Ciudad de Maldonado. Un grupo de jóvenes mujeres se reúnen tres veces por semana para practicar handball durante una hora. Algunas estudian, otras trabajan y están las que hacen ambas cosas. Pero aun así se reservan esos tres días a la semana para entrenar. Lo hacen porque les divierte, porque les gusta ese deporte, porque se sienten bien en el grupo que se ha armado. Algunos fines de semana tienen partidos en una liga amateur del departamento. A veces ganan, otras pierden. Bueno, no: según muestra una reciente investigación, siempre ganan.

Titulado algo así como “Reorganización de la red cerebral de la banda theta en atletas recreativas: un análisis de la teoría de grafos”, el fabuloso artículo publicado en la revista Ciencias del Deporte para la Salud nos cuenta que para estas gurisas –el promedio de sus edades ronda los 26 años– el solo hecho de practicar handball produce una “reorganización” en sus “redes cerebrales” que redunda en una mayor eficiencia en diversos aspectos del funcionamiento cerebral. “¿Mayor eficiencia respecto a qué?”, podrán preguntarse. En el trabajo lo detallan: en comparación con gurisas de similares condiciones educativas y sociales pero que, en lugar de practicar un deporte, eran sedentarias. Así que aun convirtiendo menos goles que sus rivales en los partidos, las handbolistas siempre ganan. Al menos en salud cerebral.

El artículo que reporta estos hallazgos lleva la firma de José Meléndez, Ana de los Santos, Facundo Hernández y Dinorah Plada, todos del Instituto Superior de Educación Física (ISEF) del Centro Universitario Regional del Este (CURE, Maldonado) de la Universidad de la República (Udelar). Y si bien la relación entre reorganización cerebral y mejoras en la eficiencia de ciertas funciones en deportistas ya estaba reportada, el trabajo de este equipo del ISEF es relevante porque la abrumadora literatura científica al respecto se centraba en deportistas profesionales o atletas de élite. ¿Los beneficios reportados en otros trabajos científicos también se darían en personas que no se pasan varias horas, todos los días de la semana, haciendo deporte? El trabajo del equipo del ISEF apunta a que sí. Y dado que quienes practican deporte de forma amateur son más que quienes lo hacen profesionalmente, esta investigación le habla a más gente, a usted, a la persona que tiene al lado, a mí y a quienquiera que tenga la posibilidad de hacer un poco de deporte. El punto es relevante incluso por lo que podría implicar para ayudar a promover la salud cerebral (de hecho, por eso se publicó en una revista de deporte y salud).

Así que para hablar de deporte amateur, reconfiguración de las redes cerebrales y cómo eso nos beneficia, salimos más rápido que arquera de handball a achicar el arco ante la llegada al área de una rival con pelota en mano a conversar con José Meléndez, investigador venezolano radicado en nuestro país desde 2018 y primer autor de este artículo.

Claves de esta investigación

  • El trabajo señala que “cada vez hay más evidencia que indica que el ejercicio físico modula los patrones de conectividad cerebral”, por lo que “la práctica deportiva regular” podría “promover adaptaciones beneficiosas” relacionadas con la salud cerebral.
  • Sin embargo, “la investigación en neurociencia deportiva se ha centrado en gran medida en atletas de élite”, por lo que “aún existe una brecha considerable” en la comprensión de “los posibles beneficios neurocognitivos de la participación en deportes recreativos, más allá de sus resultados bien establecidos para la salud física”.
  • El equipo del ISEF de Maldonado se propuso estudiar mediante encefalogramas que miden la actividad eléctrica cerebral si había diferencias en la conectividad y eficiencia de las redes cerebrales entre deportistas no profesionales y gente que no practica deporte.
  • Las deportistas amateurs fueron diez jugadoras de handball de un club de Maldonado que entrenaban una hora tres veces por semana y que los fines de semana juegan partidos en una liga local. Ninguna había participado en competencias profesionales y llevaban practicando handball entre seis meses y dos años.
  • A las diez jugadoras se les pidió que convocaran a una amiga o conocida de su misma edad y formación pero que tuviera una vida sedentaria. Así se formó un grupo de diez mujeres sedentarias.
  • Tanto a las jugadoras de handball como a sus amigas sedentarias se les realizaron mediciones con 14 electrodos mientras realizaban cinco tareas motoras simples.
  • Mediante un análisis de la teoría de grafos se estudió cómo se conectaban esos 14 nodos al realizar las tareas de acuerdo a métricas como la longitud de camino promedio, el coeficiente de agrupamiento, mundo pequeño, la centralidad de grado, la centralidad hemisférica y la densidad de conexiones interhemisféricas.
  • En todas las métricas las jugadoras obtuvieron métricas mejores que sus contrapartes sedentarias, lo que proporcionó evidencia sobre “cómo la práctica deportiva regular influye en la organización y la eficiencia de las redes neuronales”.
  • En el trabajo afirman entonces que “los resultados demuestran que las jugadoras de handball amateurs exhiben una mayor conectividad funcional, una mejor integración de la red y una especialización hemisférica” en comparación con sus contrapartes sedentarias.
  • ¿Cómo afecta esta reorganización cerebral la vida cotidiana de quienes practican deporte amateur? Esto está por verse: “investigaciones futuras que combinen el análisis de redes con la evaluación cognitiva son esenciales para aclarar la importancia conductual de estas adaptaciones neuronales”, afirman.
  • Aun así, concluyen que sus hallazgos “resaltan el potencial del deporte amateur como modulador de la organización de la red cerebral”, lo que es relevante para pensar “estrategias destinadas a mantener o mejorar la salud cerebral”.

