¿Es William Shakespeare el culpable de una invasión biológica que hace ya varias décadas sufre el continente americano, incluido Uruguay? El tema es más complejo de lo que sugiere esta pregunta tan directa, pero el planteamiento no es gratuito y nos obliga a retroceder de a poco en el tiempo para entender por qué. En la primera parada de ese viaje, nos quedamos en Uruguay.
El 10 de mayo de 2008, José Mazzulla, integrante del grupo Aves Uruguay, observó dentro del predio de Facultad de Veterinaria un ave que hasta entonces no había visto en Uruguay: un estornino pinto (Sturnus vulgaris). Este avistamiento, el primero documentado en libertad de esta especie en el país, representaba un problema en ciernes.
El estornino, nativo de Eurasia y el norte de África, se ha extendido por buena parte del mundo gracias a una serie de introducciones desafortunadas y se ha convertido así en una de las 100 especies invasoras más dañinas del planeta, según la Base de Datos Mundial sobre Especies Invasoras (GISD, por sus siglas en inglés).
Entre otros perjuicios registrados, provoca daños en los cultivos y también desplaza a especies nativas, debido a su conducta agresiva y el hábito de ocupar nidos o cavidades de otras aves. Como forma enormes bandadas, se ha vuelto también un problema para la aviación, tal cual ha demostrado más de un accidente (el más famoso es el de Eastern Airlines de 1960, en el que murieron 62 personas luego de que cientos de estorninos fueran engullidos por las turbinas en el despegue).
Desde aquellas primeras observaciones de Mazzulla, el estornino se ha extendido con rapidez por todo el país. Su aparición aquí, aunque preocupante, no es muy sorpresiva. La especie está establecida en Buenos Aires desde al menos 1987, probablemente debido a escapes o sueltas de ejemplares cautivos, ya que el estornino (por motivos que exploraremos más adelante) es un ave popular de jaula.
El mismo Mazzulla contaba en un artículo de la revista Achará que los estorninos se comercializaban ilegalmente en distintas ferias de Montevideo al menos desde diez años antes de su primer registro. Los ejemplares se capturaban en Argentina y luego se traficaban a Uruguay, por lo que suponía que los estorninos que invadieron Uruguay provenían también de escapes o liberaciones de aves de jaula.
Como los estorninos son capaces de volar distancias largas, no puede descartarse la explicación adicional de que algunos hayan ido arribando por su cuenta desde Argentina. Lo que es seguro es que la región pampeana ha sido el punto de origen de la invasión del continente sudamericano, pero el estornino no llegó de la misma manera a todos los lugares del mundo en los que está hoy.
Se armó bardo
En Estados Unidos, algunas especies que luego se convirtieron en invasoras fueron liberadas ex profeso en el siglo XIX por la Sociedad de Aclimatación Estadounidense, un grupo que pretendía introducir flora y fauna de Europa por motivos culturales y/o económicos, mucho antes de que se conociera el impacto de las especies invasoras sobre la biodiversidad.
La leyenda cuenta que un hombre llamado Eugene Schieffelin, presidente de esta organización, se propuso introducir en Estados Unidos todas las especies de aves mencionadas por William Shakespeare en sus obras. Entre ellas, el estornino, que aparece brevemente en la primera parte de Enrique IV.
Pablo Fernández.
Foto: Gianni Schiaffarino
En 1890 y 1891 Schieffelin soltó en el Central Park de Nueva York dos grupos de 40 parejas de esta especie que, a diferencia de otras aves “shakesperianas” que supuestamente liberó, logró prosperar gracias a su gran capacidad de adaptación y se multiplicó rápidamente en los años siguientes. Ese habría sido el primer acto del drama (no shakesperiano) que el estornino está protagonizando en las Américas.
La verdad es en realidad un poco más compleja que esta historia, que resulta sin embargo útil por su moraleja. Es cierto que Schieffelin introdujo estorninos en el Central Park y que su expansión se constató después de sus acciones, pero no hay evidencias claras de que lo hiciera por amor a Shakespeare ni de que haya sido el único culpable. Hubo varios intentos de introducción de esta especie en años anteriores.
Pero Shakespeare no se va de esta historia, porque su única mención al estornino tiene mucho más que ver con un trabajo reciente hecho sobre esta ave en Uruguay que con su dudosa influencia en la introducción de la especie al continente americano.
