¿Cuántas veces podemos ver a Will Ferrell practicando un deporte u otra forma de entretenimiento popular en pantalla? La respuesta: nunca será suficiente. Por eso valió la pena dedicarle unas horas a El Halcón (The Hawk), la miniserie de Netflix en la que el comediante interpreta al golfista del título. Todo eso mientras espero que conviertan los campos de golf en espacios públicos.
El Halcón tuvo su momento de gloria, pero ya pasaron décadas desde entonces. Actualmente, Lonnie Hawkins se pasea por los circuitos menores con su estilo poco tradicional de juego (sin llegar a ser Adam Sandler en Happy Gilmore) y cultiva un pequeño pero sólido grupo de seguidores, que hasta utilizan gorros que imitan su polémico corte de pelo.
En el momento en que se inicia la acción, hay una nueva estrella en ascenso en el mundo de las pelotitas más chicas de todas, y es su hijo Lance, interpretado por Jimmy Tatro, quien ha crecido un montón desde que fue el tonto Dylan Maxwell en la primera temporada de American Vandal. También está en Netflix y esa sí que es redondísima.
Lo que podría ser un sencillo enfrentamiento generacional se convierte en un triángulo odioso con la presencia de Luke Wilson como Golden Fisk, el que en su momento le robó al padre el único torneo que le falta y que ahora es rival del nene. Por si fuera poco, la madre de Lance y expareja de Lonnie, Stacy, anda mezclada en todo este embrollo por su obsesión con pegarla con una bebida alcohólica. Stacy es interpretada por Molly Shannon y verla de nuevo junto a Ferrell es exactamente lo que esperaba.
El Halcón (la serie) sigue el regreso de Lonnie al circuito más profesional y la posibilidad de obtener aquel torneo que le fue esquivo en su momento. En el medio se topa con villanos nuevos y antiguos, mientras establece una relación laboral tumultuosa con Sam (Fortune Feimster), su nueva caddy.
De todas maneras, es necesario bajar la vara para el mayor de los disfrutes. Si bien tiene momentos muy graciosos, como el arco de todo lo que le sucede a la mano del protagonista desde que sufre un contratiempo, no se acerca a las mejores comedias de Ferrell. Además de que el deportista caído en desgracia que busca regresar a la gloria ya tuvo grandes exponentes, como la serie Eastbound & Down, protagonizada por Danny McBride y en la que el propio Ferrell hace del repugnante dueño de una concesionaria de automóviles.
Los protagonistas están bien, empezando por Molly Shannon, que necesita más participaciones activas en el cine y la televisión. Como la que tuvo en The Other Two, serie que actualmente no se encuentra en plataforma alguna.
Si superamos ese pequeño escollo, ni siquiera tendremos que saber de golf (o mirar golf en televisión como si supiéramos, como hace mi viejo). Solamente disfrutar de las ocurrencias de un grupo de actores talentosos, que exprimen un guion que está lejos de la excelencia, pero que funciona. Porque por ahí también andan secundarios como Chris Parnell, como el estirado miembro del consejo del PGA Tour que no perdona a Lonnie por haberse acostado con su esposa (la de Chris) en el hoyo 18. Todo en un clima de necesaria terrajada que el protagonista aporta a ese mundo de ropa demasiado blanca y colores de piel que suelen estar en composé.
Tal vez si los guionistas hubieran tomado algún riesgo narrativo más, estaríamos hablando de otra gran obra en la carrera deportiva-artística de Ferrell y su universo de personajes torpes e irascibles.
El Halcón. Diez episodios de media hora. En Netflix.