De Venezuela a Maldonado

Cuando uno conversa con José queda claro que tiene un acento que no es de ninguno de nuestros 19 departamentos. “Soy venezolano. Tuve alguna formación fuera, pero mi formación principal la realicé en Venezuela. Estoy en Uruguay desde 2018, luego de estar dos años en España”, se presenta.

En 2019, mientras trabajaba en un gimnasio en Montevideo, concursó para entrar en el ISEF de Maldonado. “Quedé y tuve que decidir qué hacía, si quedarme en Montevideo o irme a Maldonado”, cuenta.

Se decidió por Maldonado. El último día que trabajó en el gimnasio de Montevideo fue el viernes 13 de marzo de 2020. ¿Qué otra cosa pasó ese día? Se anunció la llegada de la pandemia de covid-19 a nuestro país. Pese a que ese año, como muchos docentes, prácticamente lo trabajó por Zoom, para junio ya se había instalado en la capital fernandina.

Todo este derrotero de José tiene que ver con la presente investigación, porque tras la idea de colocar electrodos y ver qué pasaba en la cabeza de quienes realizan deporte de forma recreativa, sus pasos previos son relevantes.

“Mi formación de base es en Educación Física, esa fue mi carrera de grado en Venezuela. Luego me compliqué un poquito haciendo una maestría en Fisiología y Biofísica, y comencé a trabajar, de forma mucho más básica, con algunos modelos que tenían que ver con la fisiología”, relata. Para su doctorado, realizado en el Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas, “seguía haciendo cosas básicas, pero más orientadas hacia la Neurofisiología”. Todos estos son ingredientes para agregar a la receta madre de esta investigación que relaciona deporte con neurofisiología y neurociencias.

“Al llegar a Maldonado me encontré con una carrera en formación, entonces tomé esto con lo que trabajaba y lo adapté a la realidad y al contexto de la carrera de Educación Física”, dice José. “Además intenté pensar en lo traslacional, en cómo llevar lo que investigamos a la gente, y al mismo tiempo en la formación de nuevas generaciones”, afirma.

Y también hay otra convicción personal de José que incide en el abordaje de este trabajo. “La ciencia ha avanzado mucho, y el reduccionismo funciona y acelera la generación de conocimiento, pero estamos en un punto en el que tenemos un montón de cosas aisladas que, si bien nos ayudaron a responder muchas preguntas, ahora se están quedando cortas. Nuestro enfoque busca tomar diferentes sistemas y comenzar a integrar cosas en una lógica de red fisiológica”, confiesa José.

“En esa red fisiológica, por ejemplo, tenemos al sistema nervioso central, que siempre se pensó que era el principal controlador de todo. Allí cabía la pregunta de quién controla al controlador, y entonces aparece la importancia del sistema cardiovascular, el sistema respiratorio, etcétera, y también de las señales externas que entran a través de los receptores, el movimiento, que responde a intenciones y a necesidades del ambiente, y demás”, lanza José.

