En una esquina de la Ciudad Vieja de Montevideo, cada noche, despierta un espacio cultural alternativo, autogestionado y sostenido en forma colectiva por un grupo de jóvenes artistas. Se trata de Ensayo Abierto, cuyo objetivo principal es apoyar actividades y expresiones artísticas en un lugar en que el recurso principal es el potencial creador. Ensayo Abierto ofrece teatro (muchas veces a la gorra) y un espacio para el encuentro, con comida –vegana– y bebida.

En esta oportunidad presenta la obra No vinimos a irnos, de Sebastián Calderón. Una historia que podría enmarcarse en la estética del realismo mágico del siglo XX, en la medida en que el relato profundiza la realidad a través de lo mágico que esta desprende.

La puesta en escena es naturalista: nos presenta una casa acondicionada con muebles de los años 60, y a dos hermanos –Isaías y Edwarda– que instalan un conflicto vinculado a la subsistencia que, en principio, no sorprende. Los personajes hablan de las dificultades que tienen para producir sus alimentos, mientras se va instalando una extraña relación entre ese problema y un suceso del pasado, ligado a la casa. A medida que avanza la historia comprendemos que los hermanos están unidos a esa casa por un secreto, obligados a cargar con deudas familiares que les ha impuesto la vida. En este caso, un misterio conectado con el abuelo.

La llegada de Julia y Walter, dos visitantes que, a modo de turistas, quieren –o necesitan– experimentar los hechos misteriosos ocurridos en el lugar, va desentrañando un nivel más complejo en el que descubrimos que el personaje principal es la casa. Ella tiene su propia existencia, y cierto poder de comunicarse con algunas personas, preparándolas para que puedan dar el salto a un lugar y a un tiempo del que nada se sabe. Este parece ser el objetivo de la historia, que amplifica las expectativas del público con habilidad. En el fondo, nos sitúa en esa eterna búsqueda humana de respuestas inalcanzables.

La casa se transforma así en una puerta transdimensional que sólo se activa si la persona adecuada está en línea con lo que necesita.

La obra no responde a las incógnitas, no pretende hacerlo: deja abiertas todas las posibilidades para que sea el espectador quien lo haga, provocando su capacidad imaginativa.

Los personajes están a cargo de Federico Martínez, Paula Rodhe, Gustavo Kreiman y Vittoria Robano. Los cuatro jóvenes actores se entregan al juego de la obra con absoluta ductilidad. Tienen la capacidad de introducir al espectador en la historia gradualmente, hasta provocarlo, asombrarlo y por momentos llegar a incomodarlo, ya que no logra desentrañar qué sucede o por qué. Para ver esta pieza debemos suspender nuestra racionalidad y dejarnos atrapar por la extraña propuesta del dramaturgo.

No vinimos a irnos se realiza en el marco del Programa de Dirección Escénica 2020 del Goethe-Institut Uruguay y cuenta con el apoyo del Instituto Nacional de Artes Escénicas.

No vinimos a irnos. Escrita y dirigida por Sebastián Calderón. Jueves, viernes y sábados a las 21.00. En Ensayo Abierto, Piedras 599. Localidades: $ 350. Por reservas: [email protected]