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Economía Academia
Foto principal del artículo 'La investigación con IA debe poner en el centro a la justicia social y el bienestar de las personas, según la decana de la FCEA' · Ilustración: Luciana Peinado

Ilustración: Luciana Peinado

La investigación con IA debe poner en el centro a la justicia social y el bienestar de las personas, según la decana de la FCEA

La primera mujer en alcanzar el decanato de la Facultad de Ciencias Económicas planteó, en diálogo con la diaria, que la inteligencia artificial obliga a repensar la formación de los profesionales y sostuvo que la investigación económica debe enfocarse en desafíos como la pobreza infantil y el empleo juvenil.

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La irrupción de la inteligencia artificial (IA) está obligando a repensar la formación de economistas, contadores y administradores, dijo a la diaria la primera decana en la historia de la Facultad de Ciencias Económicas y de Administración (FCEA), Danny Freira. A su juicio, el desafío no pasa solamente por incorporar nuevas herramientas tecnológicas, sino por redefinir el propósito de las carreras en un contexto en el que la tecnología transforma cada vez más tareas y procesos.

“Tenemos otro desafío importantísimo: cómo transformamos la educación de economistas, contadores, licenciados en Estadística, licenciados en Administración y técnicos en Gestión Universitaria. ¿Cómo cambiamos, a partir de los desafíos tecnológicos que nos plantea la inteligencia artificial, el para qué de las carreras?”, se preguntó.

Según explicó, la facultad ya comenzó a desarrollar experiencias piloto en algunas asignaturas para incorporar estas herramientas al proceso de enseñanza. “Ya estamos proponiendo en algunas asignaturas metodologías de aprendizaje basadas en problemas, donde la solución tiene que generarse con IA. [...] La idea es empezar a hacer que los estudiantes utilicen la IA, no en el sentido que más miedo genera entre los docentes –que terminemos transformándonos en supervisores de trabajos hechos por estos sistemas–, sino para desafiarnos a pensar cómo estas herramientas pueden brindarnos soluciones”, afirmó.

Freira reconoció que la adaptación a esta nueva realidad genera incertidumbre, tanto entre docentes como entre estudiantes. “Ese es el gran desafío. Ahí es donde estamos encontrando que todas y todos tenemos miedo, porque no nos educamos en programación ni en generar este tipo de soluciones de forma cotidiana. Y ahora tenemos que resolver nuestros problemas profesionales maximizando el uso de las herramientas disponibles y adelantándonos a lo que hoy la tecnología puede hacer”, sostuvo.

Consultada sobre los desafíos éticos que plantea la IA, la académica consideró que la principal preocupación no está vinculada a la investigación académica, sino a la orientación que se le dé a la producción de conocimiento. “Yo creo que el principal desafío es estudiar los problemas centrados en lo humano. Ser conscientes de que lo que producimos en términos de procesos, ideas y relacionamiento entre personas, cuando hablamos de hechos económicos o de administración, tiene que tener su foco en la justicia social y en el bienestar de las personas”, afirmó.

En esa línea, sostuvo que “la base del desarrollo está centrada en lo humano y en las capacidades humanas que tenemos para lograr transformaciones cuando estamos profundamente comprometidos con un propósito”. Por eso, remarcó que “la investigación genuina, orientada éticamente hacia los lugares donde existe mayor vulnerabilidad, y el foco en la dignidad de las personas, son temas de los que no nos podemos olvidar”. “La IA no debería utilizarse para generar soluciones donde esas motivaciones no estén en el centro”, agregó.

La nueva decana vinculó además la discusión sobre IA con los desafíos de desarrollo que enfrenta Uruguay. Entre ellos mencionó la necesidad de combatir la pobreza infantil, generar más empleo para los jóvenes y trasladar los avances en materia energética a beneficios concretos para la población.

Freira también advirtió sobre las dificultades que enfrenta el país para fortalecer su sistema científico y tecnológico. “Uruguay puede y debe invertir más en investigación. Tenemos una de las tasas más bajas de la región”, afirmó. Asimismo, cuestionó las limitaciones existentes para el acceso a los regímenes de dedicación total en la Universidad de la República. “Hay cola de espera en la dedicación total porque están esperando que alguien se jubile o se muera para poder acceder. Y eso es terrible, le hace muchísimo mal al país, porque hay gente, en su mayoría joven, que está generando investigación de calidad y que no puede acceder a ese régimen”, concluyó.

Hace unas semanas se convirtió en la primera mujer electa como decana en la historia de la Facultad. ¿Qué significado tiene para usted este hecho?

