El optimismo es la locura de insistir en que todo está bien cuando somos miserables

El pasado 7 de setiembre, la ministra de Economía y su equipo concurrieron a la Comisión de Hacienda y Presupuesto del Senado para presentar la Rendición de Cuentas de 2020. En esa oportunidad la ministra destacó que el empleo era un punto focal en su presentación y corrigió al alza la proyección de población ocupada que habían presentado originalmente el 30 de junio.

En la misma línea, el 17 de setiembre, la directora de Política Económica del Ministerio de Economía y Finanzas (MEF), Marcela Bensión, en entrevista con El Espectador, señaló: “cuando fuimos a Comisión de Hacienda del Senado teníamos dos datos más de empleo, el de mayo y junio. [...] A la luz de esos datos adicionales nos dan la pauta de que podríamos estar en los 45.000 puestos de trabajo, que se acerca mucho a los 50.000 que habíamos previsto en el presupuesto y que nos tildaron de excesivamente optimistas”.

En el mismo sentido, el ministro de Trabajo y Seguridad Social elevó la apuesta y señaló: “capaz se queda corta la estimación de los 45.000”.1

Sería muy bueno para la población que las proyecciones del gobierno se cumplieran y que efectivamente se pudieran recuperar tres de cada cuatro puestos de trabajo que se perdieron durante la pandemia. Ahora bien, la recuperación de los 45.000 puestos durante 2021 contiene algunas interrogantes.

En primer lugar, parecería que este ajuste al alza se basó explícitamente en el dato de junio, que había mostrado un incremento de un punto porcentual en la tasa de empleo con respecto a mayo. Sin embargo, el dato publicado de julio muestra que el empleo volvió a ubicarse en niveles similares a los de mayo. Los márgenes de error que traen consigo los datos mensuales en materia de empleo son una problemática conocida en la materia.2

No parece prudente que el gobierno haya ajustado su proyección al alza basándose en un solo dato que trae ruido consigo. Si se mira la tendencia, la población ocupada en 2021 se encuentra fluctuando alrededor de 1.600.000 personas. Para que se cumpla la nueva proyección del gobierno, en los últimos cinco meses debería haber un aumento en promedio de 35.000 ocupados, en comparación con los primeros siete meses del año, cosa que parece poco probable.

En segundo lugar, si se compara la proyección de empleo con la proyección del PIB que el gobierno presentó en el Presupuesto, se observa que, un año atrás, el gobierno estimaba que por cada punto de crecimiento se generarían 6.000 puestos de trabajo. En la Rendición de Cuentas 2020 se plantea que por cada punto de crecimiento se crearán 9.000 puestos. En palabras del Senador Bergara “se ve que los puntos del PIB vienen recargados en materia de empleo, porque aumentaron en un 50% la capacidad de creación de empleo, lo cual es difícil de explicar”.3

Por último, si bien la economía mostró señales de recuperación en el segundo trimestre de 2021, esto parecería no trasladarse a los indicadores laborales. Los últimos datos de la industria manufacturera muestran que si bien la producción de la industria ya superó los niveles prepandemia un 4,4%, el índice de personal ocupado y el índice de horas trabajadas se encuentran 6,2% Y 8,1% por debajo, respectivamente.4

No intentes ganar por la fuerza lo que puede ser ganado por la mentira

Una estrategia clara por parte del gobierno en materia de empleo parecería ser la tergiversación de la información brindada. El pasado 9 de setiembre la página web del Ministerio de Trabajo y Seguridad Social (MTSS) publicó un comunicado sobre la evolución de los trabajadores en seguro de desempleo. En uno de los párrafos se expresa: “La evolución del número de trabajadores en seguro de paro total viene registrando un progresivo y creciente descenso. En diciembre/enero se ubicó en casi 55 mil personas, luego se redujo entre febrero y mayo a alrededor de 52 mil, en el bimestre junio-julio continuó descendiendo hasta 45 mil, y finalmente en agosto presentó un nuevo descenso ubicándose en 38.839. De esta forma la cifra de trabajadores en seguro de paro total se ubica muy por debajo del promedio del segundo semestre de 2019 (45.300)”.

