La periodista, escritora y activista feminista española Cristina Fallarás ha sido la impulsora de las campañas que se viralizaron con los hashtags #Cuéntalo –tras el caso de “La Manada”– y el #SeAcabó –luego del “caso Rubiales”– para visibilizar testimonios de víctimas de violencia de género y violencia sexual en su país. Desde hace unos años, sin hashtags, difunde testimonios anónimos de víctimas de violencia en su cuenta de Instagram, que hoy también es un archivo y que ha destapado casos que involucran a personalidades públicas de España como el exdiputado Íñigo Errejón o el rapero Ayax. Por su trabajo de recopilación y visibilización, Instagram le cerró varias veces su cuenta, recibió amenazas e incluso fue denunciada.

De hecho, esta semana Fallarás tuvo que declarar por primera vez en el marco de la denuncia que le hizo Ayax. Todo empezó a fines de 2024, cuando la periodista publicó en su perfil de Instagram el testimonio de una mujer que relataba una agresión sexual y varios usuarios señalaron que se trataba del músico.

A pesar de que la publicación no incluía nombres ni datos personales y de que todos los testimonios compartidos por la periodista son siempre anónimos, tanto respecto de las víctimas como de los agresores, Ayax alegó que ese testimonio dañó su reputación, por lo que le pide a Fallarás una indemnización de 750.000 euros. La periodista declaró el 16 de marzo en el juzgado de Zaragoza y a la salida dijo a la prensa: “No es un juicio contra mí, sino que es un juicio contra el movimiento testimonial, que es contra lo que ha decidido cargar este señor”.

“Yo jamás publiqué su nombre; su nombre salió publicado en un montón de medios de comunicación, salió publicado en un montón de lugares y, sin embargo, opta por denunciarme a mí”, señaló. La periodista mantiene firme la postura de que la denuncia cobra un sentido más amplio que proteger la reputación del rapero, y que se trata de intentar silenciar la voz y el testimonio de las mujeres, en el marco de lo que ella bautizó como el “movimiento testimonial”.

¿Qué es el movimiento testimonial?

Podría decirse que lo que Fallarás llama “movimiento testimonial” surgió en 2006, cuando la activista estadounidense Tarana Burke inició el movimiento #MeToo para denunciar el abuso sistemático y la violencia sexual a mujeres y niñas racializadas. Aun así, el hashtag no se hizo viral hasta 2017, cuando la actriz estadounidense Alyssa Milano, por medio de X (entonces Twitter), denunció al productor de cine Harvey Weinstein y animó a más mujeres a hacerlo con la etiqueta #MeToo. El caso se hizo viral y el tuit, en pocas horas, recibió miles de respuestas de mujeres que también habían sufrido abuso sexual por parte de Weinstein.

Se inició así un movimiento global de denuncia con el objetivo de crear sororidad, mostrar la prevalencia de la violencia sexual y construir una voz conjunta. En España, en 2018, tuvo su réplica en el #Cuéntalo, iniciado por la propia Fallarás como respuesta a la primera sentencia del caso de “La Manada”, que calificaba la violación grupal como “abuso”. La escritora compartió su propia historia de agresión sexual y pidió a otras mujeres que hicieran lo mismo bajo el hashtag #Cuéntalo, siguiendo la dinámica iniciada por Milano.

En solo dos semanas, se registraron cerca de tres millones de tuits de aproximadamente 790.000 usuarias, principalmente de España y América Latina. Esta iniciativa visibilizó e hizo pública la violencia machista, generó millones de testimonios de agresiones sexuales y acoso y se convirtió en una memoria colectiva. El movimiento permitió romper el silencio y hacer visible el impacto de la violencia machista, tanto en las agresiones cotidianas como en casos de violencia sexual.

Desde entonces, en distintas partes del mundo hubo campañas similares para denunciar la violencia sexual en redes: desde el #MiráCómoNosPonemos en Argentina –que inició a fines de 2018 tras la denuncia de Thelma Fardin a Juan Darthés por violación– al #VaronesCarnaval en Uruguay –en 2020–.

El año pasado, Fallarás explicó a El País que estos son los únicos movimientos innovadores y globales que han surgido en las redes, un ámbito que, ahora, está dominado por la ultraderecha y los discursos de odio. Bajo esta premisa, hace unos meses se creó La Nuestra, una red social que sirve de archivo vivo para compartir los relatos de violencia sexual contados por mujeres.

Según la propia descripción del proyecto en su campaña de crowdfunding, se trata de una red social “feminista y soberana” que “se alojará en una web propia, sin depender de las grandes plataformas y redes mainstream ni tecnofaraones digitales”.

Esta iniciativa está impulsada por la asociación feminista Acción Comadres y partirá de los miles de testimonios anónimos que acumula Fallarás, también miembro de la entidad, dedicada a la difusión y preservación del relato de mujeres. La red tiene el objetivo de conectar a distintas mujeres, bajo un seudónimo, para que puedan hablar y compartir casos de violencia en un espacio seguro. De esta manera, se hace una categorización de los testimonios que servirá para facilitar las labores de análisis y la búsqueda.

El intento de silenciar las voces

La denuncia de Ayax no es el primer ataque que recibe Fallarás. A principios de marzo, la escritora denunció en sus redes sociales el acoso que sufre frente a su casa y señaló directamente a Vox, el partido de ultraderecha español. Hace unos meses, el presidente del partido, Santiago Abascal, utilizó la cara de Fallarás en una página web para promover las denuncias contra la periodista.

En un video que compartió en sus redes sociales, Fallarás explicó que ha tenido que mudarse hasta tres veces de casa, e incluso fuera de Madrid, ya que estaba siendo acosada y hasta agredida físicamente: “Me perseguían, me acosaban, me tiraron al suelo”, relató. La periodista calificó esta campaña de odio como un atentado contra ella y las colegas que están alzando la voz contra la violencia machista.

Para muchas mujeres, el trabajo de Fallarás ha supuesto una oportunidad para denunciar casos de violencia sexual, creando un archivo que permite reconocer hasta qué punto llega la violencia machista. “No tengo ni idea de cómo he acabado metida en este proceso ni qué resortes de esta sociedad hacen que sea yo la que esté sentada ante el juez y no él”, declaró Fallarás en el juzgado, según consignó Público.