el plan de manejo y que fue una imposición de las autoridades desde Montevideo en su momento”.

Es en este contexto en el que se opone lo productivo a la protección de la biodiversidad que la publicación del artículo “Mamíferos de Paso Centurión, un área con relictos de Mata Atlántica en Uruguay” en la revista internacional Neotropical Biology and Conservation hace un aporte fundamental. No sólo porque detalla, mediante registros con cámaras trampa obtenidos por miembros de la ONG Julana (Jugando en la Naturaleza) y los vecinos de Centurión, la presencia en el área protegida de 60% de las especies de mamíferos del país, incluidos dos registros extremadamente valiosos, como la primera constatación para Uruguay de que aquí vive el felino yaguarundí (Herpailurus yagouaroundi) y el registro más reciente del cánido más grande de nuestra fauna, el aguará guazú (Chrysocyon brachyurus), sino porque estos dos raros mamíferos, más otros muy poco frecuentes de ver por ser extremadamente elusivos, como el oso hormiguero tamanduá (Tamandua tetradactyla), el espinoso coendú (Coendou spinosus) o la diminuta paca (Cuniculus paca), se registraron a pocos metros de donde viven los pobladores de la zona.

Foto del artículo ''

¿Qué quiere decir esto? Que la densidad de población de Paso Centurión, la forma de vida de sus habitantes, y especialmente el uso que hacen de la tierra y de los recursos naturales –mayoritariamente ganadería extensiva a pequeña escala y cultivos para abastecimiento propio–, parecen haber encontrado un sano equilibrio que permite que nuestros mamíferos, acorralados en todos los rincones del país, en Centurión no tengan que salir corriendo ante la presencia de los humanos. Probablemente a esta altura ya no quede leyendo esta nota ninguno de los tomadores de decisiones que definirán el destino de Paso Centurión y Sierra de Ríos. Pero, por las dudas, nada se pierde con intentarlo: cambiar el uso de la tierra en esta zona permitiendo, por ejemplo, la entrada de la forestación, la colocación de parques eólicos, represas o plantaciones, como la soja, alterará con toda seguridad el panorama. Con toda la superficie productiva que hay en Uruguay, pretender que justo en estas escasas 25.000 hectáreas, que representan apenas 1,89% de la superficie de Cerro Largo, se produzca el salto productivo que el país persigue parece un poco ilógico. Para abordar estas cuestiones con lógica, la evidencia es necesaria. Y parte de esa evidencia acaba de ser publicada.

Una publicación oportuna

Elaborado por las investigadoras de la ONG Julana Florencia Grattarola, también de la Escuela de Ciencias de la Vida de la Universidad de Lincoln, Reino Unido, y Lucía Rodríguez, también del Departamento de Ecología y Gestión Ambiental del Centro Universitario Regional Este (CURE) de la Universidad de la República, el artículo presenta “la lista de especies de 23 mamíferos de medio y gran tamaño documentadas en el área y un registro estandarizado de datos de la ocurrencia de esos registros”. Estos registros son la consecuencia de “un monitoreo participativo con cámaras trampa” que la ONG viene llevando con los pobladores de la zona desde el año 2013.

Hurón.
Foto: cámara trampa Julana

Hurón. Foto: cámara trampa Julana

Para quien haya visitado Paso Centurión, el paisaje es realmente maravilloso. Monte nativo, mata atlántica y una vegetación exuberante para nuestros estándares pueden quitar el aliento. También es motivo de regocijo ver cómo la comunidad se vertebra en torno a la escuela rural, así como el sentido de pertenencia y arraigo que abunda entre sus habitantes. Justamente trabajando con esta población que vive en el lugar, Julana logró registros de fauna casi insólitos para el país. Al ya mencionado primer registro del yaguarundí (algo así como un felino intermedio entre un puma y un gato montés, con cuerpo macizo), del aguará guazú (una especie de zorro en zancos, ya que tiene patas extremadamente largas adaptadas para andar en los pastizales) o del gato de pajonal (Leopardus munoai), en el artículo señalan que es remarcable “la observación frecuente de numerosas especies poco frecuentes”, como el hocicudo tamandúa, el majestuoso gato margay (Leopardus wiedii), el tatú de rabo molle (Cabassous tatouay) o los ya mencionados coendú y la paca. Y aunque no sean tan poco frecuentes en otras partes, cabe señalar que en la zona también se vieron con asiduidad el tatú peludo (Euphractus sexcinctus), ciervos guazubirá (Mazama gouazoubira), mano pelada (Procyon cancrivorus). También se registraron mamíferos que sí son más comunes en otras partes del territorio, como zorros de monte (Cerdocyon thous) y zorro gris (Lycalopex gymnocercus), hurones (Galictis cuja), zorrillos (Conepatus chinga), carpinchos (Hydrochoerus hydrochaeris), tatús (Dasypus novemcinctus), gatos monteses (Leopardus geoffroyi) y comadrejas (Didelphis albiventris).

