El lunes 5 comenzaron las clases en los cinco centros sociales y educativos que puso en marcha la Federación de Obreros y Empleados de la Bebida (FOEB). Tres ya funcionaban desde el año pasado: uno en el Club Cervercero, en Montevideo; otro en Minas, que hasta el año pasado contaba con un turno y ahora tendrá dos, y el tercero en Pan de Azúcar. Este año se inauguró otro en Montevideo –en Mendoza e Instrucciones– y uno más en el Barrio Sur de Paysandú. En Casavalle la FOEB venía haciendo trabajo solidario, y se optó por ese lugar para inaugurar el centro de forma de dar “un apoyo concreto a la gente de la zona, que hasta hoy no tenía servicio”, comentó a la diaria el presidente de la Federación, Fernando Ferreira. En Paysandú el centro se instaló en un local que cedió la intendencia, y la idea es que sea “el primero en el litoral”.

En promedio, cada centro atiende por turno a 30 niños, llegando a a unos 300 en total que cursan cuarto, quinto y sexto año en escuelas públicas de la zona. Los niños van al centro a contraturno de la escuela, y allí reciben el desayuno o la merienda –según el caso–, se les entregan útiles escolares, la túnica, hacen los deberes con maestras de apoyo y tienen clases de inglés, informática, música, ajedrez y actividades de huerta entre otras, “buscando algo que contribuya a la enseñanza de forma distinta”, comentó Ferreira. Las maestras de las escuelas de la zona seleccionan, en conjunto con la directora, qué niños son los que irán al centro, en función de su desempeño curricular, de su comportamiento y de su contexto. Según contó el dirigente sindical, a fines del año pasado “los informes de las escuelas sobre el comportamiento de los niños que concurren a los centros son muy alentadores para nosotros; nos dicen que ha mejorado su desempeño, no sólo curricular sino también su comportamiento”.

Gestión obrera

La financiación de estos centros surge de un aporte que hacen las empresas, estipulado en el convenio colectivo que se firmó en 2015. Los fondos se entregan a la FOEB y se destinan a los docentes que atienden los centros, los materiales y la comida. La gestión de los centros corre por cuenta de militantes de la federación. “Da trabajo, pero al final del año, cuando ves a los niños que terminan el año y mejoran su rendimiento, lo que terminamos haciendo con esto es generar más militantes para el sindicato, porque todos los que están involucrados quedamos muy conmovidos”, graficó Ferreira.

A fines de 2017, la FOEB hizo un congreso nacional en el que se reafirmó, por unanimidad, esta línea de negociación, que apunta a “permitir un crecimiento de salario y a la vez renunciar a uno mayor, y que esa diferencia se vuelque a devolver a la sociedad algo de lo que recibimos. Ese es el fin” que persigue el sindicato, comentó Ferreira. De cara a la próxima ronda de los Consejos de Salarios, Ferreira explicó que el sector de la bebida tiene seis grupos de negociación colectiva: cuatro cuya situación salarial está por encima de la media nacional (cerveza, aguas y refrescos, transporte de la bebida y maltería), uno que está en una situación intermedia, que es el sector licorero, y el de bodegas y viñedos, en el que hay “problemas muy importantes”. En la ronda de negociación de este año se buscará contribuir a mejorar el salario y las condiciones laborales de este último sector y, en el caso de los cuatro grupos cuya situación salarial está por encima de la media, se “va a apostar a un crecimiento de los centros sociales y de una idea para apoyar a los adolescentes que dejan el liceo”.

Ferreira explicó que el objetivo es lograr la financiación para poder abrir tres centros sociales y educativos en las zonas de mayor influencia de la FOEB: Nueva Palmira, Salto y uno más en Montevideo, sumando así ocho centros.

Además, este año se va a proponer crear una escuela de oficios para adolescentes. “No estamos de acuerdo con la caracterización de los ni-ni. Pensamos que los jóvenes que dejan de estudiar a veces no encuentran su espacio, no logran ubicarse en qué quieren hacer a nivel educativo, y esta escuela puede ser una posibilidad para que encuentren una alternativa para vincularse con el mundo del trabajo”, explicó el dirigente. Todavía no está claro qué oficios se enseñarán: “Hay algunos que pueden resultar vetustos, porque si pensamos en soldadores, hay que ver qué soldadores se precisan; robótica o programación quizá sea lo mejor. Estamos avanzando con los técnicos en la propuesta”.

En este caso, la escuela no apunta tanto a complementar lo que los adolescentes hagan en el sistema educativo formal, sino a ofrecer una formación a quienes hayan abandonado el liceo o la UTU. En los planes también está conversar con las autoridades del Consejo de Educación Técnico Profesional-UTU y del Consejo Directivo Central de la Administración Nacional de Educación Pública, para ofrecer la posibilidad de coordinar la currícula en caso de que pueda servir para que los jóvenes se reinserten luego en el sistema formal. La escuela de oficios también reservaría un cupo para adolescentes en conflicto con la ley, para brindarles una formación que pueda significar una alternativa laboral una vez recuperada su libertad.

Esta no es la primera idea que maneja la FOEB para trabajar con adolescentes. Años atrás habían propuesto la creación de un liceo obrero, que, según señaló Ferreira, “no supimos explicar”. Esa idea hoy está “congelada”, y lo que se busca con la escuela de oficios es “preparar a los chiquilines para el mundo del trabajo, que hoy por hoy está viviendo cambios estructurales, y la base para acceder al mercado laboral es el conocimiento; quienes no tienen conocimiento quedan afuera del sistema”, aseguró.

Para Ferreira, la generación de proyectos sociales en acuerdo con empresarios, trabajadores y gobierno “es política instalada entre los compañeros” y parte de un proceso “que ha madurado”. “Puede haber casos aislados de quienes dicen ‘preferiría que me pelees dos puntos más de salario’, pero en el colectivo ya nadie nos dice que dejemos de hacer esto”, afirmó.