Es un hecho histórico que reconozco con muchísimo orgullo. Me parece una responsabilidad enorme y, sin duda, un gran honor. Pero también digo, con lucidez, que ser la primera mujer en 94 años en llegar al decanato de esta institución no dice muchas cosas buenas. Algo nos está diciendo. Creo que, como lo planteamos a nivel de la plataforma, tenemos que actuar sobre los mecanismos de promoción, de evaluación, sobre la forma en que generamos incentivos para la carrera académica y sobre las distintas condiciones, tanto culturales como laborales, para que las mujeres lleguemos a posiciones de liderazgo. Hay algo que no está funcionando de forma equitativa.

¿Persisten importantes brechas de género?

Sin duda. Está más que probado que, a nivel educativo, las mujeres presentan mayores logros que los hombres en todos los niveles. Tenemos la mayor cantidad de egresos de las carreras universitarias, más del 60%, de acuerdo con estudios de nuestro propio instituto. Sin embargo, tenemos mayores dificultades para insertarnos en el mercado laboral y también en materia salarial. Por más que estemos más capacitadas, las brechas en torno al acceso al trabajo y la equidad salarial permanecen.

¿Cuáles serán sus principales prioridades como decana?

Tenemos diversos desafíos. Uno muy importante es que la universidad, en su conjunto, se ha embarcado desde hace años en garantizar el acceso de la mayor cantidad posible de jóvenes a la educación superior.

Ahora tenemos el desafío de la permanencia y el egreso. Estamos trabajando en la implementación de un prototipo para el segundo semestre, donde vamos a medir qué pasa clase a clase con los estudiantes. Además, ya implementamos una medición de los resultados obtenidos en los primeros parciales de mayo. A partir de esos datos, estamos diseñando medidas para que los estudiantes no abandonen y puedan presentarse a los exámenes.

Además de eso, tenemos otro desafío importantísimo: cómo transformamos la educación de economistas, contadores, licenciados en Estadística, licenciados en Administración y técnicos en Gestión Universitaria. ¿Cómo cambiamos, a partir de los desafíos tecnológicos que nos plantea la inteligencia artificial, el para qué de las carreras?

Ya estamos proponiendo en algunas asignaturas metodologías de aprendizaje basadas en problemas, donde la solución tiene que generarse con IA. Nos conectamos con el servicio de informática de la universidad y con equipos de la Facultad de Ingeniería para que nos den su visión sobre cuáles son los límites y qué soluciones pueden construirse. La idea es que los estudiantes empiecen a utilizar la IA, no en el sentido que más miedo genera entre los docentes –que terminemos transformándonos en supervisores de trabajos hechos por estos sistemas–, sino para desafiarnos a pensar cómo estas herramientas pueden brindarnos soluciones.

Ese es el gran desafío. Ahí es donde estamos encontrando que todas y todos tenemos miedo, porque no nos educamos en programación ni en generar este tipo de soluciones de forma cotidiana. Y ahora tenemos que resolver nuestros problemas profesionales maximizando el uso de las herramientas disponibles y adelantándonos a lo que hoy la tecnología puede hacer.

Son dos desafíos enormes: aumentar la cantidad de egresos y la permanencia de los estudiantes, y al mismo tiempo desafiarnos como plantel docente, estudiantes y egresados a poner nuestras baterías en la gestión de la tecnología. Todo esto está atravesado por políticas transversales, por una mirada de género y por la necesidad de no dejar a nadie atrás.

Héctor Cancela y Danny Freira, en la Facultad de Ciencias Económicas y de Administración.

Héctor Cancela y Danny Freira, en la Facultad de Ciencias Económicas y de Administración.

Foto: FCEA

¿Qué desafíos éticos plantea la IA para economistas y contadores?

La universidad aprobó recientemente los principios orientadores para el uso de la IA. La facultad tomó conocimiento de ellos y ya está discutiendo cómo aplicarlos. Es el resultado de un trabajo de dos años realizado por docentes y técnicos de distintas facultades, junto con el servicio de informática.

Nosotros adherimos a esos principios y vamos a empezar a trabajar activamente, generando espacios de práctica y trabajando en reglamentos que permitan un uso ético de estas herramientas, porque la IA plantea desafíos en todas las profesiones. Sin duda, el desafío más visible tiene que ver con la generación de investigación original y genuina. Pero, desde mi perspectiva, ese no es el principal problema, porque las investigaciones que no son originales no pasan ciertos filtros y rápidamente el mundo entero se da cuenta de dónde está el fraude.

Yo creo que el principal desafío es estudiar los problemas centrados en lo humano. Ser conscientes de que lo que producimos en términos de procesos, ideas y relacionamiento entre personas, cuando hablamos de hechos económicos o de administración, tiene que tener su foco en la justicia social y en el bienestar de las personas. Estoy convencida de que la base del desarrollo está centrada en lo humano y en las capacidades humanas que tenemos para lograr transformaciones cuando estamos profundamente comprometidos con un propósito.