“Nuestra idea es vincular y estudiar estas conexiones que vimos a la interna de las diferentes áreas cerebrales, en este caso representadas por las mediciones de los electrodos, en relación con nodos en otros lugares, nodos centrados en la actividad cardíaca, en la actividad respiratoria, en la actividad muscular, etcétera”, dice acerca de un “entramado” que aún están viendo cómo integrar “echando mano a modelos matemáticos”. Como veremos más adelante, para José y sus colegas el deporte no atañe solo a lo físico y, como muestran en el trabajo, al funcionamiento cerebral, sino también a diversos aspectos que van desde la realización personal hasta la salud mental.

Ciencia apelando a lo cercano

Para el trabajo apelan a algo relativamente sencillo: mediciones de la actividad cerebral que se realizan mediante cascos con varios electrodos –14 y dos de control en sus experimentos–, es decir, electroencefalogramas, una tecnología de medición de actividad cerebral que se conoce desde hace tiempo.

“Este trabajo es un aporte que humildemente estamos haciendo desde acá con lo que tenemos a mano”, reconoce José. “En el ISEF de Maldonado no tenemos laboratorio. Estas mediciones las hicimos en salones pescando los horarios en que quedaban libres, procurando que estuvieran aislados, y allí hicimos las mediciones”, cuenta.

“El equipamiento para realizar los electroencefalogramas es de bajo costo y recurrimos a software abierto y libre. Empleamos Python y librerías como Psychopy, que es muy completa, aunque no se usa mucho porque es necesario estudiarla un montón, a diferencia del software comercial, que fácilmente te da el resultado para el que está diseñado”, agrega José. “Si bien esto implica trabajar un poco más, no nos pesa, de hecho nos gusta porque podemos aprovechar mucho más el dato crudo y sacarle más cosas, podemos jugar con modelos matemáticos. Los software comerciales, si bien facilitan el trabajo, también te ponen como una camisa de fuerza, te limitan lo que puedes modelar o manejar, así que en cuanto a esto no tenemos ninguna queja”, afirma.

Para los participantes del experimento también recurrieron a lo que tenían cerca.

¿Por qué handball y jugadoras amateur?

¿Por qué buscar deportistas amateurs y no profesionales? “La mayoría de los trabajos están enfocados en deportistas de alto rendimiento, por lo que lo que sostienen o muestran no se aplica a la mayor parte de la población”, dice con toda lógica José.

“En este trabajo estudiamos a deportistas amateur, mujeres que estaban en un grupo de handball”, dice entonces. “Unas se dedican al trabajo contable, otras están estudiando, otras son amas de casa, etcétera. En cuanto al deporte, van una hora, tres días por semana, a jugar handball. No es el entrenamiento de jugadoras de handball de una liga profesional, que puede llevar hasta seis u ocho horas al día. Aquí se trata de jugadoras que van a divertirse, que lo hacen porque les gusta, y aun así consiguen cosas similares a lo que se ha reportado en atletas de alto rendimiento”, dice José, ya comentando un poco los resultados. Pero antes veamos por qué estudiar a jugadoras amateur de este deporte en particular.

“Una de las autoras, Ana de los Santos, es jugadora de handball. Estuvo en la selección, tanto de jugadora como de entrenadora. Jugó en Europa, fue dirigente afuera, creo que en México. Y además era la entrenadora de ese grupo amateur”, explica José. El club en el que practicaban se mostró muy receptivo para que realizaran la investigación, así que esto también ayudó.

“Lo otro, que terminó de cerrar las cosas, es la lógica de ese deporte”, enfatiza José. “El handball tiene una lógica de oposición, de territorialidad, de pelea por la posesión de la pelota. También se juega con gran velocidad y, por otro lado, es un deporte en el que los movimientos naturales, como saltar, lanzar o correr, están todavía muy limpios, al menos en este nivel amateur”, se explaya.

¿Qué es eso de movimientos “todavía limpios”? Pensemos en el tenis: un buen saque es algo que requiere mucha técnica y, por otro lado, es un movimiento que poco tiene que ver con nuestra vida cotidiana. Pensemos en el fútbol. Lo de correr está, como dice José, bastante “limpio”, pero ya pegarle a la pelota con tres dedos, el empeine y demás son habilidades que hay que desarrollar y que no aplicamos en el día a día.