Shakespeare estaba al tanto de una característica notable del estornino: su capacidad de imitación. En Enrique IV, Hotspur conspira contra el rey y fantasea con enseñarle a un estornino a decir el nombre del primo y rival de Enrique IV (Mortimer), para que lo torture en sueños.
Su observación es muy acertada, porque el estornino es capaz de imitar con mucha habilidad los cantos y sonidos de otros animales, incluyendo el habla humana. Ese es uno de los motivos por los que se convirtió en un ave popular de jaula y terminó por invadir tantos lugares. Su vistoso aspecto también ayuda. Durante la mayor parte del año se lo reconoce por su característico plumaje negro con pintas blancas, aunque durante la época reproductiva (de octubre a diciembre, aproximadamente) las pintas suelen desvanecerse y el plumaje adquiere reflejos tornasolados de colores violetas y verdes.
Si en Uruguay se sabe poco sobre la invasión del estornino, menos información hay aún sobre su capacidad para imitar otras especies y la relación que esa característica tiene con las aves nativas de Uruguay. Por eso es tan bienvenido un artículo recientemente publicado en la siempre interesante publicación Achará, en el que el biólogo Pablo Fernández investiga este talento shakesperiano del estornino en Uruguay y descubre los desafíos que esta habilidad puede suponer para los monitoreos de biodiversidad de aves.
Ser o no ser
En 2020, cuando Pablo se encontraba en Maldonado, escuchó algo que le llamó mucho la atención y que provenía de un árbol: un montón de vocalizaciones de animales distintos, incluyendo una rana y un zorro. Parecía la reunión de un cuento de Horacio Quiroga, pero tenía que haber alguna explicación racional. “Llegué a pensar que había alguien haciendo playback de varios sonidos con un grabador”, cuenta Pablo.
Se aproximó al árbol y descubrió que los responsables de todos los sonidos eran dos estorninos. “Quedé impactado porque no sabía que imitaban. Y eran imitaciones muy buenas, idénticas a los cantos originales. Cuando busqué información descubrí que es una característica común en esta especie”, agrega.
A partir de ese episodio, Pablo comenzó a tener dudas al hacer monitoreos acústicos de aves en lugares donde el estornino es común. ¿Estaba escuchando la especie que creía o era en realidad un estornino que la imitaba? Pensó entonces en que sería interesante analizar qué animales imita esta especie invasora y con qué frecuencia.
Era esperable, considerando lo que se sabe sobre los hábitos de imitación del estornino en otros países, que las poblaciones que se establecieron en nuestro territorio imitaran a especies de la región. Por lo tanto, “documentar este comportamiento ofrece una oportunidad para evidenciar procesos recientes de aprendizaje vocal asociados al establecimiento de la especie en el país”, señala Pablo en su artículo.
Bandada de estorninos en Montevideo.
Foto: Pablo Fernández
Tenía otro interés en mente. Si el estornino había podido engañarlo a él en algunas ocasiones, es probable que lo hiciera también con otros observadores experimentados. Lo mismo podía ocurrir con aquellos monitoreos que se basan únicamente en la grabación de vocalizaciones y con las aplicaciones que detectan cantos de aves, como Merlin Bird ID, cuyo uso se está popularizando en los últimos años.
Esto puede generar errores en la identificación de las especies e introducir sesgos en los muestreos de biodiversidad, que pueden amplificarse por el creciente uso de plataformas de ciencia ciudadana y tecnologías de bioacústica.
Con todas esas preocupaciones en mente, Pablo se propuso analizar el repertorio de imitaciones de aves por parte del estornino, su frecuencia y sus posibles implicancias en los muestreos acústicos de aves hechos con ayuda de la tecnología.
Medida por medida
Para indagar en el repertorio completo de imitaciones del estornino y en su preferencia por algunas especies, Pablo apeló a dos vías, una basada en la búsqueda de datos online y la otra en observaciones personales.
Para la primera, recopiló todas las referencias a imitaciones de estornino en Uruguay a partir de 2020, hechas por observadores con experiencia, publicadas por la plataforma de observaciones eBird. Hizo también una búsqueda de grabaciones de cantos de estorninos en los sitios iNaturalist, Xeno-canto y Macaulay en las que se hiciera referencia a imitaciones.
Para la segunda, realizó observaciones sistemáticas a lo largo de 26 días en períodos de diez minutos, en los que grabó y/o anotó las imitaciones hechas por ejemplares de esta especie en un punto de Paso de las Duranas, Montevideo, frecuentado por estorninos. Como él mismo reconoce, su trabajo sistemático tiene la limitación de estar acotado a un solo punto geográfico del país, por lo que sería interesante, a futuro, ampliar el alcance de las observaciones.
