El Producto Interno Bruto (PIB) es el indicador más utilizado para evaluar los resultados económicos de los países. Es el valor final de todos los bienes y servicios producidos por una economía en un período determinado.

Dicho de otra manera, refleja el monto del valor agregado que surge del proceso productivo. El PIB forma parte de las Cuentas Nacionales, que es el marco metodológico que se utiliza internacionalmente para medir la actividad económica y describir los procesos económicos. Ese marco constituye un sistema estadístico completo, integrado y consistente que permite compilar la contabilidad nacional.

El PIB se publica trimestralmente y arrastra tres meses de rezago: en marzo se conoce el desempeño del último trimestre del año anterior, que se presenta junto al desempeño anual; en junio se conoce el desempeño del primer trimestre; y así se va completando el cronograma para los siguientes.

¿Cómo se puede analizar el dato del PIB?

Típicamente, el dato de PIB se puede analizar desde dos puntos de vista. El punto de vista de la oferta (o de la producción) y el punto de vista de la demanda (o del gasto), que representan dos caras de la misma moneda.

El enfoque de la oferta nos permite conocer lo sucedido con los distintos sectores de actividad. Por ejemplo, ¿qué pasó con las actividades primarias, con la industria manufacturera, o con la construcción? Desde esta perspectiva, podemos evaluar cuales son los sectores de actividad que están empujando la economía, y cuáles son los que le están agarrando la camiseta.

Estrictamente, la oferta incluye también a las importaciones, que son las cosas que le compramos al resto del mundo y que por ende están disponibles en nuestra economía (son parte de la oferta). El segundo enfoque es el de la demanda, que explica el crecimiento (o la contracción) del PIB desde la perspectiva del destino que tiene la oferta. Desde esta óptica, podemos analizar el dato de acuerdo a lo que sucedió con el consumo (público y privado), la inversión (pública y privada) y las exportaciones (cuyo destino es el resto del mundo).

Simplificando, podríamos pensarlo de esta manera:

PIB=Consumo privado y público+Inversión (privada y pública)+Exportaciones-Importaciones

La diferencia entre las últimas dos variables es lo que se conoce como el saldo de la balanza comercial. Si pasamos las importaciones (que van restando) para el otro lado, nos quedan igualadas las dos perspectivas señaladas: la oferta final y la demanda final. Esta última, a su vez, tiene un componente interno (consumo e inversión) y un componente externo (exportaciones):

PIB+Importaciones= Consumo privado y público + Inversión (privada y pública)+ Exportaciones

¿Qué es la variación y la incidencia del PIB?

En general, las variaciones del PIB más utilizadas son la variación interanual y la variación trimestral. La primera da cuenta del crecimiento (caída) de la economía en relación al mismo trimestre del año anterior. La segunda compara lo que pasó, pero contra el trimestre inmediatamente anterior. Esta última medición se realiza en términos desestacionalizados, dado que los cuatro trimestres difieren entre sí.

Cuando comparamos lo que pasó en relación al mismo trimestre del año anterior, ese problema en general no está presente. Sin embargo, cuando hacemos la comparación entre dos trimestres distintos, tenemos que tener el cuidado de utilizar los datos desestacionalizados, de forma de recoger adecuadamente las especificidades propias de cada uno. Cuando una economía acumula dos trimestres consecutivos de caída trimestral, decimos que entró en recesión técnica.

Pero además de la variación que pueda tener un sector de actividad (actividades primarias, construcción, comercio, etc.) o un componente de la demanda (consumo, inversión, etc.), importa su incidencia. La incidencia emerge de considerar, conjuntamente, la variación y el peso relativo que tiene cada uno. Si es un sector pequeño, y registra una variación muy alta, su incidencia en el PIB puede no ser mucha.

Este es el caso, por ejemplo, del sector Electricidad, Gas y Agua. No es un sector que tenga mucho peso en la estructura productiva, pero sí es un sector que puede registrar variaciones grandes dada su relación con las condiciones climáticas. Por el contrario, hay otros sectores, o componentes de demanda, que tienden a tener mayor estabilidad en las comparaciones pero que pesan mucho en la matriz productiva. El consumo privado es uno de ellos; pequeñas variaciones pueden incidir mucho en la dinámica de la actividad global.