La comedia romántica tiene fama de ser un género ligero, predecible y lleno de clichés y encuentros imposibles. Sin embargo, detrás de esa fachada superficial está una de las herramientas más poderosas y universales para explorar las emociones humanas a través del humor y la exposición de vulnerabilidades. El duelo es uno de los motores más potentes del género, no para relativizar la tristeza, sino como un catalizador del cambio y la evolución de los personajes. Duelo y romance es exactamente lo que ofrece Los mensajes de voz para Isabelle, escrita y dirigida por Leah McKendrick (Sé lo que hiciste el verano pasado) y protagonizada por Zoey Deutch (The Politician) y Nick Robinson (Las cosas por limpiar).
La premisa es simple: narrar el duelo y la pérdida desde un lugar humano. Jill, una chef impulsiva, divertida y verborrágica, intenta procesar el duelo por la reciente muerte de su hermana menor enviando audios a su antiguo correo de voz. Son mensajes cargados de amor y humor sobre su caótica vida en San Francisco, pero la comunicación cambia cuando, sin previo aviso, el número es reasignado a Wes, un carismático pero tímido agente inmobiliario de Texas. Los mensajes de Jill le generan interés y ternura, y movido por su sinceridad, empieza a escucharlos habitualmente y a enamorarse de ella a la distancia y sin conocerla.
Se abre así una conexión inesperada en medio del dolor, pero, a la vez, el hombre posterga el momento de decirle la verdad a Jill por miedo a romper ese azaroso vínculo.
Jill le narra a Isabelle sus problemas laborales (es explotada como cocinera emergente) y su infinidad de fracasos amorosos con humor, liviandad y nostalgia. Mantener a Isabelle al tanto de su tumultuosa vida, como hacía cuando estaba viva, es su manera de exorcizar la pérdida de quien para ella es “el amor de su vida”. Isabelle (Ciara Bravo) aparece al inicio, mientras batalla contra la fibrosis quística; son pocos minutos, pero suficientes para retratar la profunda relación entre las hermanas.
El relato incorpora el romance como parte del proceso de sanación de Jill; ella lo deja claro cuando le dice a Wes: “No necesito un hombre. Lo que necesito es que mi hermana pequeña vuelva”. Con calidez, se coloca al azar como motor que opera donde la voluntad humana no llega. En la historia de Jill y Wes, la casualidad no es solo un recurso narrativo para que los personajes se conozcan, sino el elemento que sostiene el peso emocional de la película: Jill no estaba buscando un confidente o un novio en Texas, sino un cable a tierra para procesar la muerte de su hermana y, si un algoritmo de citas la hubiera cruzado con Wes, probablemente lo habría rechazado.
Mensajes de voz para Isabelle no es una comedia romántica endulzada más, sino una historia hermosa y humana que sirve como vehículo para hablar del dolor, de los accidentes fortuitos y las segundas oportunidades para sanar. Recuerda a grandes clásicos del género de los años 1980 y 1990, como Sintonía de amor o Tienes un e-mail, en tanto rescata la construcción de una profunda conexión emocional entre dos personas antes de que se conozcan físicamente. Hace reír, llorar y nos recuerda que no hay nada de malo en que el cine aspire a celebrar la vida. Además, debería consolidar a McKendrick como una realizadora capaz de devolverle al cine comercial la sensibilidad tan necesaria del maravilloso género de la comedia romántica.
Mensajes de voz para Isabelle(Voicemails For Isabelle). 119 minutos. En Netflix.
