Con toda su trayectoria académica a cuestas y pese a ser el conferencista destacado, el pedagogo francés Philippe Meirieu fue un asistente más a la Feria de Buenas Prácticas Educativas organizada el fin de semana pasado por el Colegio Santa Elena y Unesco Montevideo. Durante la mañana, recorrió los 74 stands y conoció los 80 proyectos innovadores de diversos centros educativos uruguayos, tanto del ámbito público como del privado y de la educación formal como de la no formal.
En ese marco, conversó y se sacó fotos con decenas de personas de las cientas que pasaron por el Centro Gallego de Montevideo, donde se realizó la feria en la que poco después Meirieu llenaría una carpa de proporciones considerables con gente interesada en escucharlo. Como resumió antes de presentar su conferencia Pablo Cayota, director del Santa Elena, Meirieu ha enseñado que “educar es el acto profundamente revolucionario de dar la bienvenida a un nuevo ser al mundo, ofreciéndole las herramientas de la cultura para que pueda comprenderlo, pero dejándole la absoluta libertad para que decida transformarlo”.
En un contexto marcado por el aumento de la violencia y la crispación, el descenso en los aprendizajes y el auge de la inteligencia artificial (IA), el acto educativo enfrenta múltiples desafíos y tensiones. Minutos antes de dar la conferencia, y traducción mediante, Meirieu conversó con la diaria sobre este contexto.
“El papel de la escuela es enseñar, pero no se trata simplemente de eso. Consiste en permitir que niños diferentes aprendan los mismos conocimientos juntos”, comenzó el pedagogo, que, de esa forma, hizo referencia a las “inseparables” misiones de transmisión y socialización que tienen las instituciones educativas. Sin embargo, planteó que la IA viene a cuestionar dicha misión, sobre todo si se plantea como una posibilidad de individualización y mecanización del proceso de enseñanza que desplaza a los docentes, algo que considera “un grave error”. Meirieu contrapuso la lógica de la IA, que “genera textos, imágenes y documentos de manera inmediata y extremadamente rápida”, con la de la escuela. Según planteó, las instituciones educativas son “el lugar donde se aprende a madurar el pensamiento” y allí “no se buscan la inmediatez ni la rapidez absoluta, sino aprender a documentarse, a reflexionar y a intercambiar ideas con los demás”. Este fomento del pensamiento crítico está en las antípodas de lo que ofrece, según Meirieu, la IA: “Con gran rapidez, genera una respuesta que parece satisfactoria y que podría bastarnos, eximiéndonos de la necesidad de ejercer nuestra propia inteligencia”.
Por ello, ha apelado al concepto de “deuda cognitiva” para hacer referencia a que quien utiliza estas plataformas de forma sistemática “termina perdiendo ciertas capacidades personales, tales como la investigación, la reflexión, la capacidad de cuestionar, la conceptualización”, entre otras. Al igual que lo ha hecho en distintas charlas que dio en su paso por Montevideo, donde recibió el doctorado honoris causa de la Universidad de la República, lo fundamentó a partir de una investigación realizada en Estados Unidos que muestra que una persona que usa la IA dos horas por día pierde 20% de sus capacidades cognitivas, aunque no de forma permanente.
“Por tanto, debemos tener cuidado para que esta herramienta —que, sin duda, puede ofrecer diversos servicios— no resulte, en realidad, contraproducente para el desarrollo de la inteligencia, tanto individual como colectiva”, resume. Según planteó, a eso se suma que la mayoría de los usuarios de este tipo de plataformas no saben realmente cómo funciona y que “toda IA tiene una base de datos determinada por sus creadores”. “Tampoco saben cómo se entrena”, dijo, y completó que es un proceso a menudo realizado en continentes como Asia o África.
Como las respuestas que la IA ofrece a los usuarios se basan en lo que la respectiva base de datos considera como estadísticamente predominante, puede contener falsedades. “Si, por ejemplo, en la base de datos abundan las opiniones que afirman que el cáncer se cura con infusiones, la IA concluirá que el cáncer debe tratarse con infusiones”, ilustra. Como ejemplo de este tipo de decisiones tomadas por quienes desarrollan las plataformas señaló que, a partir de una decisión de Elon Musk, Grok, la IA que desarrolló, excluyó de su base de datos a Wikipedia por considerarla una plataforma woke.
