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Buena suerte, diviértete, no mueras.

Buena suerte, diviértete, no mueras.

Para salvar al mundo de la IA hay que intentarlo una y otra vez: Buena suerte, diviértete, no mueras

Gore Verbinski dirige a un Sam Rockwell que parece salido de 12 monos

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Empecé a ver Buena suerte, diviértete, no mueras (Good Luck, Have Fun, Don’t Die) sin tener mucha idea de su argumento. Me alcanzaba con saber que estaba dirigida por Gore Verbinski, el mismo de la trilogía original de Piratas del Caribe y que tenía al carismático Sam Rockwell en el papel principal. Cuando, ni bien comenzó la película, que fue estrenada en el reciente Festival Internacional de Cine, el personaje de Rockwell entró a un restaurante gritando que venía del futuro y usando un traje que podría haber salido de 12 monos, me sentí afortunado y decidí divertirme. De paso, no me morí.

Este hombre del futuro altera el orden igual que los pillos del arranque de Pulp Fiction, y podría tratarse de una de esas historias en las que dudaremos un buen rato de si efectivamente viajó en el tiempo (o si es realmente un extraterrestre o un ángel). Pero el recién llegado sabe cosas porque no solamente está diciendo la verdad, sino que es la vez 118 que intenta salvar al mundo de una inteligencia artificial reclutando personas de ese bar. ¿Una inteligencia artificial malvada? ¿Un Día de la Marmota de ciencia ficción? No podía pedir más.

No todas son buenas. El discurso de Sam (por llamarlo de alguna manera, porque no está nombrado) recorre algunos lugares comunes un poco boomers, como eso de que ya no recordamos el número de teléfono de nadie, pero lo queremos, porque al menos intenta alzarse en armas y detener el avance de esta nueva tecnología que, más que hacernos olvidar los números de teléfono, nos hace olvidar cómo se hacen los razonamientos más sencillos, o que el arte debe ser humano porque para algo estamos en el planeta y claramente no es para promptear.

Sam elige una nueva combinación de comensales y algunos pueden adivinarse porque son caras conocidas de la actuación, como Haley Lu Richardson (de The White Lotus), Michael Peña (de El Hombre Hormiga), Zazie Beetz (de Atlanta y Joker) y Juno Temple (de Ted Lasso, aunque no la den en Uruguay). ¿Será esta la configuración correcta que permita eliminar a la inteligencia artificial justo antes de que nazca? Parece que esa es la única forma de eliminarla.

Como si fuera un capítulo algo extenso de Historias asombrosas, el grupete debe atravesar el barrio mientras esquiva a la Policía y a unos granujas peligrosos, con la ventaja de que Sam ya tiene memorizadas las viviendas, por eso de haber pasado por ahí decenas de veces, pero con la desventaja de enfrentarse a nuevos peligros al ser la vez que llegó más lejos. Una de cal y una de arena, aunque nunca entendí bien cuál es cuál.

En medio de todo esto, la acción encadena varios flashbacks que también podrían haber sido parte de la mencionada serie de Steven Spielberg o del costado más humorístico de Black Mirror, como los estudiantes de secundaria hipnotizados por los celulares (de nuevo, un poco boomer de más) o la compañía que clona adolescentes que murieron en tiroteos escolares. También hay una joven cuyo novio prefirió sumergirse en una realidad virtual y quedarse para siempre por ahí.

Si estas brochas un poco gruesas distraen, la acción trepidante nos devuelve al foco de atención: terminar con esa mugrosa inteligencia artificial. Cuando nos vamos acercando al cierre, la cosa empieza a parecerse a las etapas más delirantes del cómic de la Doom Patrol (también conocida como la Patrulla Condenada). Y así como los Cazafantasmas debían enfrentarse al Hombre de Malvavisco porque Ray no pudo mantener la mente en blanco, aquí los enemigos también provendrán de una serie de suposiciones acerca de cómo se vería el enemigo.

Al cierre se encuentran con el inquietante “jefe final”, que también podría haber salido de la pluma de Grant Morrison, en una de esas escenas de acción que por contrato deben situarse cerca del final de cualquier película del género. Es un poco obvia, casi tanto como la revelación familiar que había llegado unos minutos antes, pero Verbinski (y el guionista Matthew Robinson) nos regala un final que es, al mismo tiempo, optimista sin ser demasiado optimista. Y si logra que alguien se encadene a la puerta de un data center y reclame por la devolución de nuestra agua potable, mucho mejor.

Buena suerte, diviértete, no mueras. 134 minutos. En Google TV.