Nacida en Sarandí Grande en 1968, Marianella Morena se formó como actriz en Uruguay, Argentina, Francia y Polonia. Obtuvo el Premio Molière y fue becada por el Instituto Goethe en Berlín. Se la ha asociado a Mariana Percovich, Sergio Blanco y María Dodera por su interés en reformular mitos occidentales desde nuestro presente. En ese concepto se enmarcan su Don Juan, el lugar del beso, de 2005, y Antígona Oriental, de 2012. Diez años después comienza a gestarse Yo soy Fedra una verdadera masterclass de Noelia Campo, más allá de los premios no otorgados.

Estrenada en 2022, la obra vuelve en el marco del ciclo Ellas en la Delmira, porque sigue teniendo cosas que decir. Según su autora, trata de “la voz de una mujer atravesada por el desamor y el peso de no ser joven en un mundo bombardeado por la presión de la eterna juventud y su estética tiránica”. Morena se pregunta qué pasaría si nos empoderamos de una vez, y su respuesta es que eso llevaría al quiebre de innumerables empresas dedicadas a convencernos de qué cuerpo es el que debemos tener para ser felices e incluso para acceder al placer sexual.

En una cultura en la que no está bien visto decir que estamos tristes, según Morena, en la que no compartimos nuestros fracasos amorosos, parece que solo podemos confesar una enfermedad que no nos permite levantarnos de la cama de tanto dolor si un psiquiatra diagnostica una depresión.

La puesta de Marianella Morena es sumamente riesgosa. La honestidad brutal y la intensidad de la actuación para 20 voyeurs expectantes atrapados en el dormitorio de Fedra entre frazadas y almohadones parecen querer enrostrarnos verdades para hacernos despertar. “Cada artista define, elige y decide en determinado momento por qué un lenguaje y no otro”, dice la directora. “Sentí que era la única manera de generar una experiencia de empatía con Fedra. Darnos cuenta que de ella también fui yo o soy yo. Que todas hemos atravesado alguna vez un duelo que nos partió el corazón y que eso no está mal. Que la entrega de vivirlo es también un privilegio: quien no se entrega no ama”, remata, casi abrazando a João Gilberto y su versión de “Insensatez”.

“La cercanía genera un nuevo pacto, fuera del artificio teatral, y construye una conexión. Las artes escénicas todavía tienen ese poder sobre el ser humano: lo inmersivo es formar parte; sos público y no, sos imprescindible para completar el relato de la obra. Fedra aparece dominada por el sentimiento y no puede con eso. La pelea es hacia afuera, dice su autora, pero también consigo misma. Están allí su despecho, su ira, la venganza, el duelo anulado. Cuando no aceptamos la tristeza, cuando no aceptamos que perdimos, la ira y sus demonios se abastecen de nuestra naturaleza y nos ponen de rodillas”, agrega Morena.

Foto: Lucía Silva Musso

Foto: Lucía Silva Musso

“La maternidad sigue siendo una trampa mortal para muchas mujeres, y ni que hablar de un sistema que no favorece la posibilidad de desarrollarte como profesional y maternar a la vez. Creo que nadie debería estar condenado por un mandato de su época”, dice Morena.

Entonces Hipólito entra en escena. Se trata de Lautaro Moreno, músico e hijo de Marianella. Lautaro participó en el proceso de ensayos, formó parte de la evolución y la composición de las canciones que entona junto a Noelia Campo. Su madre atendió al vínculo entre ambos. “Me gustó ese lugar híbrido que se generó, donde el único sustento de comunicación era la música, como si el mundo de la palabra no fuera suficiente. Estar y no. La presencia como ausencia. La química entre ambos fue inmediata y eso facilitó las cosas. Ella es una actriz increíble, con una capacidad y una generosidad poco común. Y Lautaro tiene una candidez escénica muy potente, cierta ingenuidad que colabora con lo que la trama acentúa, y su disposición para las necesidades narrativas ensancha el relato de Hipólito. Es la primera vez que trabajo con mi hijo, y fue revelador el resultado”, admite.

Yo soy Fedra rezuma intensidad y entrega, desparpajo y vulnerabilidad. Morena está convencida de que, contra todo pronóstico apocalíptico sobre el arte y la cultura, seguimos necesitando lo presencial para concretar las vivencias.

Yo soy Fedra. 12, 13 y 14 de marzo a las 21.00 y 15 de marzo a las 19.30 en la sala Delmira Agustini del teatro Solís. Entradas a $ 650. 2x1 para la diaria. Apta para mayores de 18 años.