La Facultad de Ingeniería no tiene una única bandera tecnológica ni un proyecto estrella que concentre todas sus energías. Su desafío es otro: construir capacidades científicas y tecnológicas en un escenario donde el futuro es incierto y las prioridades cambian a una velocidad difícil de anticipar.
El decano de la Facultad de Ingeniería, Pablo Ezzatti, planteó, en diálogo con la diaria, que el mayor desafío no es apostar a la inteligencia artificial o al hidrógeno verde, sino sostener políticas de largo plazo en un país que convive con la urgencia permanente.
“Lo más interesante es lo que no sabemos todavía, lo que está en la cresta de la ola. Hoy en día sabemos que es inteligencia artificial, que es ciberseguridad, que es hidrógeno verde. ¿Pero qué es lo que va a pasar dentro de cinco años? Ese es el desafío”, remarcó.
Ante la pregunta sobre qué áreas deberían ser prioritarias para Uruguay en los próximos años, la respuesta del decano remarcó que existe un escenario de incertidumbre. “El problema es que no sabemos. No hay dónde poner las fichas. El país obviamente tiene que apostar a determinadas cosas con mayor énfasis, pero también tiene que tener la capacidad de poner fichas en muchos lados”, afirmó.
Hoy las prioridades parecen claras: inteligencia artificial, seguridad, energía, economía circular. “Pero esas son las fichas de hoy. Dentro de cinco años capaz que haya otros temas y, si no fuimos apostando por lo menos a que esas capacidades se generen, cuando nos damos cuenta que es importante, ya estamos demasiado lejos”. Más que elegir un único sector ganador, el desafío es construir masa crítica. “Para mí es muy importante que logremos cambiar la cantidad de gente que formamos. Creo que la ingeniería es un área en la que tenemos que lograr generar mayores ganas y mejores distribuciones en género”, afirmó.
Proyectos de investigación
“La facultad es bastante grande y diversa, no tenemos una o dos líneas específicas, sino que hay un abanico enorme y muy diferente”, señaló Ezzatti. Hace algunos años definieron tres grandes plataformas para ordenar ese abanico: energía, infraestructura y TIC (Tecnologías de la Información y la Comunicación). Desde 11 institutos distintos se investigan y desarrollan proyectos que atraviesan esas áreas.
Pero incluso dentro de esos ejes el panorama es amplio. “Es muy difícil destacar uno y no dejar otros atrás”, remarcó el decano. En energía, la facultad ha tenido un rol histórico en el cambio de matriz energética del país. “Hay un montón de temas en los que la facultad ha trabajado históricamente, como el cambio de matriz energética y el impacto en energía hidráulica, eólica, solar, y hoy en día en hidrógeno verde, el tema de la acumulación de energía, baterías, etcétera. Es toda una línea de trabajo muy fuerte”, explicó.
En infraestructura, el trabajo abarca desde transporte y carreteras hasta investigación en puentes y nuevos materiales para la construcción, además de líneas vinculadas a la economía circular y el reaprovechamiento de recursos. En el campo de las TIC, el espectro incluye inteligencia artificial, robótica, ciencia de datos, procesamiento de imágenes, seguridad informática y ciberseguridad. “Son todos aspectos que se vienen trabajando hace tiempo en la facultad de distintas maneras. A mi parecer, todos tienen un alto impacto en el país”, resumió Ezzatti.
Innovación y largo plazo
Para el decano, el desarrollo tecnológico no puede pensarse sin una estrategia sostenida en el tiempo. “Para impulsar la innovación, hay tres características que son muy importantes. La primera es que es necesario impulsar una política de largo plazo, algo que en Uruguay nos cuesta bastante tener”. Ezzatti insistió en que los países que hoy están en la frontera tecnológica sostienen políticas de 10 o 15 años. “Obviamente no estoy diciendo que no busquemos resultados rápidos, pero también hay que tener políticas que se mantengan, que tengan esa perspectiva”.
El segundo pilar es la inversión constante. “No se puede pensar la innovación per se sin la investigación de fondo. No va a haber un país que tenga capacidad de innovación real si no potenciamos la investigación”.
Y el tercero es asumir el riesgo inherente al conocimiento. “La investigación es algo que implica largo plazo, no todas las cosas que se investigan sirven, pero lo más interesante o lo más difícil es saber qué va a pasar dentro de cinco años, porque para llegar preparado a lo que sea importante en el futuro, hay que ir generando hoy muchas cosas; algunas se quedarán por el camino, pero otras harán el diferencial”, añadió.
En ese marco, recordó que Uruguay viene investigando la inteligencia artificial desde hace tres décadas. “Si hoy un país se pone a estudiar la inteligencia artificial, nunca va a llegar a estar actualizado. En Uruguay se investiga desde hace 30 años, cuando capaz que todo el mundo decía que no era productivo investigar sobre inteligencia artificial”. “Lo mismo que en su momento fue la energía eólica o solar. Son cosas que hay que trabajar a largo plazo para poder ser competitivo cuando las cosas empiezan a cambiar de fondo”, añadió.
Formación
La transferencia tecnológica no es solo la creación de un producto o patente. Para Ezzatti, la primera vía de transferencia es la formación de profesionales. “Tenemos un rol de formación de profesionales en ingeniería, y ese es un motor de transferencia tecnológica, en el sentido de que los tipos de profesionales que formamos son parte de un engranaje de innovación per se en el sector productivo”.