Por último, para evaluar si la aplicación Merlin Bird ID era “engañada” por los estorninos, la usó en siete de sus salidas diarias para ver si las imitaciones grabadas eran asignadas por Merlin Bird ID a la especie imitada.
¿Cuán versátil resultó ser el estornino en nuestro país? Mucho. Ni un comediante experimentado podría hacer tantas imitaciones. Pablo registró imitaciones de 28 especies de aves, un anfibio (la rana trepadora Boana pulcella) y un zorro (sin que se haya podido identificar la especie). El tero (Vanellus chilensis) y la rana trepadora fueron las especies que presentaron la mayor cantidad de observaciones de imitaciones (30 cada una).
El análisis que hizo a partir de las observaciones sistemáticas en la localidad de Paso de las Duranas mostró imitaciones de al menos 17 especies de aves y de la rana trepadora. Las especies más frecuentemente imitadas fueron el pirincho (Guira guira), el benteveo (Pitangus sulphuratus) y el tero, detectadas en el 62% de las observaciones. Le siguieron el gavilán común (Rupornis magnirostris), la lechucita de campo (Athene cunicularia), el gorrión (Passer domesticus), la cotorra (Myiopsitta monachus), la rana trepadora, el trepador chico (Lepidocolaptes angustirostris) y el carpintero de campo (Colaptes campestroides).
La mayoría de las especies imitadas son comunes, pero algunas de las más representadas en el repertorio son poco frecuentes, raras en el área o directamente no aparecen allí desde hace muchos años. Por ejemplo, el pirincho y el gavilán común no suelen verse tanto en esa zona de Montevideo, y la lechucita de campo no tiene registros recientes.
Estornino pinto en Montevideo.
Foto: Pablo Fernández
“Eso me resultó más llamativo. Como los estorninos viajan distancias grandes, es posible que hayan escuchado y aprendido a imitar esas especies en otros lados”, dice Pablo. El trabajo señala también que puede haber cierta transmisión cultural. Es decir, que aprendan esos cantos de otros estorninos que sí tuvieron contacto con los animales imitados.
Sabemos, entonces, que los estorninos pueden imitar especies que ni siquiera están en su entorno, pero, ¿por qué insisten especialmente con algunas? ¿Obtienen alguna ventaja por imitar al tero o a la rana trepadora, por ejemplo?
El mundo entero es un escenario
Una hipótesis que han postulado algunas investigaciones es que los estorninos tienen más predisposición a aprender algunos cantos por su “simplicidad, estabilidad o facilidad de reproducción”, señala el trabajo. En términos humanos, es como si un comediante repitiera las imitaciones de algunos personajes poco conocidos, que quizá ni siquiera son de su país, simplemente porque le salen muy bien.
Eso es lo que estaría ocurriendo, por ejemplo, con el gavilán común. “Según las observaciones analizadas en este estudio, el estornino imita principalmente la llamada monosilábica característica de esta especie. Esto coincide con los registros en otros continentes, donde se han documentado imitaciones de rapaces con vocalizaciones similares”, sostiene el artículo.
Esta hipótesis ayuda a entender por qué algunas especies son seleccionadas en las imitaciones, pero no por qué esta capacidad de imitar ha evolucionado en los estorninos. ¿Qué ventaja les brinda? La respuesta a esta pregunta, al igual que ocurre con otras especies imitadoras, no es clara, pero podría estar relacionada con la selección sexual de las hembras.
Una explicación es que ampliar su repertorio con imitaciones de otras especies les confiere una ventaja en el cortejo (tanto machos como hembras imitan, aunque el repertorio de los machos parece ser más complejo). Por lo pronto, algunos trabajos muestran que las hembras favorecen la variación de los cantos de los machos y la duración de los repertorios.
“No limitarse solamente a las vocalizaciones propias de los estorninos e incorporar otros sonidos del entorno tiene como consecuencia que aumente la complejidad de su repertorio vocal, que es el rasgo que estaría siendo seleccionado sexualmente”, apunta Pablo. Aprenderse canciones de otros para aumentar el atractivo sexual ante potenciales parejas es algo con lo que los humanos se pueden identificar bien.
Sin embargo, también se ha postulado en otros trabajos que la imitación en los estorninos no tiene ninguna ventaja o funcionalidad. Incorporarían por error otros sonidos a su repertorio porque su mecanismo de aprendizaje es abierto.
