La silueta entre el humo de una corona de inciensos en los ojos claros de Joe Buck, la mujer indígena en pleno ritual curativo, la mugre y el sudor de Ratso Rizzo, sus bolsillos llenos de comida y algunos dólares robados, y la música de Elephant’s Memory de fondo en la célebre escena de la película Midnight Cowboy (John Schlesinger, 1969) nos pueden conectar de inmediato con la densidad y la fuga del sonido de este nuevo trabajo de Los Nuevos Creyentes. Podríamos ir mucho antes, hasta llegar a la noche del primer ritual con fuego encendido y golpes repetidos sobre una superficie, capaces de provocar en el cuerpo movimientos bruscos, de marioneta.

O quedarnos en los 60, un poco antes del descalabro y la muerte, con el entusiasmo de la electricidad y la juventud que se sentía libre y distinta, aún más distinta que otras juventudes cercanas, y abierta a experimentar con los sentidos a través del arte y la comunión del rock.

Con el EP Los Nuevos Creyentes (2015) la banda se presentó en sociedad como un grupo de devotos del rock psicodélico y de garaje, con las credenciales suficientes como para enchufar sus instrumentos y estar a la altura de sus antecesores. Sus canciones vintage pero de fibra viva rápidamente entusiasmaron al público local y, de boca en boca, corrió el rumor sobre unos pibes que podían hacer verdadero rock, especialmente en vivo.

El cantante y guitarrista Matías Singer, tras sus experiencias con Culpables, Luzmala y Matías Cantante y Los Extraterrestres, consiguió redondear una banda con Zelmar Borrás (guitarra), Rodrigo Gils (bajo), Santiago Bogacz (teclados), Carlos Priario (batería) y Diego Prestes (percusión y coros).

En 2017 lanzaron El sonido de Los Nuevos Creyentes, su primer larga duración y uno de los mejores discos uruguayos de la década, aclamado por sus viejos y nuevos fans, y por la prensa especializada.

Planta Musical parece continuar la senda de su antecesor, pero luego del primer minuto con 19 segundos de “Tatuaje en la luna” parte hacia un lugar menos conocido, cuando las guitarras se cruzan y le dan la bienvenida al resto de los instrumentos en un punto en común y sin regreso. Singer corta versos con machete y canta: “Jugando con hechizos que esperabas de nosotros...” y desaparecen el vidrio filoso, las marcas de whisky en filas, los cigarros y adoquines.

El viaje podrá recordar a Jefferson Airplane y a los primeros Pink Floyd. La música acompaña una especie de desprendimiento, algo de lo corporal hecho humo y vuelto a nacer en una especie viva y mutante que explora un pantano, entre asustada y desafiante al principio, y luego, celosa del lugar que hizo propio.

En “La mujer lagarto” la banda incrusta cada nota, como ladrillos de una casa improvisada sin revoque, para que un rock garaje de apariencia simple logre, al mismo tiempo, sensaciones de monstruosidad y belleza, con un sonido contagioso y extraño.

Vuelven sus jinetes del apocalipsis en “Tropicanna”, seducen con formas reconocibles de la realidad, y amenazan con romper la burbuja con una galería de espejos insalvable. Para “Momia Robot” se acompañan con go go dancers y atraviesan el desierto, enérgicos y en pleno festejo, en un oasis de colores, ajenos a cualquier peligro circundante.

El punto más alto del disco se llama “La poción de todos los días”, una invitación a darse la mano y “salirse del plan”. Una cátedra sobre cómo crear un clima sublime y etéreo, mientras te llevan, con eterna lentitud, directamente al infierno.

Planta Musical, de Los Nuevos Creyentes. Butterfly Records, 2021. Disponible en plataformas.