Sostuvo que ese es un tema que debe ser potenciado. En comparación internacional, Uruguay tiene un déficit: “Es muy difícil pensar que un país se pueda desarrollar sin una cantidad de ingenieras e ingenieros por 1.000 habitantes parecida a la que tiene Uruguay”. Alemania, Corea, China o Estados Unidos muestran una preocupación sostenida por formar más perfiles técnicos, señaló.
La segunda arista es la articulación directa con el sector productivo. La facultad impulsa pasantías de investigación, posgrados para profesionales que trabajan en empresas o en el Estado y proyectos conjuntos que conectan frontera del conocimiento con problemas concretos del país. “Ahí es donde se empieza a generar cierto proceso virtuoso, desde la academia se acerca el conocimiento al sector productivo y el sector productivo brinda las demandas”. “Me parece que ese tipo de trabajo es el que genera realmente los cambios de capacidades, pero no sucede de un día para el otro”, afirmó.
Actualización permanente en tiempos de IA
La velocidad de cambio tecnológico obliga a revisar planes y metodologías. Ingeniería en Computación -la carrera más grande de la facultad- comienza este año un nuevo plan de estudios. “Cada diez años, más o menos, van cambiando los planes”, explicó el decano. Además, recientemente el consejo aprobó una guía sobre cómo utilizar la inteligencia artificial en los cursos. “Son temas que nos atraviesan y que por el tipo de formación que damos hay que estar ayudando continuamente”.
La acreditación regional en el Mercosur y la colaboración constante con investigadores del exterior también funcionan como mecanismos de actualización. A eso se suma la formación continua. “Una vez que se egresa de grado, cada vez es más importante la formación continua. Eso es algo que en nuestro país por ahora no hemos logrado que tenga la importancia que tiene en otros lados, pero cada vez va a ser más importante”.
Laboratorios conjuntos
Por otro lado, Ezzatti remarcó que es necesario fortalecer el trabajo conjunto entre todas las instituciones educativas del país, tanto públicas como privadas, como condición para dar un salto cualitativo en materia de innovación. En ese sentido, planteó que el desafío no pasa únicamente por crear nuevas estructuras, sino por articular mejor las capacidades existentes y alinearlas con las necesidades del desarrollo productivo.
“A mí me gustaría que a futuro tuviésemos una presencia distinta al tener laboratorios conjuntos”, sostuvo. Asimismo, explicó que la apuesta es avanzar hacia esquemas donde la formación de posgrado, la investigación aplicada y la demanda tecnológica de las empresas dialoguen de forma más fluida.
No obstante, el decano reconoció que Uruguay enfrenta limitaciones estructurales. “Con las condiciones que tiene nuestro país, obviamente nunca va a poder hacer inversiones comparativas con otros países del mundo, eso está descartado”, afirmó. Por eso, consideró imprescindible que cualquier estrategia esté fuertemente inserta en redes de colaboración internacionales. “No podemos hacer investigación aislada de otros centros de investigación regionales y mundiales”, subrayó, marcando la necesidad de integrarse a circuitos globales de conocimiento.
En esa línea, señaló que ya existen propuestas en distintos niveles de maduración. Algunas implican la creación de laboratorios físicos compartidos y otras son instancias más flexibles de coordinación temática. “Hemos hablado con el Ministerio de Industria, Energía y Minería sobre qué tipo de formaciones o especializaciones se podrían necesitar, qué tipo de docentes o investigadores de otras partes del mundo sería bueno traer para generar cosas, qué tipo de requerimiento en cuanto a investigación podría necesitar determinada institución”, detalló, al mismo tiempo que remarcó que, por el momento, son pasos iniciales que apuntan a construir una visión común y a detectar áreas estratégicas.
“La facultad tiene una larga tradición de trabajar en conjunto, la gran diferencia es que hoy es mucho más dinámico y el diferencial de la investigación cada vez es más importante”, indicó, en alusión a un escenario global donde la velocidad y la calidad del conocimiento marcan la competitividad de los países.
Fuga de talentos y límites estructurales
El escenario internacional agrega otra dificultad. “Tenemos una fuga de talentos hacia países del primer mundo, tenemos que ser conscientes de que es muy difícil para nosotros cautivar a gente de otras partes del mundo”, reconoció. Mientras que Estados Unidos, China, Alemania o Corea desarrollan programas activos para atraer investigadores, Uruguay enfrenta el desafío de retener a los suyos. “Con suerte mantenemos a nuestros jóvenes talentos”.
En ese contexto, el desafío de Uruguay consiste en “lograr formar cada vez más gente”. “La política a largo plazo debe basarse en transmitir seguridad a la gente. Eso en el ámbito académico se construye muy lento, pero se rompe muy rápido. Un año de incertidumbre rompe muchas cosas que capaz que costaron diez años construir”.
“Hay que tener un relacionamiento en la región internacional, política a largo plazo, inversiones claras y un esfuerzo de que esto sea importante para el país en cada toma de decisión. Eso a veces es difícil en el sentido del sector político. El sistema político tiene que tomar decisiones para resolver problemas urgentes todos los días [...] lo cual entra en tensión con la necesidad de crear visiones de largo plazo”, afirmó. “Lograr ese equilibrio entre resolver problemas día a día, pero también poder definir políticas a largo plazo” es “el desafío mayor para el país”, concluyó Ezzatti.