“Exacto. O el baloncesto. La forma de lanzar la pelota para encestar se da solo en ese deporte. Si a un niño le das una pelota no la agarra de esa manera ni la lanza con esa técnica. Si a un niño le pides que lance una pelota, la va a lanzar como en el handball. Obviamente hay variaciones y determinadas técnicas, pero no son las que más utilizan estas jugadoras amateur. En parte por eso no son tantas jugadoras sino solo diez, porque buscamos que no tuvieran antecedentes de profesionalismo. Estas diez jugadoras tenían practicando menos de dos años”, explica José.

“Así que hubo una serie de situaciones, condiciones, características del deporte, y la posibilidad y la llegada que teníamos gracias a que Ana era la entrenadora del equipo, que nos llevaron a trabajar con estas jugadoras de handball”, resume.

La elección del grupo de control, es decir, de las personas que no practicaran de forma amateur un deporte de manera de que, en caso de encontrar diferencias en el funcionamiento de sus redes cerebrales pudieran deberse al deporte y no a otras variables, es realmente original. Vamos a eso.

Invitando a hacer ciencia

Al leer el trabajo, es claro que la forma en que seleccionaron a las no deportistas a participar en el trabajo fue bastante llamativa: “Para controlar variables sociodemográficas como educación, nivel socioeconómico y edad, se pidió a cada jugadora que invitara a una amiga cercana sedentaria que cumpliera los siguientes criterios: ninguna actividad física regular durante al menos dos años, ser diestra, tener un nivel educativo equivalente, una diferencia de edad menor a 18 meses y un carnet de salud válido”.

¿Cómo se aseguraron de que fueran sedentarias? Les aplicaron un cuestionario validado al respecto y las diez que terminaron participando en el trabajo entraron en la categoría “baja actividad física o sedentaria”, mientras que ninguna quedó en las categoría “moderada” o “alta actividad física”. Por ejemplo, ninguna de ellas practicaba actividad física intensa, mientras que la media de actividad moderada fue de 80 minutos semanales y la de estar sentadas 555 minutos al día. Más allá de eso, esto de pedirle a cada jugadora que trajera a una amiga sedentaria resulta muy nuestro, muy uruguayo, muy de proximidad.

“Eso surgió de la experiencia que traemos haciendo investigación. Algunos trabajos tienen un sesgo ya desde entrada, por ejemplo, los que estudian diversos aspectos en deportistas de élite realizando tareas del deporte en comparación con personas que ni siquiera practicaron ese deporte. En ese contexto es obvio que el atleta va a ser más eficiente en esas tareas. O se toman atletas de élite, que en lugares como Estados Unidos o Alemania todos los atletas son universitarios o han pasado por las universidades, y los comparan con personas comunes que pueden tener otro nivel de estudios o que no practican el deporte”, comenta José.

“Nosotros tratamos de tener una base que fuera lo más pareja posible, lo más horizontal. Al pedirle a cada deportista que invitara a una amiga sedentaria que tuviese el mismo nivel educativo que ella, garantizamos que hubiera un nivel educativo similar. Si la jugadora de handball iba a la universidad, tenía que traer a una amiga universitaria. Si tenía una maestría o un posgrado, la amiga tenía que tenerlo también”, explica. “La condición socioeconómica la allanamos también al apelar a los círculos cercanos de las participantes. Solemos estar con gente que es similar a nosotros, por lo que los círculos de las mitades suelen ser bastante homogéneos”, agrega.

“Así que reclutar a las personas sedentarias de esta forma fue como una garantía para buscar deportistas y personas sedentarias donde esos aspectos fueran lo más homogéneos posible. Eso nos permite decir que el grupo de unas y otras es parecido”, sostiene. Aun así, fue una apuesta no exenta de riesgo.

“Pensamos que los revisores de la revista, que es del reconocido grupo Springer Nature, nos iban a dar palo por esto. Pero no. En una de las primeras revisiones nos reconocieron que el método les pareció novedoso y particular, e incluso nos alentaron a seguir usándolo”, comenta con cierta satisfacción José.

Grafos de redes cerebrales de mujeres sedentarias (nodos naranjas) y jugadoras amateur de handball (nodos azules). Tomado de Meléndez et al. 2026

Grafos de redes cerebrales de mujeres sedentarias (nodos naranjas) y jugadoras amateur de handball (nodos azules). Tomado de Meléndez et al. 2026

Otro tema que podría haber cosechado objeciones es el del número de participantes: con diez deportistas y diez personas sedentarias, alguien podría llegar a decir que los datos serían pocos. Pero la cosa no es así.