La educación es uno de los lugares donde más rápidamente se percibe el sentido de lo que hacemos. Hace pocos días entregamos dos títulos a una misma persona y ella decía que habían sido muchos días de panza vacía y zapatos rotos. Para mí, ahí se concreta como docente esta idea de que una persona, con mucho esfuerzo, logra ciertas metas y puede romper círculos que sabemos que llevan años superar.

Hay un trabajo excelente, dirigido por Verónica Amarante con un gran equipo, que muestra que cada año cursado en la universidad genera diferencias importantes en los ingresos de las personas y en las oportunidades a las que pueden acceder. Por eso creo que la investigación genuina, orientada éticamente hacia los lugares donde existe mayor vulnerabilidad, y el foco en la dignidad de las personas, son temas de los que no nos podemos olvidar. La IA no debería utilizarse para generar soluciones donde esas motivaciones no estén en el centro.

¿Qué temas cree que son claves a la hora de la investigación económica para fomentar el crecimiento y el desarrollo de Uruguay?

Tenemos desafíos muy importantes como país. No solamente debemos comprenderlos, sino encontrar las políticas públicas que permitan, de una vez por todas, erradicar la pobreza infantil, enfrentar problemas sociales que nos duelen profundamente y reducir las brechas que se generan en determinadas partes del país y con relación a mercados en donde la droga destruye familias y a jóvenes. Tenemos que encontrar formas de aumentar el empleo juvenil para que los jóvenes puedan encontrar tempranamente su propósito y el lugar desde donde aportar a la sociedad.

También necesitamos herramientas para trasladar los avances que hemos tenido en materia energética a beneficios concretos para las personas. Tuvimos una reunión con la UTU, el Parque Tecnológico Industrial del Cerro, responsables de extensión universitaria y equipos de innovación de la facultad, para pensar qué podemos aportar a los emprendimientos del Municipio A, cómo ayudarlos a crecer, aumentar sus tasas de supervivencia y mejorar la calidad y cantidad del empleo que generan.

¿Qué políticas públicas pueden contribuir? ¿Qué herramientas de gestión? ¿Qué instrumentos tributarios? Son preguntas que debemos responder para transformar estas iniciativas en realidades concretas.

Uruguay puede y debe invertir más en investigación. Tenemos una de las tasas más bajas de la región. Además, enfrentamos problemas vinculados a las dedicaciones totales. Hay cola de espera en la dedicación total porque están esperando que alguien se jubile o se muera para poder acceder. Y eso es terrible, le hace muchísimo mal al país, porque hay gente, en su mayoría joven, que está generando investigación de calidad y que no puede acceder a ese régimen que le permitiría tener un salario medianamente bueno, pero sin exagerar, y, sin embargo, no lo podemos hacer.

La universidad también viene dando una gran lucha para fortalecer la investigación en el interior, radicar docentes, desarrollar infraestructura y vincular el conocimiento con las estrategias productivas de cada territorio. Eso todavía no lo estamos logrando, en función de estas restricciones que tenemos en materia de fondos y muchas veces también de articulación interinstitucional.

¿Esos problemas de financiamiento y articulación ayudan a explicar en parte las dificultades que tiene Uruguay para innovar y crecer?

Las tasas de crecimiento están condicionadas por un contexto internacional muy complejo. Yo no recuerdo haber vivido un período de tanta angustia global como el actual. La clausura de mercados y las guerras que estamos viendo influyen enormemente sobre lo que los países pueden hacer con variables que muchas veces están fuera de su control. Pero, también es cierto que la necesidad es la madre del ingenio. En un contexto donde necesitamos agudizar las ideas para obtener recursos y resolver problemas persistentes, la innovación, el mejor aprovechamiento de la tecnología, la articulación interinstitucional y la capacidad de compartir recursos pueden contribuir mucho al desarrollo.

La universidad es apenas uno de los actores que aporta en esa dirección, pero tiene un compromiso muy fuerte con el país. Sin duda que es uno de los tantos actores que ponen su granito de arena para que el Uruguay sea mejor. Pienso que es una responsabilidad política y social de toda la sociedad en su conjunto comprometerse con un desarrollo sostenible y más equitativo en el tiempo.

El foco en lo humano, en la articulación interinstitucional, es fundamental. A veces estamos tan inmersos en lo cotidiano que cuesta tener tiempo para conversar, encontrarnos y construir soluciones. Sin embargo, creo que ese es el tiempo mejor invertido: recuperar los vínculos, los espacios de diálogo y la esperanza de que las cosas pueden y deben ser mejores.