Esto es un claro ejemplo de cómo presentar la información de forma engañosa, dándole a entender a la población que la situación de los trabajadores formales hoy se encuentra mejor que en el segundo semestre del 2019, dado que habría disminuido la cantidad de trabadores en el seguro de paro. Lo cierto es que, a raíz de la pandemia, al seguro de desempleo se le agregaron dos modalidades además de la común: la parcial y la flexible. Esta última ha sido muy poco utilizada, por lo que nos centraremos en analizar las primeras dos. A agosto de 2021 se encontraban en el seguro de paro 64.000 personas: 39.000 bajo la modalidad “común” y 25.000 bajo la modalidad “parcial”. La comparación que hace el comunicado del MTSS refiere solo a los trabajadores bajo la modalidad “común” y deja de lado los de modalidad “parcial”.

Esta herramienta, que regía hasta el 30 de setiembre, se extendió por decreto por seis meses más para los sectores más afectados por la pandemia. Cuando la modalidad parcial quede sin efecto (y de hecho eso ocurrirá a partir de los próximos días para algunas empresas),5 una parte de los trabajadores, ya sea por causal “suspensión” o por causal “reducción”, transitarán nuevamente hacia la modalidad “común”, por lo que el número de 39.000, que hoy está “desinflado” gracias a la modalidad parcial, probablemente vuelva a inflarse en los próximos meses. Esto no implica un empeoramiento de la situación, sino simplemente el traspaso de trabajadores desde una modalidad que queda sin efecto a otra que siempre estuvo vigente. En síntesis, los datos que hoy tenemos son que los trabajadores en el seguro de paro en el promedio de los primeros ocho meses de 2021 rondan los 74.000; en cambio, para igual período de 2019 rondaban los 46.000.

Otra forma (por demás novedosa) de tergiversar los datos refiere al argumento del bono demográfico. Ante la comparación de las tasas de empleo en los períodos de crecimiento económico 1986-1998 y 2005-2019, el director de la Oficina de Planeamiento y Presupuesto (OPP) argumentó: “Entre 1986 y 1998, la tasa de empleo total promedio –estoy tomando Montevideo– era de 54%. Entre 2005 y 2019 fue de 57,8% en Montevideo; es superior… Ahora, ¿qué es lo que pasa? No son comparables las cifras porque hay un ajuste de la población por el llamado ‘bono demográfico’. Hubo un aumento de la población en edad de trabajar bastante importante en el país en ese período y eso, claramente, tira para arriba las tasas de actividad y de empleo”.6 Esta expresión es sorprendente.

En primer lugar, la tasa de empleo se calcula tomando en cuenta los ocupados que se encuentran en el universo de la “población en edad de trabajar”, en términos matemáticos se trata de un cociente donde los ocupados van en el numerador y la población en edad de trabajar en el denominador. Por lo que, a todo lo demás constante, si la población en edad de trabajar aumenta, la tasa de empleo disminuye.

En segundo lugar, ¿qué ocurrió con la población en esos períodos? Según los datos del INE, la población entre 15 y 64 años entre 1986 y 1998 aumentó 9,6% y en el período 2005-2019 aumentó 9,7%. Es decir, el aumento es prácticamente el mismo en los dos períodos, por lo tanto, las diferencias en las tasas de empleo (que son claramente mayores en 2005-2019) se explican lisa y llanamente por el crecimiento de los ocupados.

