Felipe Fernández y Sebastián Moreira hacían el guion del programa Por decir algo radio, que marcó una época del periodismo deportivo independiente. Llegaron a escribir en el Drive al mismo tiempo. Eso les permitió cierto entrenamiento para escribir a distancia. Es que Felipe -dicho sea de paso, gran arquero de fútbol playa- está viviendo, por circunstancias de la vida, en Abu Dabi. Moreira, por su parte, más allá de ser argentino, hace años que vive y ronda la ciudad de Montevideo: “El objetivo del libro también es contar las historias de los héroes, correrse de ese lugar de la burla que también se provoca con el folclore”, dice Sebastián. Felipe, a una distancia que no parece tal, entiende que “es el peligro de la historia única. Si siempre contamos lo mismo, o siempre contamos del fútbol del interior que se agarran a las piñas, la gente termina creyendo que siempre se agarran a las piñas”. Héroes de tierra adentro se compone de 18 textos del fútbol del interior del Uruguay, donde los autores parten de la memoria colectiva y la reconstruyen desde la narrativa en forma de relatos, perfiles o crónicas.

¿Ustedes son escritores o son periodistas?

Sebastián: Tuve que cambiar la bio de Twitter este año porque decía escritor y periodista. No es que me haya considerado nunca un periodista, pero lo que he aprendido de Felipe y Facundo [Castro] es que cuando uno está ejerciendo el oficio hay ciertos patrones que tenés que usar. Es como que si soy electricista diga que no creo que juntando dos cables me voy a electrocutar. Me afilié a esa teoría con esta metáfora un poco berreta, pero cuando dejé de ejercer como periodista me di cuenta de que dejé de serlo, porque la formación no la tengo, por eso en sí el rol de escritor es lo que en teoría puedo mantener más. Cambié la bio para “he ejercido el rol de periodista”.

Felipe: Yo me defino como periodista. Pasa algo en Uruguay que es que a veces parece que da vergüenza decir que sos periodista deportivo. No tengo muy estudiado el porqué, pero hace un tiempo me autoconvencí de ser periodista deportivo. Tengo título académico, pero no me defino por ser licenciado en Comunicación, me defino por ser periodista deportivo.

¿Definir también ubica al libro dentro de ciertos parámetros?

Felipe: Pensando en el libro en sí, hay cosas que son más de sentido común que de periodismo. Seba siempre tenía esa preocupación de que las historias fueran algo más que una entrevista periodística, que no quedara como un artículo de un diario, y para eso se precisaban otras herramientas que tienen que ver con la escritura, con la literatura, con la crónica. Algún pasaje es periodístico pero no es el objetivo del libro. Una vez que nos acercábamos a las historias, no lo hacíamos por el hecho preciso o para contrastar versiones para llegar a algo. Ese contraste tiene que ver más con el periodismo.

Felipe Fernández. Foto: Guzmán Montgomery

Felipe Fernández. Foto: Guzmán Montgomery

¿Por qué hacer un libro de a dos y a la distancia, tomando en cuenta que uno está en Montevideo y otro en Abu Dabi?

Sebastián: Básicamente el cuerpo del libro y la investigación fueron a la distancia, aunque es cierto que el concepto de distancia ha cambiado muchísimo. Tuvimos que ver cómo salvábamos esa distancia, pero la distancia más difícil de recortar es con las historias. Eso sí tiene sus cuestiones particulares, porque no es lo mismo conocer una historia de primera mano que por Zoom o de revisión bibliográfica. El primer acercamiento fue desde todas las formas de la virtualidad, que incluye también mensajes y llamadas con gente que nos iba conectando. Después en las historias que encontramos había distintos niveles, algunas pasaron hace cien años y no hay gente viva, hay otras en que los protagonistas no viven en Uruguay, y hay otras en donde la riqueza está más en el hilo narrativo, pero sí había historias que necesitaban trabajo de campo, ameritaron viajar, tener charlas largas, estar ahí.

¿Cómo fue el proceso de trabajo?

Sebastián: Algunas historias las llevamos cada uno adelante por su cuenta, y después conversábamos o revisábamos, o trasladábamos dudas concretas, y otras las fuimos trabajando de forma conjunta. Algunas se construyeron desde una forma más colectiva.

Felipe: Nosotros teníamos el ejercicio de guionar muchas cosas que hacíamos en PDA radio, éramos nosotros quienes metíamos mano en esos guiones, incluso contrarreloj, escribir un párrafo cada uno o escribiendo a la misma vez. Es una buena gimnasia saber cómo escribe uno y cómo escribe el otro. Subyacía esa experiencia acumulada.

