Entre enero y marzo la economía uruguaya cayó 1,4% interanual, y se contrajo 1,6% en relación al último trimestre del 2019. Esto confirma que estamos en recesión, dado que, en la comparación con el trimestre anterior, el PIB cayó en el cuarto trimestre de 2019 y en el primer trimestre de 2020.

En este último caso, el dato recoge el impacto de la pandemia, pero muy parcialmente. Por un lado, la expansión del coronavirus afectó el comercio mundial tempranamente, debilitando la demanda por nuestras exportaciones desde enero. Por el otro, la segunda mitad de marzo quedó afectada por el comienzo de las restricciones a la movilidad. Pese a ello, lo peor estaba por venir.

De acuerdo a los datos divulgados este viernes por el Banco Central del Uruguay, la economía uruguaya se contrajo 10,6% en relación al mismo período del año anterior. En términos desestacionalizados, la variación del PIB respecto al trimestre anterior fue de 9%.

No obstante, como destacó Gerardo Licandro en Twitter, “Uruguay muestra la menor caída de PIB de los países de la región en el segundo trimestre: Argentina cayó 18.7%, Brasil 11.4%, Chile 13.7%, Colombia 14.9% México 18.7%, Ecuador, Bolivia y Paraguay no tienen los datos aún”.

Es una caída que asusta y que carece de antecedentes. Sin embargo, lo severo no quita lo predecible. El mundo está atravesando una de las crisis más severas del último siglo.

La crisis que desató la Covid-19 representa un triple golpe para las economías. Primero, pega por el lado de la oferta, dado que afecta las condiciones de producción. En efecto, las medidas de distanciamiento físico paralizaron, total o parcialmente, la gran mayoría de las actividades.

En nuestro país, estas medidas operaron con particular intensidad durante el segundo trimestre. Meses atrás, el BCU advertía que el piso de la caída se habría alcanzado durante el mes de abril, cuando se habría observado el mayor impacto de la pandemia. Desde entonces, y a raíz del éxito en la contención del virus, comenzó el proceso de reactivación para una parte importante de las actividades.

Esto significa que el primer golpe, el de la oferta, empezó a diluirse gradualmente a medida que se normalizaban las actividades en los distintos sectores (es un shock transitorio). Sin embargo, lo que no se diluye es el golpe por el lado de la demanda. En otras palabras, lo que hace que la crisis actual sea inédita es que combina ambos mundos: es un shock de oferta que luego se amplifica con un shock de demanda.

Esto quiere decir que el problema persiste más allá del momento en que volvemos a prender la llave de la producción. ¿Por qué? Porque a esa producción le cuesta encontrar pareja. De alguna manera, el virus se mete en todos los componentes de la demanda. El consumo de las familias está afectado por la caída del empleo y de los salarios, la inversión por los problemas de liquidez y solvencia asociados a la paralización de las actividades de las empresas, y las exportaciones (demanda externa) por la caída del comercio mundial. Pero la historia no termina ahí. La rareza de este accidente generó también un torbellino financiero, que sacudió las monedas de los países y el resto de las variables de esta naturaleza. El impacto combinado de todo lo anterior es lo que está reflejando el dato conocido hoy.

¿Qué pasó con los componentes de la demanda? Al analizar el dato por el lado de la demanda destaca la contracción de consumo, que ascendió a 13,5% en términos interanuales. Este fue el componente con la mayor incidencia negativa durante el trimestre (11,6 puntos porcentuales (p.p.)). La caída tuvo lugar tanto en la órbita privada como pública (13,8% y 12% respectivamente). En la misma línea, las exportaciones también dieron cuenta de una fuerte caída en relación al mismo período del año anterior, tanto en materia de bienes como de servicios. Concretamente, las ventas al exterior cayeron 16,8% en el segundo trimestre (lo que tuvo una incidencia negativa de 5 p.p.). Por su parte, las importaciones retrocedieron 15,5% respecto al segundo trimestre de 2019. En el caso de la formación bruta de capital, la inversión cayó 11,7%, pero fue compensada por un incremento en la acumulación de stocks.

¿Qué pasó con los sectores de actividad? También en términos interanuales, pero cambiando la óptica hacia los sectores de actividad, destaca el retroceso del sector Comercio, reparaciones, restaurantes y hoteles, que cayó 31,4%. Esto era esperable, en tanto es uno de los sectores más golpeados por el contexto de la pandemia. Todos los componentes de la actividad comercial disminuyeron, y se registró una caída significativa en la actividad de los hoteles y restaurantes asociada a una menor demanda por parte de los hogares y del resto del mundo (dadas las restricciones de frontera). La segunda mayor caída estuvo alojada en Otras actividades, que retrocedieron 16,8% frente al mismo trimestre del año anterior. En este caso, destaca la caída de los servicios personales (que incluyen las actividades culturales y de esparcimiento, y al servicio doméstico) y de la enseñanza. Aunque en menor medida, el resto de los sectores también cayó, con una única excepción. El sector Trasporte, almacenamiento y comunicaciones creció 7,2%. Obviamente, y como era esperable, esto se explicó por el aumento en los servicios de comunicaciones, que compensaron la caída en la esfera del transporte y el almacenamiento. Concretamente, el dinamismo de las telecomunicaciones es producto de la expansión en la producción de los servicios de datos que se generó ante la crisis sanitaria.

¿Cuáles son las perspectivas hacia adelante? Difícil saberlo con certeza. Las proyecciones nunca son un tema sencillo, mucho menos en un contexto de pandemia como el actual. Pocas veces en el último siglo la incertidumbre sobre el futuro ha sido tan alta. Pero bueno, de algo nos tenemos que aferrar. En ese sentido, tenemos algunas referencias para anclar este panorama tan incierto. La primera la podemos extraer de la encuesta que mensualmente releva el BCU entre una veintena de analistas. La última encuesta de expectativas económicas que fue realizada corresponde al mes de agosto, y anticipa una caída de 3,6% para este año. Para 2021 y 2022, las estimaciones apuntan a un crecimiento de 3,7% y 2,4% respectivamente "")

La segunda referencia la podemos encontrar en el proyecto de presupuesto nacional. En la visión del gobierno, el PIB se contraería 3,5% este año. En 2021 esa caída se revertiría, con un crecimiento que se estima en 4,3% y que sería producto de la “recuperación generalizada a nivel de los diferentes componentes de la demanda, que recoge mayormente los efectos rebote por la vuelta a la normalidad de los diferentes sectores de actividad”. Para 2022, la estimación oficial apunta a una expansión de 2,5%.