Si en los períodos tormentosos lo único que pueden vendernos es que cuando la tormenta haya quedado atrás, el mar estará de nuevo en calma, entonces los economistas se están fijando una tarea demasiado fácil y demasiado inútil

Más allá de los puestos de trabajo que puedan (o no) recuperarse, también es importante poner el foco sobre la calidad de los puestos que se recuperan. En este sentido, la pandemia afectó de manera heterogénea, no solo a trabajadores formales e informales, sino también dentro de la economía formal pegó distinto según las ramas de actividad. Es así que, por ejemplo, mientras en promedio los puestos cotizantes de las trabajadoras domésticas, los asalariados rurales y los dependientes de la construcción se redujeron levemente, en el sector de Industria y Comercio (el más afectado) se perdieron casi 20.000 puestos dependientes. Curiosamente, en dicho sector, el número de patronos cotizantes no sólo no disminuyó, sino que aumentó levemente. En el promedio de los primeros siete meses de 2021, los puestos cotizantes de la construcción y del sector rural se mantienen en los mismos niveles que en el promedio 2020, en tanto que bajan levemente las domésticas y se incrementan en unos 4.000 puestos los dependientes de la Industria y Comercio.

Estos datos refieren a puestos que cotizan a la seguridad social y, por lo tanto, dejan de lado aquellos trabajadores informales. En este sentido, las estimaciones indican que la cantidad de trabajadores informales en 2020 se redujo aproximadamente en 50.000, y en los primeros siete meses de 2021 parecería no haber grandes modificaciones. Sería importante que el gobierno manifestara no solo la preocupación por la recuperación de los puestos perdidos, sino también por qué tipo de puestos se piensan recuperar. Es decir, si se logra recuperar 45.000 puestos, pero la mayoría son informales, entonces se habrá avanzado poco en materia de productividad y de bienestar de los trabajadores. No cabe duda de que percibir ingresos derivados del trabajo (aunque sea informal) es mejor a no percibirlos, pero no debemos perder de vista que no estar cubierto por la seguridad social implica la vulneración de muchos derechos, como por ejemplo, la posibilidad de acceder al seguro de desempleo, o un seguro por enfermedad (herramientas de vital importancia para la sostenibilidad de los puestos en la pandemia).

En este sentido, el gobierno parecería estar dejando pasar una oportunidad propicia para fomentar la creación de empleo formal y la mejora en la capacitación de los trabajadores. Dejar librado a las fuerzas del mercado la recuperación y sostener que “lo peor ya pasó”7 sin aplicar políticas activas puede resultar en un error que implique no solo una recuperación más lenta sino también más costosa, con mayor desigualdad. Dos datos parecerían ser muy ilustrativos al respecto: la inversión pública, herramienta clave de política contracíclica en momentos de crisis, fue el componente que más disminuyó en términos reales en 2020 (casi 8%); por otra parte, se destinan en la Rendición de cuentas 8 millones de dólares para políticas activas de empleo en el próximo año, es decir 0,01% del PIB.

Es imposible que con ese monto de recursos la problemática de casi 600.000 personas (entre desocupados e informales) pueda ser solucionada. La pandemia aceleró los cambios que se venían procesando en el mundo del trabajo y la actual Rendición de Cuentas no prevé recursos que formen y capaciten a las personas que se enfrentarán a los desafíos del trabajo futuro. Sin eso, mucha gente quedará en el camino.

La reducción de los salarios no constituye un remedio contra la depresión debido a que los empresarios no dedican inmediatamente las ganancias derivadas de ello a bienes de inversión. Si un empresario reduce sus salarios puede (ceteris paribus) aumentar su producción, pero si todos hacen lo mismo el resultado será totalmente distinto.

Al igual que sucediera en ocasión de la presentación del Presupuesto Nacional, el programa macroeconómico presentado en la Rendición de Cuentas no cuenta con una proyección oficial de salarios. La única referencia a esta variable se encuentra en la página 32 de la Exposición de Motivos: “Se proyecta que la trayectoria conjunta de los salarios y el empleo evolucione en línea con la actividad económica”. Esta expresión sumamente vaga deja muchas preguntas sin responder: ¿qué implica en línea con la actividad económica? ¿Alcanza con que la variación de la masa salarial sea del mismo signo que la del PIB? ¿o requiere también que sea de la misma magnitud?