Principales cantos imitados por el estornino en Montevideo. Tomado de Pablo Fenández (Achará, 2025).
El motivo por el que los estorninos han desarrollado este talento está en debate, pero de lo que no hay dudas es de que son buenos en ello. Para comprobarlo, basta con ver los resultados de la segunda parte del trabajo: la capacidad de esta especie para engañar a la inteligencia artificial de algunas aplicaciones.
Mucho ruido y pocas nueces
En el trabajo que hizo Pablo, siete especies imitadas por el estornino fueron identificadas erróneamente por la aplicación Merlin Bird ID. El estornino logró hacer pasar como auténticas sus imitaciones del tero, el pirincho, el gavilán común, la cotorra, el benteveo, el dorado (Sicalis flaveola), el gorrión y el celestón (Thraupis sayaca). El trabajo no analizó con cuánta frecuencia el estornino inducía a error a la tecnología, sino con cuántas especies lo lograba.
Las confusiones de Merlin Bird ID “dan la pauta de que el mimetismo vocal del estornino podría generar errores de identificación en los muestreos acústicos, si no se considera explícitamente”, dice el trabajo. Si la especie es cada vez más abundante en Uruguay y estas aplicaciones son cada vez más usadas para realizar estudios, existe el riesgo de que aumenten los errores en los monitoreos de biodiversidad.
Los “engaños” de este imitador experimentado, por ejemplo, pueden inflar los datos de riqueza o frecuencia relativa de algunas especies, algo preocupante en aquellas que son raras, que tienen interés especial de conservación o son migratorias (aunque este trabajo no detectó ninguna imitación de aves migratorias, un tema interesante para ahondar).
Ser descuidado o confiado en los registros podría llevar a la “detección errónea de especies fuera de su rango de distribución, así como fuera de su período de actividad diurno/nocturno o de la temporada habitual en el caso de las migratorias”, agrega el trabajo.
En este sentido, el artículo es una invitación a la precaución a la hora de realizar sondeos acústicos. Un dato útil para minimizar este problema es tener en cuenta que el estornino mantiene secuencias repetitivas, en las que intercala imitaciones y vocalizaciones propias de la especie. Si entre cantos típicos de una especie escuchamos los chirridos propios del estornino (Mazzulla los define como “notas metálicas”), conviene desconfiar.
“Me pareció que era un buen momento para decir que está todo bien con esas herramientas de inteligencia artificial, son geniales y está bueno usarlas, pero que presentan este posible desafío con especies imitadoras. Al menos hay que saberlo para mitigar este problema a futuro”, agrega Pablo.
Hay mucho que queda por saber sobre la presencia del estornino en Uruguay y sus posibles perjuicios. ¿Es el “villano” que pintan en el norte del continente (el Yago, por seguir en vena shakesperiana), o lo suyo es mucho ruido y pocas nueces? Como Pablo aclara, faltan trabajos locales que evalúen qué daños económicos causa y cómo podría afectar a especies nativas.
Foto: Gianni Schiaffarino
De las observaciones en campo realizadas aquí, se ha podido ver que ocupa los nidos de horneros y también compite por las cavidades de carpinteros y golondrinas. Su agresividad es tal que Pablo lo ha visto “correr” a una especie grande y de pico fuerte como el carpintero de nuca roja. Sin embargo, no provocaría un desplazamiento crónico porque luego de que los pichones abandonan el nido, deja el lugar.
Los estorninos ya están en todas partes de Uruguay y eso no cambiará. Si los lectores y lectoras prestan atención, los verán picoteando el suelo en busca de alimentos en parques y plazas de las ciudades, a menudo acompañados por tordos y otras especies comunes. También los escucharán, aunque gracias a sus talentos no siempre sabrán que son ellos.
Empezar a estudiar sus costumbres en nuestro país, como hace este valioso trabajo, nos ayuda a entender las formas sutiles en que pueden afectar la biodiversidad local y cuán necesario es investigar también las que parecen más evidentes. Aunque, por citar al Bardo que dio inicio a esta nota, “si hacer fuera tan fácil cómo saber lo que hay que hacer [...] las casas de los pobres serían palacios de príncipes”.
Artículo: Mimetismo vocal del estornino pinto (Sturnus vulgaris) en Uruguay: notas sobre su repertorio y las implicancias para los monitoreos de aves
Publicación: Achará (diciembre de 2025)
Autor: Pablo Fernández.