“El detalle que le da una potencia estadística altísima a este trabajo es que se realizaron medidas repetidas. O sea, cada una participó en cinco tareas, que se repitieron cinco veces, en las que se realizaron electroencefalogramas. A su vez, cada una de esas cinco veces, cada una de las cuales duraba 10 segundos, se dividió en ventanas de 2,5 segundos, que a su vez se solaparon, de manera que totalizaron 250 ventanas”, explica José. “De esa manera se obtuvieron 2.500 mediciones de las diez participantes deportistas, a las que se sumaron otras 2.500 mediciones de las sedentarias. De esa manera fueron como 5.000 fotografías de la actividad eléctrica cerebral las que estábamos viendo, lo que ayuda estadísticamente. Por otro lado, después de analizar los datos obtuvimos efectos del tamaño de la muestra considerablemente altos”, redondea.

¿Qué pasó? Cerebros con redes enriquecidas

En el trabajo aparece un gráfico con cerebros rosados, en el que se muestran algunos de los resultados. Presentados de a pares, a la derecha se ven cerebros con los 14 electrodos pintados de naranja, que corresponden a las mujeres sedentarias, y a la izquierda pintados de azul, que representan las mediciones de las deportistas amateur. En ambos casos se muestra con líneas blancas cómo se conectaron los 14 puntos al realizar cada tarea motora. Es obvio que el trabajo hay que leerlo, pero el gráfico es muy elocuente. En cada una de las pruebas los cerebros de las deportistas amateurs son atravesados por muchas más líneas blancas, lo que grafica el mayor trabajo en red de cada uno de los nodos. Así, de un rápido vistazo, cualquiera puede ver que hay diferencias entre los dos grupos. El deporte, al menos a nivel de riqueza de las conexiones entre distintas partes del cerebro, está causando algo.

“No solo el deporte, sino el deporte amateur”, remarca José. Lo que dice es importante. Estos cambios podrían darse (y beneficiar) a cualquier persona que logre hacerse un hueco de una hora unas tres veces por semana. Tal vez con dos también. “Aunque sea para jugar un fútbol 5 o algo”, comenta José. Y recordemos que estos efectos se ven en unos pocos meses.

“No quisimos enredar más el panorama, pero muchas de estas jugadoras tenían ocho o siete meses practicando. La que llevaba menos tiempo tenía seis meses, y las que más no pasaban de dos años, así que tampoco eran jugadoras amateur de toda la vida. Y con esos meses de práctica, ya se ven estas cosas”, destaca José.

“Para siguientes trabajos hemos pensado incluir variables como la calidad de sueño antes y después de los partidos y de los entrenamientos, estados de ánimo, manejo del estrés, depresión, etcétera. Todas variables relevantes, ya que al ser deportes de grupo, tienen un componente social importante. La amistad, eso de que nos vemos luego de que terminamos el partido o la práctica y hablamos un rato, que uno trae problemas que se diluyen dentro del partido, o que se pueden compartir, etcétera”, agrega José, graficando ese interés por alejarse del reduccionismo y empezar a hacer cruces entre distintos aspectos.

Mejorando más allá del gráfico

Una imagen vale más que mil palabras. Mmm. No estaría tan seguro. Así que ahora en menos de mil palabras tratemos de aclarar en qué métricas y de qué manera se obtuvieron datos como para afirmar que este deporte, aun practicado de forma amateur unas pocas horas a la semana, cambia cómo se conecta y cómo trabaja el cerebro o, como dice el artículo, “influye en la organización y la eficiencia de las redes neuronales”.

En el trabajo señalan que los análisis de datos recogidos por los electrodos “se centraron en las conexiones intra e interhemisféricas más relevantes, así como en parámetros de teoría de grafos”, entre ellos “la longitud de camino promedio, el coeficiente de agrupamiento, mundo pequeño, la centralidad de grado y la densidad de conexiones interhemisféricas”. Son todos “parámetros que capturan aspectos clave de la complejidad, la eficiencia y la integración de la red” cerebral.