Si bien mucha gente entiende que la IA tiene acceso a la verdad, el pedagogo sostiene que, en realidad, “no conoce el concepto de verdad”. Por lo tanto, consideró necesario que se explicite cómo funcionan y diferenció los grandes modelos de lenguaje que se dirigen a un público general, como ChatGPT -cuyas bases de datos se desconocen-, de los pequeños modelos de lenguaje especializados en algunas disciplinas que sí pueden resultar fiables.
En este escenario, Meirieu considera que “el papel de la escuela consiste en ayudar a los niños y adolescentes a entender qué es la IA” y cómo funciona. En particular, se mostró preocupado por que los niños entiendan que “no se trata de un ser humano” y por ese motivo está impulsando en Europa una ley que prohíba expresamente que las IA simulen un diálogo como el que se da entre seres humanos. “Si llegamos a creer que se trata de una persona, estableceremos con ella una relación de confianza; y esa confianza nos llevará a olvidar que, en realidad, es una máquina que opera según reglas que escapan a nuestro control”, fundamentó.
Por otra parte, el pedagogo marcó la importancia de que las instituciones educativas también desarrollen actividades que no puede realizar una IA, por ejemplo, aquellas que tienen que ver con el desarrollo de aspectos corporales, actividades de cooperación entre pares, tareas de investigación y fomentar la conexión con la naturaleza. Según plantea, eso sirve como “contrapunto” del aislamiento que las plataformas pueden llegar a generar.
El auge de la extrema derecha en el contexto actual
Consultado sobre los desafíos que supone para la vida en común -y, por tanto, para la institución escolar- el auge de la extrema derecha y el populismo, Meirieu respondió que lo que alimenta a ese tipo de discursos “es el rechazo a la complejidad”. “Es la búsqueda de una solución inmediata y sencilla. Es la búsqueda de un chivo expiatorio, es decir, alguien a quien hacer culpable de todos los males”, agrega y, según afirma, ante eso la escuela “desempeña un papel absolutamente fundamental”.
El pedagogo es enfático al señalar que el rol del sistema educativo no es el de enseñar un pensamiento de izquierda para contrarrestar al de la derecha, sino el de “permitir que cada quien comprenda y reflexione sobre las realidades del mundo de la manera más rigurosa y completa posible”. En otras palabras, se trata de ayudar a “no aceptar todo aquello que se inclina hacia la vía fácil”.
Planteó que actualmente circulan discursos simplistas por los que se cree que “se puede suprimir un suceso haciendo desaparecer sus consecuencias sin abordar las causas”. Como ejemplo mencionó el caso de quienes creen que se puede eliminar la delincuencia eliminando a los delincuentes y planteó que, justamente, “lo que la extrema derecha sostiene constantemente es que basta con ocuparse de las consecuencias sin atender las causas” de los fenómenos. “En el caso de la delincuencia, por ejemplo, plantean que basta con reprimirla, sin necesidad de luchar contra la pobreza o la desigualdad”, agregó. Por lo tanto, desde su perspectiva, es importante que en la escuela las personas “aprendan a reflexionar y a acceder a un análisis algo más profundo de las realidades del mundo para no aceptar formas de pensamiento simplistas o dogmáticas”. Según completó, estas últimas “resultan peligrosas porque, casi invariablemente, conducen a la idea de que existe un culpable y que para resolver el problema basta con eliminarlo”. En ese sentido, el pedagogo entiende que ese tipo de lógicas no solo no solucionan los problemas, sino que los perpetúan.
“La finalidad de la escuela es la emancipación de las personas”, que “consiste en brindar a cada individuo la posibilidad de no quedar confinado al lugar del que proviene”, definió, y lo ilustró con un ejemplo personal. Su familia, incluyendo a sus padres, eran de extrema derecha, pero él no era responsable por los actos de sus parientes. En su caso, afirma que la escuela fue el ámbito que le dio la posibilidad de emancipación y de elegir su propio destino. “No tenemos la culpa de dónde venimos, pero sí podemos elegir hacia dónde vamos”, resume, y completa que lo contrario de esa idea es la de “fatalidad”. “La fatalidad consiste en ser algo y tener que permanecer encerrado en lo que uno es. La escuela abre las ventanas, abre las puertas, permite descubrir algo distinto y, gracias a ello, es posible ser libre”, dijo.
