¿La conjunción de Saturno y Plutón marcó “el punto más bajo energético y crítico de la humanidad” en 2020 y todo irá mejor hacia adelante? ¿“El período económico más jorobado del año” será entre el 14 de mayo y el 28 de julio, cuando Júpiter ingrese en Piscis? ¿Aumentarán los divorcios y las rupturas amorosas, como anticipa el Pae Donato?1 ¿Qué clase de mundo terminará configurándose en los años venideros? Año nuevo, especulaciones nuevas.

Elijo creer que la respuesta a la primera interrogante es afirmativa y que lo peor ya quedó atrás. Como de la danza entre Júpiter y Piscis es poco y nada lo que puedo decir, voy a evitar tentar a la suerte y omitiré tomar decisiones financieras durante ese lapso del año. Con los desenlaces amorosos prefiero no arriesgarme, porque el pronóstico del Pae choca con la tendencia hacia la fidelidad y la búsqueda de estabilidad que anticipa la astróloga Susana Garbuyo. Nos queda atender la última especulación, que puede merecer un desarrollo más generoso porque se abre más de una opción.

Para el economista turco Daron Acemoglu, coautor del libro ¿Por qué fracasan los países? y defensor del enfoque institucionalista del desarrollo (las instituciones determinan la suerte de los países con una persistencia que pude extenderse durante siglos), el fin de la administración de Donald Trump representa el “último suspiro de una época unipolar” con Estados Unidos como potencia hegemónica. En su visión, la posibilidad de que esta reedición de la Guerra Fría pueda dar lugar a un mundo bipolar repartido entre Oriente y Occidente no es ni deseable ni inevitable.2

¿Por qué no es deseable? Porque sería “profundamente inestable” e impediría encontrar una solución colectiva a los principales problemas globales que debemos enfrentar más temprano que tarde, que quedarían a merced de los intereses nacionales de estos dos polos antagónicos.

¿Cuáles son esos tres problemas? El primero es la concentración del poder por parte de las empresas tecnológicas y el auge de los algoritmos, que sirven a distintos intereses según cada polo. En Estados Unidos ese poder se recuesta sobre las principales empresas privadas y en China está subordinado a la agenda del gobierno a través del matrimonio político-empresarial. Sea cual sea la alternativa, lo que parece claro es que bajo esta configuración bipolar no emergerían impulsos decididos para fortalecer los estándares de privacidad, proteger los datos personales y redirigir los recursos para que la inversión en investigación y desarrollo pueda derivar en beneficios ampliamente compartidos por todos. El segundo problema que inquieta a nuestro economista turco refiere al lugar que podrían ocupar los derechos humanos y la democracia ante un mundo dividido entre estos dos polos. En el caso de China ese argumento parece tener mayor asidero que en el caso de Estados Unidos. Sin embargo, Acemoglu señala que el “compromiso de principios de Estados Unidos con la democracia y los derechos humanos es débil y, en general, no se toma en serio en el extranjero”. Son muchos los gobiernos democráticamente elegidos derrocados en pos de sus intereses. Por último, el tercer gran desafío que sería ignorado (o profundizado) en un mundo bipolar de mayor enfrentamiento sería el del cambio climático. China ha dado mejores señales que Estados Unidos para abordar esta problemática durante los últimos años. Sin embargo, estas dos potencias son los mayores emisores del mundo y descansan en modelos económicos que continuarán aumentando la presión sobre los recursos del plantea. En una carrera por la hegemonía mundial, ¿qué peso podrían tener las consideraciones generales de largo plazo sobre los intereses nacionales de corto plazo?

¿Cuál es la alternativa? Lograr la convergencia hacia un mundo cuadripolar, en el que Europa y los países emergentes puedan incidir sobre el destino del planeta. Un mundo organizado en torno a estos cuatro ejes podría ser menos conflictivo y traer voces más diversas para repensar la gobernanza global. De acuerdo a Acemoglu, la Unión Europea “se ha convertido en un abanderado de la protección de la privacidad y la regulación de las grandes tecnologías, y está bien posicionada para hacer frente a la automatización algorítmica”. Además, contar con un polo que vele por los intereses de las economías emergentes sería fundamental, en tanto son estas economías las que se encuentran más expuestas ante el avance de la tecnología (su ventaja comparativa pasa por la abundancia de mano de obra). En el frente medioambiental, el binomio Europa-consorcio emergente puede balancear un poco el terreno. El primero es líder mundial en descarbonización y el segundo es quien sufre de manera desproporcionada el impacto del cambio climático (sin ser el que contribuye más con el problema). Un mundo como este tampoco será la panacea, pero podría ser una mejor alternativa a la bipolaridad.

¿Hay otras posibilidades? Tantas como especuladores. Bien podríamos dirigirnos hacia un mundo unipolar de hegemonía china. No es poca la evidencia del tránsito del siglo estadounidense hacia el siglo chino o, en la lógica del economista serbio Branko Milanović, del triunfo del capitalismo político sobre el capitalismo meritocrático liberal de Occidente. En el mundo anterior a la pandemia, el avance económico, financiero y tecnológico de China era evidente. Medido a paridad de poder de compra, el gigante asiático superó en 2017 a Estados Unidos como la economía más grande del mundo. Paralelamente, como señala Nouriel Roubini,3 China fue flexibilizando su tipo de cambio, relajando los controles al capital y creando mercados de deuda más profundos. Además, apuntaló a sus campeones tecnológicos y difundió su moneda como moneda de reserva global. En el mundo pospandemia, y sin haberse contraído en 2020 (el PIB sólo cayó el primer trimestre), China sería responsable de un tercio de la dinámica mundial. Ni lenta ni perezosa, logró consolidar su posición en el eje del Pacífico con el acuerdo comercial más grande del mundo (Asociación Económica Integral Regional), aprovechando el vacío que Trump dejó en 2017 cuando se retiró de la Asociación Transpacífico. A la luz de todo lo anterior, no es descabellado pensar que el yuan podría desplazar al dólar y quitarle a Estados Unidos el “privilegio exorbitante” de ser el emisor de la moneda que todos quieren.4 El retroceso geopolítico, la utilización del dólar como arma vía sanciones (que incentiva al resto de los países a reducir su uso) y la profundización de los estímulos monetarios por parte de la Reserva Federal (que genera abundancia de dólares y atenta contra su capacidad de almacenar valor) apuntan en esa dirección.

¿Estamos a las puertas de un Bretton Wood II? ¿Será China el líder de un mundo unipolar? ¿Cuántos polos sería deseable que tuviera el mundo de cara a los desafíos globales que se vienen? ¿El ingreso de Júpiter en Piscis provocará un nuevo sismo económico? ¿Qué va a pasar con los divorcios en 2021? Nadie lo sabe, son solamente especulaciones de verano.


  1. ¿Cómo será el 2021?: cuatro expertos dan sus predicciones y nos cuentan qué nos deparará. Nota publicada en El País (26/12/2020). 

  2. “The Case for a Quadripolar World”. Project Syndicate (diciembre de 2020). 

  3. Is the Almighty Dollar Slipping? Project Syndicate (diciembre de 2020). 

  4. Valéry Giscard d'Estaing, ministro de finanzas francés, en referencia a las implicancias del dominio global del dólar.