“Una de las variables que medimos fue la longitud de camino promedio entre los nodos. Esta métrica de la teoría de grafos nos dice cuán eficiente es la comunicación entre los distintos nodos”, explica José. ¿Qué pasó según el artículo? “La reducción en la longitud de camino promedio observada en las redes de las jugadoras indica una organización más eficiente de la red global. Esta característica sugiere una transferencia de información optimizada entre regiones corticales distribuidas”, reportan. Gol de las handbolistas.

“Otra variable, la del coeficiente de agrupamiento, atañe a cómo se especializan ciertos sectores para resolver una tarea. Eso también da eficiencia y mejora el manejo de recursos”, explica José. Las handbolistas anotaron de nuevo: también en ese caso obtuvieron mejores métricas.

“Otra métrica, más conocida tal vez, es la del mundo pequeño. Es la que surgió de un experimento en el que se postuló que en seis pasos o grados, podemos llegar a cualquier persona”, agrega José. Según esto, cualquiera de nosotros podría llegar a través de seis personas a Ruben Rada, o Leo Maslíah, o el presidente Orsi, si indaga entre sus conocidos, indagando estos entre los suyos y así. De allí es que haya “seis grados de separación” entre dos personas cualesquiera. “En este caso lo aplicamos a cada nodo y nos muestra cómo los nodos se comunican. Cuanto más pequeño es ese coeficiente, que va de 0 a 1, hay una mayor eficiencia. Si esa red se conecta más rápido, puede decidir más rápido, hay más flujo de información, y mayor información, en este contexto cerebral, lleva a decisiones más ricas y más complejas”, dice José. ¿Qué marca el tanteador? Tercer gol para las handbolistas: objetivaron coeficientes significativamente más bajos que las contrapartes sedentarias.

“Otro parámetro que medimos fue la centralidad global, que nos habla en cierta manera de la sumatoria de la importancia de cada nodo en la red. Cuando hay centralidades bajas, quiere decir que es muy probable que haya pocos nodos hubs, es decir, nodos muy importantes en la red. Si hablamos del transporte entre Montevideo y el resto del país, Tres Cruces sería un hub. Ahí llegan todos los extraurbanos, pero si cerramos Tres Cruces el país queda incomunicado, se acaba el transporte terrestre. Si en cambio tuviésemos seis Tres Cruces, aunque cerrarámos uno, el transporte no colapsaría”, pone de ejemplo José.

“La centralidad de grado nos habla de eso. Si tenemos un montón de hubs, si una segunda tarea ocupa uno de esos nodos, quedan otros más trabajando para resolver la tarea. Es decir, mientras mayor centralidad de grado y que esta esté distribuida en varios nodos hubs, sugiere que la red es más robusta, es más flexible, porque no depende de un solo punto central, sino de muchos. Puedo quitarle uno o dos y va a seguir siendo igual de eficiente. En cambio, si tengo una centralidad global pequeña, a menudo quiere decir que en esa red solo tengo uno o dos nodos importantes. Si los bloqueo o los recargo de tareas, colapsa toda la red”, prosigue. ¡Cuarto tanto de las deportistas! La centralidad de grado también obtuvo mejores métricas en ellas.

“También medimos la densidad interhemisférica, que es cómo los hemisferios se comunican, algo que se ha asociado a la neuroplasticidad, a cómo se reorganiza el cerebro para adaptarse al estrés, a cambios, a tareas nuevas”, dice José. Quinta anotación: en el trabajo también reportan que las deportistas amateur tenían más densidad interhemisférica.

Todo este apartado se desarrolló en apenas 648 palabras. ¿Les quedó algo más claro que viendo solo la imagen de los cerebros? En caso afirmativo, entonces, marquemos un tanto para este humilde servidor.

Ciencia que dispara más ciencia... y salud

Como señalan en el texto, saber que se da esta mayor conectividad entre los hemisferios y estas buenas métricas relacionadas con la teoría de grafos al practicar un deporte de forma amateur podría tener un papel en promover la salud cerebral: “Los hallazgos resaltan el potencial de los deportes recreativos como moduladores de la organización de la red cerebral, enfatizando su relevancia para las estrategias destinadas a mantener o mejorar la salud cerebral”.

El tema es relevante en el contexto de mayor longevidad, envejecimiento de la población y el avance de enfermedades neurodegenerativas. Si el deporte es salud, esa salud también podría implicar al cerebro.