El rol de la pedagogía en los debates actuales
En los debates y discusiones sobre educación, los aportes de la pedagogía cada vez son más desplazados por nociones que vienen de otras disciplinas, como la economía, la sociología o la psicología, entre otras. Consultado al respecto, Meirieu dijo que la economía, la neurociencia o la lingüística son ciencias, pero la pedagogía no lo es, ya que se trata de “un arte práctico”. “Se nutre de todas las ciencias, pero es una disciplina impregnada de valores y compromiso personal”. Dijo que cuando se enseña o se habla de pedagogía, se hace referencia a “un valor intelectual”. “Nos apoyamos en los datos científicos que nos ofrece el contexto y todo ello fundamenta nuestra práctica. Sin embargo, lo que sucede en un aula, en un momento determinado y con un docente concreto, es algo que nunca ha ocurrido antes y que jamás volverá a repetirse”, sostuvo. En ese sentido, agregó que “lo que constituye la pedagogía es la capacidad de actuar de manera adecuada en el momento preciso, de reaccionar positivamente ante una situación dada”.
Respecto de cómo ese arte es aprendido, además de a partir del conocimiento científico, indicó que el aprendizaje se da “a través de la experiencia y de la mentoría con quienes están a cargo de la formación” de los educadores. “No debemos confundir las ciencias que aportan sus conocimientos a la pedagogía con la pedagogía en sí, que consiste en la reflexión sobre la acción”, sentenció.
Meirieu comparó a la pedagogía con la política, ya que también se nutre del conocimiento científico producido por la economía, las finanzas, las relaciones internacionales y otras disciplinas, pero la suma de todos esos elementos no es igual a la decisión final que se termina adoptando. “La toma de decisiones es algo que se aprende, sobre lo que se reflexiona y que se va adquiriendo con el tiempo. Por eso, la pedagogía no puede enseñarse de manera dogmática o mediante lecciones magistrales; se aprende, más bien, a través del acompañamiento y el análisis de las propias prácticas”, añadió.
Además, rechazó asociar a la pedagogía con lo que ocurre únicamente en las instituciones educativas, ya que, por ejemplo, también tiene lugar en los espacios de ocio de los niños, y en esos procesos las familias adquieren un protagonismo relevante. “Por tanto, la pedagogía es la reflexión sobre la forma en que acompañamos al niño en su camino hacia la edad adulta. Se trata de un conjunto de doctrinas y conocimientos, pero también de la manera en que cada una de las personas que educan a los niños —padres, profesores, monitores en campamentos de verano, etcétera— acompañan a los menores para convertirlos en adultos competentes y responsables”, concluyó.
Nuevo libro de Meirieu será publicado por la Unesco próximamente
Educar es resistir. Por un combate pedagógico es el título de un librillo con textos inéditos de Meirieu que en las próximas semanas será publicado por la Unesco y la oficina de la Unesco en Montevideo. Los textos, además, fueron escritos por el pedagogo pensando en los lectores uruguayos, más allá de que en el prólogo, al que accedió la diaria, el intelectual se disculpa porque sus aportes fueron elaborados desde la realidad europea: concretamente, la francesa. En ese sentido, plantea que al igual que cualquier aporte que se realice en el campo de la pedagogía, sus textos deben ser vistos como contribuciones a la reflexión y no como “lecciones”.
En el librillo, justamente, se refiere a la necesidad de romper con las certezas, a las que relaciona con el saber, pero no con el aprender. Con base en algunas anécdotas personales y conceptos de diversos autores, Meirieu da cuenta de la evolución de su pensamiento y, por ejemplo, cuenta cómo llegó a concluir que es peligroso reducir lo educativo al ámbito escolar. Además, expone sus principales propuestas en materia escolar y menciona algunas pistas a la hora de desarrollar la cooperación entre estudiantes.
