El biólogo Rodolfo Vögler suele meterse al mar para nadar y bucear en la zona de Bahía Chica, en La Paloma. Esta pasión por el agua es comprensible, porque se ha especializado en biología marina con un interés específico en los elasmobranquios, la subclase de peces que incluye a tiburones y rayas.
Por eso su emoción fue mayor a la habitual una mañana de aguas muy claras a finales de 2024, cuando se sumergió en Bahía Chica y observó en el fondo del mar a varios ejemplares de una especie rara y amenazada, perteneciente al grupo de animales que estudia: la guitarra chica o guitarra ñata (Zapteryx brevirostris).
Es un pez de aspecto curioso. Tiene forma de guitarra, como sugiere su nombre común, y características que hacen acordar tanto a rayas como a tiburones, con un cuerpo aplanado y una cola larga y musculosa. Lo de “ñata” no pretende ser bullying con esta especie, pero se debe a su hocico corto en comparación con otros peces guitarra. Se mueve discretamente en el fondo del mar para alimentarse de crustáceos y gusanos segmentados (poliquetos).
Es endémico del Atlántico Suroccidental y su distribución va desde el sureste brasileño al sur de Argentina. Lo usual es ver ejemplares muertos en barcos de pesca (aunque cada vez aparecen menos), no vivos y formando agregaciones como los apreció Rodolfo en sus exploraciones de buceo.
“Me tocó encontrarlos, lo que me generó una adrenalina muy fuerte, una alegría muy grande y una necesidad de aportar a su conservación”, cuenta Rodolfo desde La Paloma, y dice que se propuso volver “para filmarlos”. Lo hizo al día siguiente, pero las condiciones del agua habían cambiado mucho. Aunque las guitarras seguían dando vueltas en el fondo de Bahía Chica, era imposible obtener imágenes de calidad. La idea, por suerte, también había quedado dando vueltas en la cabeza de Rodolfo, que pronto tendría la oportunidad que buscaba.
La ocasión se dio gracias a un encuentro que tuvo unos meses después con el biólogo Andrés Milessi, de la Asociación Civil Che Wirapitá, que en 2025 comenzó a liderar el proyecto “Peligrosos o en peligro: tiburones y rayas de Uruguay”, auspiciado por el fondo internacional Shark Conservation. Ambos llegaron a un acuerdo para hacer un trabajo de investigación y conservación de esta especie en el marco de ese proyecto, al que también se unió Agustín Loureiro para las actividades de monitoreo subacuático.
Todo terminó de cerrar cuando un tiempo después, en otra de sus incursiones por Bahía Chica, Rodolfo se topó con el biólogo y buzo Álvaro Demicheli, que también había visto al pez guitarra en la zona y tenía incluso viejos registros fotográficos de la especie.
El producto de estos sucesivos encuentros es la publicación de un reciente trabajo firmado por el propio Rodolfo Vögler, del Centro Universitario Regional del Este (CURE) y del Instituto de Ciencias Oceánicas de la Universidad de la República; Agustín Loureiro y Andrés Milessi, de la Iniciativa Mar Azul Uruguayo y la Asociación Civil Che Wirapitá, y Álvaro Demicheli, del Servicio de Oceanografía, Hidrografía y Meteorología de la Armada Nacional. En él recopilan los primeros registros submarinos de la guitarra chica en aguas uruguayas y abren un llamado de atención sobre su situación preocupante.
La ñata contra el fondo
¿Qué es lo que hace que esta especie sea tan difícil de ver y se encuentre bajo amenaza? Para empezar, la guitarra chica comparte los mismos problemas que la gran mayoría de las especies de peces cartilaginosos (los condrictios), que por lo general son de crecimiento lento, tardan más años en llegar a la madurez reproductiva que otros peces y tienen pocas crías, lo que los vuelve más vulnerables a la sobrepesca y otras amenazas de origen humano, como la contaminación del ambiente marino.
Pero la situación para la guitarra chica, así como para los peces guitarra en general (más del 70% de las casi 60 especies conocidas con este nombre común están bajo amenaza), es más complicada aún. “Básicamente eso se da porque son muy costeros, no tienen posibilidad de refugiarse eventualmente migrando hacia zonas más profundas, entonces continuamente caen en las redes”, explica Rodolfo.
Es sabido que migran a lo largo de la faja marino costera dentro de su rango de distribución, donde a veces buscan refugio en bahías y zonas de poca profundidad en las que forman agregaciones, pero en realidad se conoce relativamente poco de sus hábitos y costumbres.
Guitarra chica (Zapteryx brevirostri) en Uruguay, marzo de 2025.
