“Al igual que el blues en Estados Unidos, la samba en Brasil, la rumba en Cuba y la plena en Puerto Rico, el candombe, la música afrodescendiente de Uruguay, alguna vez fue vilipendiada, marginada e incluso prohibida, pero logró perdurar”, arranca la nota del periodista brasileño Tiago Rogero, de visita por Montevideo en su rol de corresponsal para América Latina del periódico británico The Guardian.

El reportaje, con numerosas imágenes de la fotógrafa uruguaya Mariana Greif, mezcla la crónica de noches de candombe en la capital oriental y se nutre de los testimonios de sus referentes y protagonistas para contar su historia y poner en perspectiva su evolución e influencia en la sociedad uruguaya.

“Antes confinado a los barrios negros de la capital, Montevideo, los grupos de candombe se han extendido a todas las regiones del país sudamericano de 3,5 millones de habitantes, de los cuales el 10% se identifica como afrouruguayo”, sigue el artículo, que encuentra una novedad didáctica en la aparición del proyecto Rueda del Candombe.

La notoria popularidad de su propuesta escénica al aire libre, que este lunes volvió a convocar a unas 2.000 personas en una tardenoche de la plaza España, llamó la atención del cronista, que conversó con sus integrantes, entre ellos el cantante y percusionista Claudio Martínez. “Creo que estamos en un punto de inflexión”, reflexiona el músico uruguayo sobre el inédito alcance de los tambores chico, repique y piano.

Rogero rememora los siglos XVIII y XIX, cuando el candombe se tocaba “en secreto” dentro de los hogares de las familias de raíz afro o en desfiles regulados por las autoridades de turno. “Una forma de evitar las quejas de los vecinos era practicar justo fuera de la muralla de la ciudad, muy cerca de donde ahora actúa Rueda de Candombe”, apunta el cronista, y Martínez añade: “Es una locura, porque cuando mirás alrededor te das cuenta de que en este mismo lugar estamos bailando, cantando y disfrutando con algunos de los nietos y bisnietos de quienes nos denunciaban desde dentro de las murallas”.

En las canciones de Taracá, el nuevo disco de Jorge Drexler –a quien tipifica como “unos de los artistas más importantes de Uruguay y recuerda su premio Oscar de 2005–, Rogero también encuentra razones para fundamentar un cambio a favor en el crecimiento del ritmo ancestral. En ese sentido, testigo privilegiado del material del álbum que verá la luz el próximo viernes 13 y en el que abunda en la sonoridad afrouruguaya (en gran medida por la participación especial de la Rueda de Candombe), el periodista también dialogó con Drexler e incluyó en su nota un relato narrado por el músico en su canción “Ante la duda baila”, que da cuenta de la prohibición de los bailes de candombes y tangos, en 1807.

La nota también se apoya en los aportes del historiador Tomás Olivera Chirimini y no olvida a Ruben Rada como gran impulsor del género musical. Sobre el final del artículo aparecen agudas y oportunas miradas de la cantante y activista social Chabela Ramírez y su hijo, el músico Diego Paredes, integrante de la Rueda de Candombe y, al igual que su madre, de la comparsa Valores. “Si bien heredamos la espiritualidad, el swing y la fuerza de nuestros antepasados, también heredamos la pobreza. Así que cuando aparece un empresario, claramente, no es negro”, remarca Paredes. “El candombe se ha expandido enormemente en los últimos años, lo que me hace muy feliz, porque crecí en un país donde se lo miraba con profunda discriminación”, dice Ramírez, y acota: “Uruguay sigue siendo un país racista”.

Por su parte, luego de recorridas por Ciudad Vieja, Barrio Sur, Parque Rodó y otras zonas de la capital, a Rogero no se le escapa que Palermo –al que reconoce como uno de los barrios afrouruguayos más tradicionales–, “en medio de la gentrificación, se está volviendo cada vez más blanco”.