Andrés Lima, director de la versión de Edipo Rey que va por sus últimas funciones en el teatro Solís, escribe en el programa de la obra: “¿Hasta qué punto nos conocemos a nosotros mismos? La pregunta la hace Sófocles y sigue hoy temblando en nuestras cabezas. No quiero desvelar el final de Edipo, pero posiblemente lo mejor de este cuento es que sabemos cómo acaba. A partir de ahí lo que más nos atrae es saber cómo sucede”.

Lo que afirma el director español es una de las claves del trabajo de los grandes clásicos de la Antigüedad, quienes por regla general trabajaban temas con una trama que transcurría en un pasado mítico que el público conocía. Esto permitía que el centro de la actividad del “espectador” fuera, como indica la profesora Virginia Erhart, “apreciar el aspecto puramente formal de la obra para establecer comparaciones estimativas acerca de la manera en que los distintos dramaturgos habían encarado una misma situación”. Esos dramaturgos tomaban una anécdota conocida por el público pero “con el propósito de ofrecer al auditorio un adecuado espejo en el que podían hallarse reflejados defectos, vicios o aun virtudes de su propia época”.

Si los trágicos trabajaban con un “cuento” conocido por la platea y su elaboración personal era lo que generaba interés, 2.500 años después esa tarea queda en manos de la dirección y su equipo. Edipo Rey, tragedia considerada ejemplar desde Grecia, narra una historia que ha trascendido los ámbitos teatrales y se ha convertido en una de las claves de investigación de la subjetividad humana. Sin recurrir a elaboraciones psicoanalíticas y ciñéndose básicamente al texto de Sófocles, la indagación introspectiva parece ser el principal interés de Lima, como señala en el programa retomando la pregunta de Sófocles.

Para subrayar esa indagación de Edipo sobre sí mismo Lima ofrece un personaje que comienza, a partir de una reelaboración de Séneca, preguntándose sobre si no será él el responsable del mal que atraviesa su pueblo. “¿Se halla feliz el rey en su trono?”, se pregunta el Edipo de Séneca, y continúa: “Si en la desolación de esta comarca, en medio de su gran dolor y de los funerales que renacen sin cesar, yo permanezco de pie [...] Soy yo quien envenena el aire que se respira aquí”.

Más allá de ese énfasis inicial a partir de Séneca, el resto del texto, en versión de Lima y Andrés Sanzol, se remite a Sófocles, algo quizá extraño en tanto la propuesta de la Comedia Nacional para esta temporada era ofrecer “nuevos clásicos”. La lectura de Lima, entonces, es acentuar ese carácter introspectivo de Edipo, quien no vacila en profundizar una pesquisa que paso a paso lo lleva a condenarse a sí mismo. Para subrayar esta búsqueda interior parece clave la utilización de la cámara que proyecta los primeros planos de un Edipo que se debate entre su responsabilidad como rey y la sospecha de su propia culpa. Aquí el trabajo de Fernando Vannet se vuelve impactante, ofreciendo un monarca que llega al exceso y pretende condenar inmediatamente a quienes considera que lo desvían de la verdad.

Dionisos

Otro elemento notorio es el carácter por momentos “dionisíaco” de la versión. Como se sabe, Nietzsche subraya dos “pulsiones” que en equilibrio componen la tragedia. El impulso dionisíaco tiene que ver con la embriaguez, lo orgiástico, el diluirse la individualidad en el colectivo dominado por el espíritu musical, mientras que lo apolíneo representa la proporcionalidad y la racionalidad que en su forma cumbre se expresa en las artes visuales y la escultura. Del equilibrio de esos planos surge la tragedia. Nietzsche, en El nacimiento de la tragedia, criticaba a Eurípides al expulsar, con el coro, el componente dionisíaco de la tragedia. Para él, Sófocles es quien da el primer paso para que sea Apolo el que domine la tragedia nacida para honrar a Dionisos.

Si miramos con atención la versión de Lima, y más allá del aporte musical de Santiago Marrero, hay un trabajo plástico y coreográfico del coro que en algunas escenas remite directamente a la embriaguez, a ceremonias orgiásticas y a cultos “primigenios”. La “dialéctica” entre lo apolíneo y lo dionisíaco parece establecerse, en este caso, cada vez que un coreuta se individualiza y forma parte de los diálogos, para volver al coro y diluirse nuevamente.

Este énfasis en el coro, que también subraya el enjuiciamiento de la ciudad a su rey, fue posible, indica el director, gracias a las posibilidades que le proporciona el elenco de la Comedia. En declaraciones a Javier Alfonso, de Búsqueda, Lima señaló: “Basé el montaje en la idea del coro, en la idea de lo colectivo, y se lo debo a los actores”.

Edipo cuenta también con un majestuoso diseño escenográfico de Gustavo Petkoff que juega con la perspectiva para dar idea de profundidad, quizá también indicando la distancia entre la superficie consciente y las pulsiones que permanecen hundidas en el inconsciente. En definitiva, estamos ante un gran espectáculo de la Comedia Nacional que continúa demostrando la plasticidad de los clásicos para seguir interpelándonos.

Edipo Rey, de Sófocles, en versión de Alfredo Sanzol y Andrés Lima. Dirección Andrés Lima. De jueves a sábado a las 21.00 y domingo a las 19.00 en el teatro Solís. 90 minutos. Entradas desde $400 a $500. Jueves populares $ 250. 2x1 para Comunidad la diaria.