Este miércoles se llevó a cabo el remate judicial de la bodega Irurtia, el centenario y emblemático establecimiento productivo de Carmelo, a cargo del martillero José Ignacio Borrazás.

La subasta, sin precio de base, se desarrolló en la propia bodega, que en los últimos años atravesó complicados momentos financiero que la condujeron al cierre.

La empresa estuvo activa hasta el año pasado, funcionando también como un establecimiento dedicado al enoturismo.

Finalmente, el comprador fue el Banco República (BROU), que pagó 750 mil dólares. Esa entidad bancaria era el principal acreedor de la bodega carmelitana, que cuenta con seis galpones, cavas, bodega, cámaras de frío y una planta embotelladora y de almacenaje con capacidad de 8,4 millones de litros. Fuentes del BROU explicaron la diaria que ese organismo adquirió a la antigua bodega porque “el banco defiende sus créditos en los remates”, y que “es muy habitual hacerlo cuando en los remates los precios no reflejan los valores de mercado”.

En total, son 7.800 metros edificados, en un área de 6,5 hectáreas. Además, el establecimiento cuenta con un muelle sobre el arroyo de Las Vacas.

Marcelo Irurtia fue el último integrante de la familia en gestionar ese emblemático establecimiento vitivínicola de Carmelo.