Tierra adentro

¿Cuánto nos identifican esas historias de tierra adentro y cuál es la importancia de salir a rescatarlas?

Felipe: Eso es algo que Seba marcó mucho desde el comienzo. Desde dónde pararnos para contar las historias del interior, tratando de respetar al máximo las tradiciones y el saber específico del fútbol del interior. Que muchas veces a nosotros nos llega como un eco, no desde el día a día.

Sebastián: Es gracioso una piñata, o que entre una vaca corriendo a la cancha, o que a un equipo le quieran cambiar las reglas en la mitad del partido. No podemos negar que hay cosas del fútbol del interior que son divertidas, pintorescas. Pero hay otro tipo de historias tiernas, emotivas, épicas, atributos que quedan ocultos cuando se habla de uno que le pegó una patada en la cabeza a otro y “son cosas del fútbol”. Una historia que trabajó mucho Felipe es graciosa: un tipo que empieza a acompañar los partidos, planta sapos en los arcos, gualicha, decide para qué cancha hay que patear. Es increíble, de hecho brujos hay en el fútbol profesional también, en Estudiantes, en Boca, hay vírgenes en los vestuarios, sin embargo en el fútbol profesional no nos quedamos sólo con eso. El objetivo del libro también es contar las historias de los héroes, correrse de ese lugar de la burla que también se provoca con el folclore.

Foto del artículo 'Entrevista a Felipe Fernández y Sebastián Moreira, autores de Héroes de tierra adentro'

¿Hay un atisbo de reivindicación de la descentralización del fútbol?

Felipe: Es el peligro de la historia única. Si siempre contamos lo mismo, o siempre contamos del fútbol del interior que se agarran a las piñas, la gente termina creyendo que siempre se agarran a las piñas. Escaparle a esa historia única es un objetivo, mostrar la riqueza de historias y sobre todo esa cuestión un poco extraña de la historia paralela de OFI con el fútbol profesional.

¿Cómo se llevaron con las historias que de repente ya son un poco más conocidas?

Sebastián: Al principio no había, después aparecieron un par de historias que sí son conocidas como la de Denis Milar; un jugador de Nacional que fue campeón de América y del mundo, que jugó un Mundial y que volvió a jugar al Palermo de Rocha para ser campeón de clubes y campeón con la selección. Para muchos fue su ídolo. Otro ejemplo es el del Loco [Sebastián] Abreu, la historia de su regreso al Olimpia de Minas. Se tiende a no darle valor a eso. Le buscamos otra vuelta a esa historia conocida y el título terminó siendo “El negro Abreu”. ¿Por qué el Loco Abreu toca el tambor? Para muchos puede ser una pose, pero efectivamente viene de una familia de negros, de tamborileros, de gente que ha tenido comparsas.

Felipe: Hay historias que han caído en el olvido. Uruguay tiene un gran problema de archivo y de contar las historias que pasan. La de Paso de los Toros campeón de un campeonato que se llamó Uruguay 86 pero que fue en el 82 y tuvo la final contra Pando en el estadio Centenario. Los campeones del 50 apadrinaron a los cuatro finalistas. Fue un campeonato verdaderamente nacional, que quedó en el olvido. Probablemente también porque fue organizada por la dictadura militar, pero es una historia grande para que haya quedado en el olvido. O la historia de [Javier] Castrilli dirigiendo una final de selecciones del interior un año después de haberse retirado. Creo que esas historias en otros lugares aparecen más asiduamente y no pasan dos o tres generaciones sin saber que esas cosas pasaron.

Héroes de tierra adentro. De Sebastián Moreira y Felipe Fernández. Aguilar. $ 750.

Inspiración

“Para mí las historias que contamos no debían ser contadas como para aparecer en un diario o en un portal. No soy un gran lector tampoco, esa es la verdad, pero hay un montón de cronistas a quien robarles ideas como Leila Guerriero, Kapuściński, Andrés Burgos, ni que hablar Ariel Scher, Fernández Moores, Ale Wall, los argentinos más cercanos. Esa es la búsqueda, usar la herramienta de la crónica y del perfil y no la de la columna o la de la entrevista o la nota. No porque una cosa esté mal y la otra bien, sino que el plan era consolidar las historias de esa manera y no de una manera tan cotidiana”. Sebastián Moreira.