En el trabajo lo señalan: si se exceptúa a los mamíferos marinos, en Paso Centurión se encuentra 60% de las especies de mamíferos conocidas del país. Es como que se hubiera corrido entre los animales el rumor de que allí se puede vivir una vida casi en armonía con el ser humano. De hecho, hasta los mamíferos exóticos invasores parecen haber escuchado el rumor y también dijeron presente: ciervos axis, jabalíes y liebres también se dejaron fotografiar por las cámaras trampa.

Uno podría pensar que toda esta fauna se vio en sitios y parajes muy alejados de donde viven los pobladores de Paso Centurión.

Fauna cercana

“A pesar de que las cámaras estaban ubicadas a unos pocos metros de las casas de la pobladores locales, algunos de las especies más raras y elusivas del país fueron registradas”, señala el trabajo publicado. De hecho, se trabajó con ocho sitios con vegetación nativa que estaban a entre 100 y 2.285 metros de las casas de los habitantes de Centurión (con una distancia promedio de 572 metros), dado que los propios pasocentureños –si se me permite el gentilicio– se encargaban del cuidado y el chequeo de las cámaras. Por ello en el trabajo indican que esta elevada cantidad de mamíferos tan próxima a los humanos “sugiere una posible coexistencia entre la gente –y sus prácticas socieconómicas– y la fauna no humana en el área”.

Margay.
Foto: cámara trampa Julana

Margay. Foto: cámara trampa Julana

“Por ejemplo, el registro del yaguarundí se dio en el fondo del patio de uno de los vecinos. Es decir que no hay que irse al medio del monte prístino para encontrar a estos mamíferos, están ahí, a metros de las casas”, dice Grattarola tratando de escapar al tedio provocado por el coronavirus en Reino Unido, país en el que está terminando su doctorado. “Hay como un ambiente de convivencia que hace que esta fauna aparezca sin tener que rebuscarse mucho”, agrega. “No profundizamos demasiado en ese aspecto porque nos faltaban algunos elementos, pero es evidente que hay algo a explorar en esta coexistencia entre humanos y fauna en Centurión. Por más que pueda haber uso de los recursos, por más que pueda haber un cierto nivel de caza, lo que fuera se hace de una manera que parece que no está afectando a esa fauna, porque los animales aparecen y siguen apareciendo en las cámaras trampa. Incluso muchos de esos animales son vistos por los propios vecinos sin necesidad de recurrir a las cámaras”, reflexiona a continuación.

¿Presionar una coexistencia envidiable?

El trabajo señala que en un área de 630 km2 viven unas 129 familias, aunque en estos siete años en que Julana visita periódicamente la zona se nota cierta tendencia al despoblamiento de la zona. Quienes aún viven allí, señala el artículo, se dedican principalmente a la “ganadería de pequeña escala” y a cultivos y actividades granjeras para consumo propio. Una de las principales causas de la pérdida de biodiversidad es el cambio de uso del suelo, es decir, la conversión de la superficie para emprendimientos productivos agrícolas, forestales o industriales. Como deja en evidencia este monitoreo participativo con cámaras trampa, en Centurión el uso que se le da al suelo no estaría afectando negativamente a la biodiversidad. Un cambio en estas prácticas sí podría traer consecuencias adversas. Y que quede claro: Paso Centurión no es una zona prístina, donde no viva gente y donde no se realice ninguna actividad. Hay ganado, hay productores, pero a una escala y con prácticas que deberían estudiarse, porque evidentemente algo bien parecen estar haciendo.

“En Paso Centurión no hay forestación, no hay soja, no hay arroz, sino que lo que predomina es la ganadería extensiva, y da la impresión de que eso tiene mucho que ver con que aparezcan estas especies y con que no haya grandes conflictos”, apunta Grattarola. Pero eso no quiere decir que no haya nubes sobre el área protegida: “Desde que nosotros vamos, hace unos 13 años, Centurión ha pasado por impulsos de actividades productivas que amenazan esta forma de producción más extensiva, desde la forestación, que arrancó allá por 2009 y que ahora volvió a tomar un poco de protagonismo, pero también se ha tratado de hacer un dique, se ha hablado de minería, de hidrocarburos, de parques eólicos. Cada dos años hay una cosa nueva que surge y que no siempre está del lado de la propia gente de la localidad, son impulsos que vienen medio que de afuera; tal vez por el precio de la tierra se quieren instalar en la zona, o porque tal vez, dado el aislamiento que hay, nadie va a decir mucho”, confiesa la investigadora.

