Thomas Silva, el gran protagonista uruguayo en el ciclismo actual, comenzó su temporada como World Tour con la camiseta del Astana. En plena competencia, después de haber dejado la Vuelta a Cataluña tras dos grandes etapas y en medio del descanso hacia sus próximos entrenamientos, el fernandino hizo una pausa en su preparación para dialogar con las Radios Públicas en el marco de la transmisión de la 81ª Vuelta Ciclista del Uruguay. Silva, de gran actuación en las clásicas Milán-San Remo y Tirreno-Adriático, repasó su presente, explicó la planificación de su equipo y habló de sus objetivos para 2026.

Un calendario al máximo nivel

Thomas aclaró que su bajada en Cataluña respondió estrictamente a una decisión planificada. Desde diciembre tenía definido un bloque de competencias que incluía Strade Bianche, Tirreno-Adriático y Milán-San Remo, y la presencia en las dos primeras etapas de Cataluña fue un agregado por la baja de un compañero. “Al final nosotros tenemos un calendario planificado” y “lo único que hicimos fue respetarlo”, explicó, admitiendo que “una vez ya estás ahí y estás teniendo buenos resultados, como que eso quizás duele un poquito”.

El corredor subrayó que, detrás del brillo del calendario World Tour, el costo físico es enorme. Recordó que ya acumula alrededor de “25 días más o menos” de competencia en lo que va del año y advirtió que, si se suma una gran vuelta de 21 etapas -que seguramente sea el Giro de Italia-, se supera fácilmente la barrera de los 40 días. Por eso insistió en que “el calendario hay que irlo seleccionando bien y midiendo bien los esfuerzos”, en un entorno donde “las carreras son al máximo nivel y generan un desgaste, una fatiga increíble”.

Silva también habló de su inserción en el Astana, su nuevo equipo, uno de los equipos tradicionales del pelotón mundial. Comentó sentirse “muy contento con el equipo, contento también con la manera en que trabajan”. Esa confianza de su equipo también refleja la confianza que le han dado pese a ser nueva incorporación. Silva valoró tener “cierta libertad” en algunas pruebas, aunque remarcó que asume con la misma entrega las jornadas en las que toca trabajar para otros compañeros. Consultado sobre cuál cree que ha sido el cambio principal de estos últimos años, sostuvo que no está tanto en el talento, sino en la forma de encarar la profesión: “Lo que he cambiado es más que nada la forma de hacer las cosas o de cómo uno vive allá”, dijo, sin perder de vista que “la ilusión es la misma de siempre o más aún”.

Correr junto a los monstruos del pelotón

El salto al circuito World Tour es de muchísima relevancia para un ciclista uruguayo. Compartir pelotón con nombres como Tadej Pogačar, Remco Evenepoel o Jonas Vingegaard era un sueño lejano que Silva pudo cumplir: “Estar en las carreras al lado de ellos es increíble”, admitió, consciente de que se mide con “los mejores ciclistas del mundo”.

En ese sentido, su reciente actuación en la Vuelta a Cataluña le dejó una frase que le repitieron sus allegados: “Muchos me decían ‘bueno, hoy fuiste el primero de los mortales’”, una expresión que resume que Silva empieza a asomarse al grupo que busca victorias; eso, sin perder la perspectiva de cuánto trabajo hay que ponerle: “Para eso trabajamos y para eso nos entrenamos día a día”.

Con respecto a sus objetivos de temporada, Silva, de 24 años, aseguró que en su primer año completo en el World Tour el foco está puesto en consolidarse y seguir mejorando. Dijo sentirse “tranquilo, disfrutando”, sabiendo “que al final es mi primer año en el World Tour y en principio lo que queremos es seguir creciendo”.

En el corto plazo, marcó en rojo una competencia clave: el Tour de Hainan, una carrera de cinco días que es “muy importante para el equipo” por su peso para los patrocinadores. Mirando un poco más allá, deslizó su gran deseo para este año: “Estaría buenísimo poder estar en la salida del Giro de Italia”.