El objetivo general del estudio, que estuvo a cargo de Equipos Consultores, fue evaluar la institución a través de los lentes de la opinión pública, los líderes de opinión y los actores institucionales vinculados a su gestión.
En términos generales, el análisis concluye que la reputación de la institución “se mantiene en niveles altos en atributos como prestigio, confianza y cumplimiento de sus funciones, reflejando una percepción estable de su solidez institucional y técnica”. Esto sugiere una imagen institucional sólida y una mejora del vínculo y la comunicación con la sociedad.
La percepción de la opinión pública
Evaluación general e imagen institucional
Como marco general, del relevamiento se desprende que el 70% de los consultados evalúa positivamente a la institución (solo el 6% tiene una valoración negativa) y que la mayoría de los uruguayos puede identificar correctamente, aunque de manera guiada, cuáles son sus funciones, pese a que todavía hay una porción significativa que no logra mencionar espontáneamente ninguna de ellas (31%).
En ese sentido, el nuevo relevamiento marca que, con relación al estudio realizado en 2020, aumentó de forma importante el nivel de conocimiento en torno a la función “trabajar para mantener la estabilidad de precios y combatir la inflación”, así como la función vinculada a “informar las tasas de interés del mercado”.
Asimismo, el nuevo estudio indica que la evaluación del Banco Central del Uruguay (BCU) mejora para las cinco funciones evaluadas, alcanzando valoraciones positivas superiores al 50% en cada una de ellas; a saber: emisión de billetes y monedas; regulación, control y supervisión del sistema financiero y bancario; trabajar para la estabilidad de precios y el combate a la inflación; elaboración y difusión de información sobre sistema financiero, PIB, exportaciones e importaciones, y regulación, control y supervisión de las AFAP y empresas de seguros.
Conocimiento sobre la inflación
El 17% de los consultados indicó que sabe “mucho” o “bastante” sobre la inflación, lo que marca un retroceso con relación a los relevamientos realizados en 2020 (25%) y en 2014 (24%), aunque se ubica por encima de los registros correspondientes a 2007 (13%).
A su vez, un 40% contestó que sigue más de cerca la cotización del dólar que la inflación (11%), aunque el 32% señaló que sigue ambas dimensiones por igual. En ese sentido, menos de la mitad de la población (44%) hace un seguimiento de la evolución de los precios, en contraste con el 72% que va siguiendo los vaivenes del tipo de cambio.
No obstante, a pesar del menor seguimiento, dos tercios de los encuestados manifiesta estar “bastante” o “muy” preocupado por la inflación o el aumento de los precios en general. Al desagregar esta pregunta, el nivel de preocupación es sensiblemente mayor entre las mujeres, las personas de entre 30 y 64 años y entre quienes cuentan con menor nivel educativo y socioeconómico.
Por otra parte, solo el 33% de las personas entrevistadas logró responder correctamente cuál es el rango dentro del cual se han movido los precios el último año (“entre 3% y 5%”), cifra que aumenta entre los jóvenes, los varones y las personas con nivel educativo medio y alto.
Con relación a la meta inflacionaria, solo una de cada cinco personas mostró confianza en la capacidad del BCU de cumplir con ella en un horizonte de dos años, que es el período que conforma el horizonte relevante de la política monetaria. A este respecto, el documento destaca que “la confianza en que la inflación se ubique cerca de la meta del BCU en el futuro se asocia fuertemente al nivel educativo y socioeconómico de las personas, creciendo a medida que aumentan ambos indicadores”.
Comprensión de noticias
Consultados por el grado de entendimiento acerca de las noticias del BCU que salen en televisión, radio o internet, el 25% de las personas indicó que las entiende “la mayoría de las veces”, 32% señaló que “a veces”, 10% que lo hace “rara vez” y un 5% dijo que “nunca”; un 27%, por otra parte, contestó que “no ve noticias del BCU”.
Confianza en los medios de pago digitales
Sobre esta dimensión, la investigación constató que el 73% considera que el BCU asegura un entorno seguro para usar medios de pago, mientras que un 65% indicó que, en general, confía en la seguridad de estos medios. Por otra parte, el 64% respondió estar preocupado por que sus datos personales y financieros no estén protegidos al operar en ese entorno y un 62% mostró preocupación por el riesgo de fraude o hackeo.
La percepción de los “líderes” de opinión
El análisis de este segundo universo de encuestados evidencia que tres de cada cuatro informantes calificados hacen una evaluación global positiva sobre el BCU, aunque esa evaluación global presenta un leve retroceso con relación al relevamiento que se hizo en 2020.
Sobre esto, el informe destaca que los cambios principales con respecto a esa medición previa “son el aumento significativo de la calificación de la política de estabilidad de precios, y la leve caída en la valoración de las políticas de supervisión del sistema financiero y el fomento del desarrollo del mercado de deuda”.
Por su parte, entre los atributos con mejor valoración destacan la ética, la transparencia, la credibilidad y el compromiso con sus objetivos (aspectos básicos en la imagen de un banco central), además de la capacidad y solidez técnica de sus funcionarios.
Sobre la política de estabilidad de precios
Con relación a este tema, la investigación encuentra que, entre 2014 y 2026, las valoraciones positivas escalan desde 39% hasta 73%. En particular, mejora sensiblemente la evaluación positiva en torno al compromiso del banco con el objetivo de estabilidad de precios, su credibilidad y la claridad de los mensajes. En ese sentido, cerca del 60% de los agentes consultados entiende que la institución tiene una “alta influencia” en la convergencia hacia el rango de tolerancia de inflación (3% a 6%).
Sobre el sistema de pagos
En este frente, el 60% de los “líderes” consultados entiende que los resultados del proceso de modernización y digitalización del sistema de pagos han sido positivos. A este respecto, la mayoría de los jerarcas del sistema de pagos identifica, dentro de los principales avances, la implementación de las transferencias instantáneas, la digitalización de cheques y el aumento de la seguridad general en las operaciones de pago.
No obstante, también manifestaron una visión crítica sobre otras innovaciones, como el sistema de pagos rápidos persona-comercio y la introducción del alias para las transferencias.
En esa línea, destacaron tres obstáculos que restringen los avances sobre el desarrollo de las nuevas tecnologías de pago: los costos de implementación, la falta de conocimiento y resistencia cultural de los usuarios.
Sobre la información estadística
Finalmente, sobre esta dimensión el estudio destaca que “uno de los principales cambios que surgen de la actual encuesta a líderes es el significativo aumento de la satisfacción de los especialistas en economía con la información” provista por la institución. Concretamente, la satisfacción promedio de los especialistas mejoró del 3,8 al 4,3 entre 2020 y 2026 (en una escala que va del 1 al 5). Más aún, el 97% de los encuestados manifestó estar “satisfecho” o “muy satisfecho” con esta función del banco.
En todos los atributos medidos sobre este plano, la satisfacción mejora con relación al pasado. En particular, destaca el incremento de la valoración positiva sobre la frecuencia de los reportes y las estadísticas (el porcentaje de especialistas satisfechos o muy satisfechos pasó del 61% al 94% entre ambas referencias) y sobre la oportunidad asociada al momento de la difusión (que mejora 30 puntos porcentuales frente a 2020).