Foto: Agustín Loureiro y Álvaro Demicheli
Por si la sobrepesca no fuera problema suficiente, la zona que habita esta especie se encuentra expuesta también a la contaminación. Es posible que en su declive esté actuando en forma conjunta la degradación del hábitat, por ejemplo, a través de las descargas de aguas grises y negras que se vierten o percolan a nivel costero y terminan fluyendo hacia el mar. “Eso lo hemos observado claramente en la degradación a nivel costero en La Paloma, con aguas de descarga que han afectado la parte intermareal, la parte de la costa situada entre la marea más alta y la marea más baja, y ahora también a nivel submareal, con impacto en el hábitat de las especies”, lamenta Rodolfo.
Por eso a Rodolfo y al equipo del proyecto les resulta muy relevante obtener registros documentados de esta especie en su ambiente y también indagar en su presencia, distribución y comportamiento. El mar, sin embargo, es dinámico y cambiante y no hace caso a los planes de los demás.
Mientras la guitarra suavemente llora
Los autores del trabajo hicieron primero un mapeo de posibles sitios en los que podían hallar al guitarra chica, con base en observaciones propias y en el fundamental aporte de datos brindados por buzos aficionados y pescadores submarinos. Eligieron zonas a las que pudieran acceder sin tener que depender de embarcaciones y realizaron varias pruebas con cámaras trampa colocadas en el fondo del mar y montadas en jaulas.
Obtuvieron algunas imágenes, pero no con la claridad suficiente como para sacar conclusiones relevantes. Si querían obtener buenos registros del guitarra chica en Uruguay, no tenían más remedio que descender en buceo libre con cámara en mano. Para lograrlo fue fundamental la pericia del buzo y biólogo Agustín Loureiro, uno de los coautores del trabajo, cuya experiencia en apnea le permitió mantener la estabilidad suficiente para obtener buenas tomas.
De este modo detectaron la presencia de la especie en bahías y hábitats costeros frente a La Paloma (Rocha) y José Ignacio (Maldonado). Comprobaron que los ejemplares de guitarra chica formaban grandes agregaciones en el fondo arenoso (llegaron a registrar 22 juntos, entre ellos individuos que se camuflaban muy bien al enterrarse en la arena). En otros casos, observaron individuos aislados sobre formaciones rocosas.
A estas filmaciones obtenidas en marzo de 2025 sumaron otras fotos tomadas por Demicheli en 1999 y 2024, que hasta ahora no habían sido difundidas, y así publicaron en una revista científica los primeros registros de ejemplares vivos de esta especie en su ambiente en aguas uruguayas.
Las agregaciones de guitarra chica “podrían ocurrir durante todo el año o de forma estacional” en esta zona, en el rango medio de su distribución. “Sin embargo, se requiere más investigación para establecer la duración de las agregaciones y cualquier posible vínculo con una función vital o actividad ligada con la historia de vida de la especie”, señala el artículo, que aclara que también falta entender mejor qué tipo de factores ambientales afectan el comportamiento de la especie.
El equipo volvió a lanzarse al agua en el verano 2025-2026, con el objetivo de estudiar la presencia de la especie en forma más sistematizada y cuantificar su abundancia mediante una distribución de transectas en el fondo, pero, así como el verano en que filmaron al guitarra chica fue excepcional por las condiciones de visibilidad del mar, esta última temporada fue notable por lo opuesto.
Les resultó prácticamente imposible obtener filmaciones que permitieran aumentar las evidencias y obtener nuevos resultados. Por eso, el equipo tiene ahora un plan más ambicioso que incluye mantener un monitoreo anual, incluso en las estaciones frías (otoño e invierno), época en que volverán a intentarlo. “Para conservar la guitarra chica necesitamos obtener la mayor cantidad de información posible”, concluye Rodolfo.
La última canción
“No existe protección ni medidas de conservación específicas para esta especie en peligro de extinción y sobreexplotada”, advierte el trabajo, y agrega que en los últimos 21 años –tres generaciones de la especie– su población ha disminuido “entre 50 y 79%”.
Los autores del artículo también recomiendan que las medidas de conservación vengan de la mano de programas de educación y sensibilización, que se profundice en la investigación y el monitoreo, que haya un manejo efectivo de las zafras de pesca y fiscalización de las capturas, y que se apliquen controles al comercio de tiburones en Uruguay. Incluso deberían implementarse estrategias conjuntas entre Brasil, Uruguay y Argentina, los países que se encuentran dentro del rango geográfico de _ Zapteryx brevirostris_, señala el texto.
A eso apuntan los autores del trabajo. El primero y más alcanzable de sus objetivos es dar a conocer la situación de la especie. Uno de sus proyectos para este año es promover la colocación de cartelería informativa sobre la guitarra chica en las zonas en que se la registró, para que visitantes, buzos aficionados y pescadores (o pescadores submarinos, que son una mezcla de estos últimos dos) conozcan un poco más sobre sus características y las amenazas que enfrentan.
