En el marco del X Congreso Iberoamericano de Educación Científica, realizado esta semana en Uruguay, se llevó a cabo un conversatorio en el que docentes, autoridades y científicos intercambiaron sobre la apropiación social de las ciencias y su contribución a los debates actuales y a la formación ciudadana. El lunes 25 de marzo, día del comienzo del congreso, el presidente del Consejo Directivo Central (Codicen) de la Administración Nacional de Educación Pública (ANEP), Wilson Netto, planteó en la mesa que es necesario entender que en las sociedades actuales el conocimiento se convierte en poder y que, en ese sentido, “uno puede concentrarlo o distribuirlo”.El jerarca señaló que el trabajo en proyectos es una forma de hacer que los conocimientos sean apropiados por los estudiantes de otra forma, y que esa metodología está universalizada en la ANEP.

Según Netto, “cuando se rompen barreras conceptuales” los “instrumentos” para generar cambios “aparecen rápidamente”. Al respecto, consideró que dejar de considerar a las personas como “pacientes” y pasar a verlas como “agentes” es “un cambio conceptual importante”. El presidente del Codicen señaló que el conocimiento científico y matemático “está dado en Uruguay”, pero admitió que “a veces cuesta socializarlo”.

Ricardo Ehrlich, director del Institut Pasteur de Uruguay, recordó que al momento de la recuperación democrática de mediados de los años 80 en el país no había un reconocimiento social de los posgrados. Si bien señaló que eso se ha podido superar, ya que cada vez más está extendida la idea entre los científicos y académicos de que la formación de posgrado es importante, entendió que ahora el país tiene nuevos desafíos. Dijo que “la cultura científica es la base del diálogo entre la ciencia y la sociedad” y es necesaria para que no haya desigualdad social, ya que desconocer o ignorar es sinónimo de “quedar afuera”.

Ehrlich indicó que el hecho de que 90% de las patentes del mundo se distribuyan entre Estados Unidos, Japón y la Unión Europea muestra que en la región existe una “debilidad de base” en materia de producción de conocimiento científico, que “hace parte de la fractura de nuestras sociedades”. Además, habló de la importancia de la comunicación científica y señaló que si las personas están alejadas de la cultura científica tienen un pensamiento “mágico” respecto de ese tipo de conocimientos, sin suficientes fundamentos para contrastar información. Ehrlich recordó la frase “con ciencia grande no hay país pequeño”, del científico uruguayo Clemente Estable, y señaló que el ejercicio de una ciudadanía plena incluye a la cultura científica. Además, marcó la necesidad de construir “un país de aprendizaje”, con recorridos de educación a lo largo de toda la vida y con capacidad de crear conocimiento propio.

Desde chicos

Agustín Adúriz-Bravo, investigador argentino de la Universidad de Buenos Aires, señaló en la actividad que la apropiación social de la ciencia debería comenzar en la escuela de forma obligatoria y a edades tempranas. Planteó la necesidad de repensar qué se enseña en ciencias en la educación obligatoria, y expuso algunas posibles respuestas: para entender cuestiones sencillas del mundo que nos rodea; para poder hacer una valoración crítica de los alcances y límites de la ciencia y, por ejemplo, que los sujetos estén capacitados para responder “qué quiere decir que algo está científicamente comprobado”; para acercar la ciencia en tanto actividad humana, lo que sirve para “perderle el miedo y poder participar” en ella; para tomar decisiones informadas en ciencia y tecnología; y también para “sentirnos herederos de una saga profundamente humana”.

Por su parte, Mariano Jabonero, secretario general de la Organización de Estados Iberoamericanos para la Educación, la Ciencia y la Cultura (OEI), planteó que se necesitan la cultura científica y la evaluación, que van en paralelo. Consultado por la diaria, Jabonero señaló que los conocimientos científicos, matemáticos y tecnológicos tienen una gran importancia entre las competencias que se requieren de los individuos para el siglo XXI. Por lo tanto, valoró que la enseñanza de la ciencia “es prioritaria” en la región latinoamericana, que “históricamente ha tenido mayor vocación por las humanidades”. “Hay un problema histórico que abordar; no hay contradicción entre humanidades y ciencia, pero sí hay que tener en cuenta eso como un dato importante”, agregó.

Para el secretario de la OEI el vínculo con estas disciplinas también debe comenzar desde que los niños son pequeños. Señaló que la formación en lectura desde la primera infancia es clave para la maduración de los niños y que, por lo tanto, es necesario que exista una actitud favorable a la lectura, incluso antes de aprender a leer. “Si los padres o abuelos le leen y el niño ve en la lectura un evento estimulante, divertido, va a ser un chico que va a leer y le va a ir bien en la vida por saber leer y por hacerlo bien”. Jabonero señaló la necesidad de formar “mentes curiosas” en niños que “desde muy pequeños manipulen las cosas”. “No tiene una mente curiosa un niño que está cuatro horas con una pantalla delante. Eso es la negación de la curiosidad, es hacer una apuesta por la pasividad absoluta, hasta física”, lamentó.

Además, el jerarca es consciente de que existe un sesgo de género en cuanto al acceso a las áreas científica, matemática, de ingeniería y tecnología. Al respecto, explicó que las pruebas PISA, que evalúan competencias matemáticas, científicas y de lectura en adolescentes, muestran que las mujeres están por encima de los varones en lengua, que los varones están “ligeramente por encima” de las mujeres en matemática y que en ciencias “prácticamente están empatados”. “Si eso ocurre así a los 15 años, ¿por qué demonios cinco años después las chicas están haciendo carreras con salidas laborales más complicadas y con menos nivel de renta, y los chicos optan por carreras científico-tecnológicas? Se produce un divorcio que hay que corregir”, consideró.