En los días señalados no importan las formas. El único objetivo de los dos, al terminar el encuentro, era ser campeón. Y lo logró Nacional, con un gol agónico de Christian Ebere, el héroe inesperado que a principio de año se tuvo que ir a buscar minutos a Plaza Colonia, la rompió toda, convencido de que quería su oportunidad en el tricolor, esa que le llegó en cuentagotas hasta que Jadson Viera la dio la oportunidad de ser titular en la primera final. El nigeriano fue el jugador más influyente de las finales.

El plantel bolsilludo festejó con una bandera de Juan Izquierdo, quien le dio nombre al campeonato uruguayo 2025. Además, estuvo en cancha Diego Polenta junto a sus excompañeros, quien había comenzado el año siendo el capitán de este plantel.

Un clásico

Tras una final ultra entretenida en el primer partido, el período inicial en el Parque Central se asemejó a los clásicos históricos: mucha pierna fuerte, un trámite trabado donde reinó el nerviosismo y no hubo buen juego. El marcador sin goles justificó lo que se vio en cancha.

Nacional comenzó mejor, anímicamente dispuesto a llevar por delante a Peñarol. Envío balones directos a Maximiliano Gómez que ganó todos los duelos en el inicio. La más clara fue en ese arranque abrumador, en un balón que le quedó a Luciano Boggio tras un rebote. El volante le pegó alto cuando tenía el arco a disposición, ya que Brayan Cortés venía de la derecha hacia el medio.

Al bolso le costó ofender en el resto del primer tiempo, solamente pudo hacerlo con algún remate franco de Christian Oliva terminando jugadas tras balones despejados del área visitante.

Peñarol se paró con Jesús Trindade por delante de la línea de cuatro defensores y Maximiliano Silvera formó otra franja en el mediocampo junto a Eric Remedi, Ignacio Sosa y Leonardo Fernández. El carbonero presionó bien en el centro y obligó al tricolor a jugar por las bandas; en ese sentido no fueron buenas las decisiones de Emiliano Ancheta y Diego Romero por los costados. El elenco de Jadson Viera sintió la falta de punteros para ampliar el ataque.

Si bien el aurinegro limitó muchísimo al dueño de casa, prácticamente no pudo ofender. La más clara la tuvo Matías Arezo ingresando por izquierda, pero su remate pegó en la parte de la red que no suma. Todo Peñarol protestó un penal de Diego Romero sobre Leonardo Fernández. Si bien hubo contacto, Gustavo Tejera desestimó el cobro en cancha y el VAR tampoco lo llamó a revisión.

En el segundo tiempo, ya con lluvia copiosa, Peñarol se paró más adelante y, desde el dominio en la mitad de la cancha, empezó a dominar con tenencia en campo rival. Leandro Umpiérrez entró muy bien y le dio mayor dinamismo a las transiciones. Arezo tuvo un derechazo rasante que sacó bien Luís Mejía yendo hacia su derecha.

El aurinegro recuperó más adelante y un par de veces los cortaron con faltas entre 35 y 40 metros pero en ambas oportunidades Leonardo Fernández tiró desviado sin complicar al arquero rival como una semana atrás.

Con el ingreso de Juan Cruz de los Santos, Nacional se paró 4-4-2, con Nicolás López sumándose a la línea de volantes pero ejerciendo prácticamente como puntero cuando su equipo tenía el dominio del balón.

El tricolor intentó profundizar por las bandas, con Gómez abriéndose y Carneiro como referencia de área. El equipo de Jadson Viera se repitió en centros sin éxito que, en general, despejó bien la dupla de zagueros del carbonero.

Ninguno arriesgó demasiado, ni en la cancha ni los entrenadores con las decisiones para ir a buscarlo. Julián Millán fue clave en los cierres a velocidad y del otro lado Emanuel Gularte despejó todo y se terminó imponiendo ante Carneiro. Sin grandes sensaciones de peligro, el partido fue al alargue.

Campeón en nigeriano

En el inicio del primer chico de la prórroga llegaron las emociones, por aquello de que lo bueno se hace esperar. A los dos minutos Sebastián Coates ganó por arriba en un gran centro de Nicolás Rodríguez, lo que generó el estallido del Parque Central en un tanto que podía ser sinónimo de título. Tras revisión tecnológica, las líneas indicaron que el zaguero estaba levemente adelantado.

El público tomó la situación adversa como un impulso para empujar a su equipo. La segunda explosión positiva fue en un gran remate cruzado de Umpiérrez que pegó en el palo. Por poco, no le dio en la espalda a Mejía en el rebote.

Entre cambios y jugadores sentidos bajó rápidamente el ritmo del inicio entretenido. En el segundo chico del alargue, Nacional mejoró en algunas combinaciones, con vivacidad en el toque corto entre Nicolás Lodeiro y el Diente López. Juan Pablo Patiño trepó bien y Christian Ebere le puso picante a la ofensiva.

Justamente, el nigeriano, que había sido de las grandes figuras del primer partido, puso el primer gol. Esta vez el grito contenido que había quedado en el tanto de Coates salió fuerte de las gargantas de los hinchas en el Parque Central. Abrazos, manos al cielo y algún llanto. Emoción a flor de piel con el corazón caliente, ese que también tuvo el delantero africano que le ganó la cuereada a Gularte y una vez que tuvo el arco entre ceja y ceja, definió notable al primer palo de Cortés.

El gol alcanzó. Desde ahí Peñarol se limitó a meter centros al área, sin éxito. Nacional aguantó el temporal hasta que Gustavo Tejera marcó el final para desatar el festejo de campeón en La Blanqueada.