“Va en la línea con lo que se ha hecho con los mamíferos marinos en la costa, pero en este caso con tiburones y rayas. Y queremos comenzar con la guitarra chica como especie emblemática, porque la tenemos cerca, la podemos observar y ya empezamos a monitorearla. Nuestra idea también es que la gente pueda reportar sus avistamientos a través de alguna aplicación de celular y contribuya al conocimiento científico sobre esta especie”, cuenta Rodolfo. El proyecto, que prevé la colaboración conjunta de pescadores, buzos y cazadores submarinos, además de la participación de entidades de gobierno local, departamental y nacional, abarca toda la zona de influencia del océano Atlántico, desde Rocha hasta Canelones.
Saben que la cartelería y la divulgación no bastan para proteger a la guitarra chica y otras especies amenazadas que viven en ambientes costeros. Se necesita insistir en un mejor tratamiento de las aguas grises y negras, reducir la captura incidental en la pesca y pensar también en medidas específicas.
Guitarra y vos
Esto último no es disparatado, como bien lo ha comprobado uno de los coautores del trabajo. En marzo se estrenó en Argentina el documental Pescadores & guitarras, en el que participa Andrés Milessi y que tiene como protagonista al pez guitarra grande (Pseudobatos horkelii), también seriamente amenazado. El documental, que muestra el trabajo colaborativo entre pescadores e investigadores para proteger a ese pez guitarra, documentó la captura de la especie en el concurso “24 horas de la corvina negra”, uno de los torneos de pesca más importantes de Sudamérica. ¿El resultado? Logró que este año la guitarra grande fuera excluida por primera vez de este concurso en Argentina, luego de 63 años.
“En Uruguay tendría que haber alguna prohibición de captura de la guitarra chica, pero en estricto rigor no la hay. En los concursos de pesca esta especie se saca poco, pero no hay obligación de devolver los ejemplares al agua. En Argentina están un paso adelante con este tema; hay una legislación muy fuerte en la pesca deportiva”, dice Rodolfo.
Tampoco hay un control satisfactorio del desembarque de peces cartilaginosos en Uruguay, aclara Rodolfo, pese a que el Plan de Acción Nacional para la Conservación de Condrictios en las Pesquerías Uruguayas, que tiene como objetivo reducir el impacto de la pesca en sus poblaciones, fue promulgado en 2008.
Los investigadores han hecho lo que les toca. En enero de 2025 se realizó en Montevideo un taller para la identificación de Áreas Importantes para Tiburones, Rayas y Quimeras en la región (ISRA, en inglés), en el que participaron científicos locales: tres de los coautores de este trabajo (Vögler, Milessi y Loureiro) más Rodrigo Gurdek de la Facultad de Ciencias.
En ese encuentro, gracias a los aportes de los investigadores locales, se establecieron para Uruguay tres zonas de importancia para tiburones y rayas a nivel costero (Punta del Diablo, La Paloma y Canelones-Maldonado) una en ambiente fluvial (Queguay-Río Negro) y una en zona oceánica (Sistema Cañón del Plata).
Rodolfo Vogler.
Foto: Amaia Guridi
“Estas zonas quedaron mapeadas, pero no son vinculantes con el Estado a través de leyes. El Estado no participó como tal en este encuentro, por lo tanto, no hubo un respaldo que permitiera dar un paso más para establecer medidas de manejo, regulación y fiscalización”, se lamenta Rodolfo.
Esto se vuelve más relevante aún en un contexto en el que la pesca artesanal está cambiando en Uruguay e incluyendo a embarcaciones que “tienen un poder de pesca semiindustrial y una capacidad de explotación muy fuerte”, aclara. Por otro lado, los tiburones y rayas sufren también una alta presión de demanda internacional, impulsada por la predilección del mercado asiático por su carne y aletas. “Que los estados no estén presentes favorece que el mercado negro trabaje y se fortalezca”, advierte Rodolfo.
En el medio de todo este lío, la guitarra chica va declinando silenciosamente, con la misma discreción con la que se camufla en la arena del fondo. El agravamiento de su situación ha hecho que pase de la categoría “vulnerable” a “en peligro” de extinción según la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza.
Trabajos como este permiten observar imágenes de esta especie en su ambiente, como casi nadie puede apreciarla, pero también ayudan a darle un tipo de visibilidad no literal. La capacidad de camuflaje es importante para la supervivencia de la guitarra chica, pero paradójicamente lo que más necesita ahora es que empecemos a verla.
Artículo: First documented sightings of shortnose guitarfish, Zapteryx brevirostris in Uruguayan coastal waters
Publicación: Latin American Journal of Aquatic Research (marzo de 2026)
Autores: Rodolfo Vögler, Agustín Loureiro, Andrés Milessi, Álvaro Demicheli.