“Sin dudas que esta zona del país es una de las más naturales, entre miles de comillas. Pero eso es así por la forma en que vive y produce la gente ahí, no porque esté aislada del mundo y que allí esté sólo lo biológico. Evidentemente el impacto que puede tener un cambio en el uso del suelo va a ser notorio. El efecto que puede tener una forestación sobre la fragmentación del hábitat, la conectividad que hay con Brasil y el despoblamiento de la zona, algo con lo que la propia gente no está muy afín”, argumenta con base en su experiencia trabajando junto a la comunidad. “De una manera u otra la misma gente ha resistido estos impulsos productivos, o en algunos casos quienes han querido impulsar estas cosas se aburrieron y se fueron. Hay otros que son más perseverantes, y ahí está el ejemplo de los parques eólicos. Hoy uno de los parques tiene un pedazo dentro del área de amortiguación, debido a que la Junta Departamental hizo una modificación en su momento para que fuera posible”, dice con cierto pesar.

“Todos estos embates dan una idea de la gran vulnerabilidad que tiene ese territorio; ni siquiera una declaración a nivel nacional dentro del SNAP le está dando mucha estabilidad. Por ejemplo, ahora se está planteando la reducción del área por intereses de un par de productores bajo un argumento que no tiene mucho asidero. Hay intereses que pasan más por los dueños de la tierra que por los habitantes”. sostiene Grattarola.

Yaguarundí.
Foto: cámara trampa Julana

Yaguarundí. Foto: cámara trampa Julana

Evidencia a tiempo

El trabajo llega en un momento en que se está considerando el Plan de Manejo del área protegida, que es lo que determinará qué se puede hacer allí y cómo. Incluso las nuevas autoridades hablan de cambiar la extensión del área. “Nuestro trabajo remarca la importancia de la reciente inclusión de Paso Centurión y Sierra de Ríos al SNAP, que busca preservar valores históricos, culturales tangibles e intangibles que contribuyen al arraigo de los habitantes de la zona”, mencionan en la discusión del artículo.

“Queríamos presentar el artículo porque no hay nada muy formal publicado sobre la biodiversidad de Paso Centurión. Queríamos darle respaldo al área, para aportar evidencia que sirva como un argumento más para tener en cuenta ante esta intención de reducir el área protegida”, añade desde Reino Unido Grattarola.

Esto no se trata de burócratas y científicos de Montevideo pretendiendo imponer sus criterios sobre el resto del país. Se trata de política de Estado –ahora desde un ministerio de Ambiente– y de honrar compromisos asumidos para tener al menos 17% del territorio bajo algún tipo de protección (algo que no cumpliremos porque tenemos apenas 1,5% de la superficie protegida y la meta tenía como objetivo el año 2020). Estamos hablando de menos de 2% de la superficie de Cerro Largo, donde se ha registrado 60% de los mamíferos terrestres del país (el número sería mayor si las cámaras trampa se hubieran colocado, además de en montes nativos, en pastizales, donde habrían aparecido tal vez mulitas, o si pudieran capturar a mamíferos voladores, como los murciélagos o roedores de tamaño pequeño). Predios con suelos de prioridad forestal aún sin explotar quedan en grandes cantidades. Lugares donde se registre tanta biodiversidad de mamíferos escasean. Y donde se haya registrado la presencia de aguará guazú, del gato de pajonal y del yaguarundí, sólo uno: Paso Centurión y Sierra de Ríos.

Ayudando a monitorear la biodiversidad

El artículo publicado es consecuencia del trabajo de la ONG Julana en conjunto con la comunidad de Paso Centurión. Pero no es el único: también han realizado monitoreos participativos con cámaras trampa en otras localidades.

Así nació el proyecto Racatu (Red de Amigues de las Cámaras Trampa del Uruguay), que trabajó junto a escuelas rurales de Mangrullo y Berachí, también en el departamento de Cerro Largo.

La necesidad de relevar nuestra biodiversidad, así como la de trabajar junto a las comunidades para valorar la naturaleza, es grande. Y para ello se necesita también recursos. Con ese motivo, la ONG lanzó un video explicando en qué consiste Racatu y buscando financiación. Más información y contacto en el sitio de Julana: julana.org.

Artículo: “Mammals of Paso Centurión, an area with relicts of Atlantic Forest in Uruguay”
Publicación: Neotropical Biology and Conservation (julio 2020)
Autores: Florencia Grattarola, Lucía Rodríguez-Tricot.