El cineasta húngaro Béla Tarr, frecuente colaborador del más reciente nobel de Literatura, su compatriota László Krasznahorkai, murió este martes en Budapest, a los 70 años. La muerte llegó “después de una larga y seria enfermedad”, según confirmó la Asociación de Artistas Audiovisuales de Hungría en un comunicado. “Su familia pide comprensión de parte de la prensa y el público, y que no se contacten con ellos en busca de declaraciones durante estos días difíciles”.
Comenzó a filmar a los 16 años, cuando contó la vida de trabajadores gitanos en una película amateur. Su primer largometraje “oficial” llegaría en 1977 con Nido familiar, filmado en el blanco y negro que lo acompañaría para siempre, con actores no profesionales y en apenas seis días. Fue uno de los pioneros del “cine lento”, de largos planos secuencia, como lo demuestra una de sus obras más famosas, Sátántangó (1994), que durante siete horas y media muestra la caída del comunismo en Europa del Este a través del abandono de una granja colectiva en Hungría.
La película adaptaba la novela homónima de 1985 de Krasznahorkai y fue coescrita entre ambos. El novelista contó que la propuesta de filmar Sátántangó le llegó un día en el que Tarr golpeó la puerta de su casa a poco de despertar con una importante resaca. Le dijo que no, que jamás volvería a escribir, pero el director insistió y le dijo: “Mirá mis películas y vas a entender por qué quiero adaptar tu literatura”.
“László es un gran escritor y no sabe casi nada de cine, pero en nuestra relación de trabajo los dos hablamos sobre la vida, sobre la naturaleza humana, sobre lo que vemos en la calle, alrededor de nosotros”, había dicho en 2018 a El Comercio. “Él observa todo eso y lo transforma en una novela. Y yo luego debo transformar eso en un lenguaje diferente, pues la literatura y el cine son lenguajes totalmente distintos. Es su lenguaje y mi lenguaje”.
Con el nobel ya habían trabajado juntos en el guion de La condena (1988) y continuarían haciéndolo en obras como Las armonías de Werckmeister (2000), que adaptaba la novela Melancolía de la resistencia, y hasta el último de los 11 largometrajes de Tarr, El caballo de Turín (2011). En ese momento anunció que no volvería a dirigir y se había enfocado en la docencia.
Entrevistado por The Guardian en 2024, Tarr había negado el rótulo de “pesimista” que se le atribuyó durante años. “Si sos realmente pesimista, subís a la azotea y te colgás, ¡no te levantás a las cuatro de la mañana y vas al campo a filmar! Solamente pregunto una cosa: ¿cómo se sintieron cuando salieron del cine después de ver mi película? ¿Se sintieron más fuertes o más débiles? Esa es la gran pregunta. Quiero que sean más fuertes”.