Lamentablemente, las respuestas que da el gobierno vuelven a ser poco satisfactorias y apela nuevamente a la presentación de datos de forma engañosa, para justificar una política de reducción de salarios que se inició en 2020 y se configura como eje central en 2021. “No olvidemos que en el período pasado (entre 2014 y 2019) se perdieron 94.558 empleos de más de 40 horas semanales, de los que 93.948 correspondían al sector privado... ¿Cuál fue el incremento salarial que tuvieron esos 94.000 trabajadores del sector privado que quedaron sin empleo el quinquenio pasado?8

Lo primero a señalar es que si bien el número de asalariados privados disminuye entre 2014 y 2019, esto no necesariamente implica que hayan quedado desocupados, sino que pudieron haber transitado hacia otra categoría de ocupación, o bien hacia la jubilación. Asumiendo que esto no ocurrió, y que efectivamente esas personas quedaron desocupadas, el número de asalariados privados pasa de 974.000 en 2014 a 911.000 en 2019, una caída 63.000 (no de 94.000). En segundo lugar, no queda claro por qué el razonamiento anterior de un Senador del gobierno toma en cuenta sólo a los asalariados que trabajan 40 horas semanales o más. ¿Acaso los que trabajan 30 no percibieron aumento de salario real en el quinquenio pasado?

La tarea de los economistas es convencer a los agentes sociales y a los gobernantes de que los reyes magos no existen

La ministra de Economía manifestó que “la política de vacunación es hoy una de nuestras políticas económicas y sociales más importantes”. Cabe preguntarse qué nos espera para después de que la tormenta haya pasado, ¿alcanza con que el mar vuelva a estar calmo? ¿Los reyes magos derramarán los recursos que en la Rendición de Cuentas no aparecen para educación, ni para formación ni para trabajo? ¿O serán los malla oro?

Parecería que el equipo económico de gobierno confía en ellos. Los primeros no existen, los segundos sí, y jugarán su partido. La propuesta de las cámaras empresariales de contratar trabajadores por un salario equivalente a 70% del laudo es clara muestra de ello. Cuando se trata de “derrame”, juéguele una fichita a los reyes magos (capaz que le va mejor).


  1. Declaraciones del ministro de Trabajo y Seguridad Social ante la Comisión de Hacienda y Presupuesto del Senado el 16 de setiembre. 

  2. El cambio de metodología aplicada por el Instituto Nacional de Estadística (INE) para relevar la Encuesta Continua de Hogares a partir de julio (pasando a ser un panel rotativo) implicaría una mejora en tal sentido. Por mayor detalle ver https://www.ine.gub.uy/c/document_library/get_file?uuid=7fde358c-01fa-4cbd-b2c0-b70c55044858&groupId=10181 

  3. Declaraciones del senador Mario Bergara en la Comisión de Hacienda y Presupuesto del Senado el 16 de setiembre. 

  4. Por mayor detalle consultar nota de Bruno Giometti en https://elpopular.uy/en-la-industria-se-recupera-la-produccion-no-el-empleo/ 

  5. Aquellas empresas que no se encuentran en la lista de los sectores más afectados podrán realizar una solicitud al MTSS que analizará la situación y comunicará al BPS la resolución adoptada. 

  6. Palabras del director de la OPP, Isaac Alfie, en la comparecencia del MEF ante la Comisión de Hacienda y Presupuesto del Senado el 7 de setiembre. 

  7. Expresión reiterada en varias oportunidades por la ministra de Economía 

  8. Palabras del senador Sergio Botana en la comparecencia del MEF ante la Comisión de Hacienda y Presupuesto del Senado el 7 de setiembre.