“Totalmente. De hecho, el proyecto de maestría de una de las coautoras de este trabajo, Dinorah Plada, está volcado hacia los adultos mayores. Está planteado hacer registros electroencefalográficos mientras realizan diferentes tipos de juegos, de mesa, de habilidad motriz, tradicionales uruguayos, etcétera, y analizar la respuesta neuronal y su correlato en el desarrollo de las funciones ejecutivas. Si hay una mejora de las funciones ejecutivas sería un impacto en la calidad de vida, sobre todo en esas edades en las que el estímulo se va perdiendo, se van perdiendo muchos roles, y esas pérdidas van haciendo a un lado al abuelo o la abuela, y acelera su deterioro cognitivo”, adelanta José. Lo que dice me lleva a una pregunta que surgió al leer el trabajo.

Este enriquecimiento de las conexiones que ven, ¿es permanente o se pierde? Si estas jugadoras dejaran de practicar handball y les realizáramos las mismas pruebas en un par de años, ¿sus grafos serían más similares a los de las mujeres sedentarias? El cerebro es extremadamente cambiante. La pregunta entonces es si esto que se gana al practicar un deporte se pierde al dejar de hacerlo.

“Lo que dice la teoría, por antecedentes, es que se pierde. Una de las debilidades grandes, sobre todo en trabajos con personas, es lo longitudinal de los estudios. Si haces una revisión rápida, te vas a encontrar con un porcentaje bien grande de trabajos longitudinales que llegan hasta los seis meses. De ahí en adelante, los trabajos longitudinales son más escasos”, dice José, que se entusiasma con la posibilidad de hacer un seguimiento a estas jugadoras. “Estaría buenísimo porque hasta ahora eso se ha caracterizado poco. Sin embargo, se basa en el principio de economía biológica, de que si no usas una estructura o una habilidad, es altamente probable que la pierdas, se atrofie o desmejore”, afirma.

Le digo que la idea de la nota no es titular “practicar deporte tres veces por semana te va a dar un supercerebro”. Pero sí podemos decir que hay un beneficio de practicar un deporte de forma habitual en el funcionamiento del cerebro, un beneficio que contribuye a la salud cerebral, por lo que hacer deporte no es solamente practicar una habilidad o un grupo de músculos, no es solamente ganar o perder en una competencia.

“Tal cual. Hay que ser cuidadoso y diferenciar la salud mental, que es una cosa, y la salud cerebral, que es distinta, si bien en algún momento se tenían como lo mismo. Obviamente cuando la salud cerebral se deteriora, también lo hace la mental. Y viceversa. En este caso nosotros tenemos evidencia del impacto del deporte amateur en la salud cerebral”, afirma José.

“Podríamos pensar que gente que hace una actividad junta, en un entorno social, que se relaja, comparte cosas, podría ver afectada, para bien, también su salud mental, pero en este trabajo no medimos eso”, lanza. Y tienen planes al respecto. “En algún momento está planteado hacerlo, estamos intentando abarcar más variables y una red más grande, que a los nodos cerebrales le sume el cómo te sientes, cómo respiras, cómo te percibes, tu estado de ánimo, además de nodos de otros sistemas corporales que integren esa red más grande y nos den una visión un poco más global de lo que somos y de cómo nos percibimos, dentro de un conjunto, como individuos. Eso es lo que estamos intentando”, aventura.

“Suena medio loco y enredado, pero le estamos dando forma a esa idea porque creemos que es el modo en que tenemos que ir haciendo ciencia, integrando las cosas. Vamos a ver cómo nos va, cuántos cabezazos nos damos, pero ese es el reto que nos hemos propuesto”, redondea José. Por lo pronto, bien pueden festejar el golazo que marcaron con esta publicación. Un gol que aún es más dulce cuando José anuncia que en un inminente artículo mostrarán que estas mejoras en conectividad y eficiencia de la red neuronal se traducen en mejor desempeño en algunas pruebas cognitivas. Pero de ese gol hablaremos más adelante. Ahora aplaudamos al equipo por este maravilloso trabajo.

Artículo: Theta band brain network reorganization in recreational female athletes: A graph theory analysis
Publicación: Sport Sciences for Health (enero de 2026)
Autores: José Meléndez, Ana de los Santos, Facundo Hernández y Dinorah Plada.