La región de América Latina y el Caribe avanza lentamente en la creación de empleos compatibles con las grandes transformaciones tecnológicas, climáticas y demográficas. Apenas el 17% de las personas ocupadas (50 millones) se desempeña en “trabajos de futuro”, una proporción aproximadamente 30% menor que la registrada en los países de ingresos altos.

El dato surge del estudio Atlas de los trabajos del futuro. Una década de transformación en América Latina y el Caribe, elaborado por Ramiro Albrieu y Megan Ballesty y publicado este miércoles por Sur Futuro, un hub de investigación que analiza el devenir del trabajo en la región.

El informe define como empleos de futuro aquellos que tienen mayor complementariedad con la tecnología, el cuidado del ambiente y las capacidades humanas.

“Esta brecha [de trabajos de futuro entre la región y los países de ingresos altos] refleja diferencias estructurales en la diversificación productiva y niveles de innovación de las economías [...] Esto significa que una estructura productiva y laboral más cercana a la de las economías desarrolladas permitiría expandir los trabajos de futuro en la región en torno a un 50%. Sin embargo, en la última década los países de ingresos altos ampliaron la participación de las ocupaciones de futuro a un ritmo mayor que los países de la región: la brecha, que hoy es de más de ocho puntos porcentuales, no superaba los seis”, indicó.

En los países desarrollados, la gran mayoría de los trabajos de futuro (87%) se concentra en actividades de alta calificación. En América Latina y el Caribe, en cambio, esa proporción es “notablemente menor”, de 69%, y desciende a 57% en el caso de las mujeres.

En una entrevista con la diaria realizada en enero, el líder de Sur Futuro y uno de los autores del informe, Ramiro Albrieu, advirtió que América Latina “crea empleos que nacen viejos” y profundiza la futura brecha de género.

Inteligencia artificial

El estudio define la inteligencia artificial (IA) generativa como una “nueva capa de transformación del mercado laboral”. En la región, el 21% de los puestos de trabajo corresponde a ocupaciones de calificación media o alta que podrían ver aumentada su productividad con esta tecnología; entre las mujeres, esa proporción asciende al 25%.

En contraste, alrededor del 5% del empleo enfrenta un mayor riesgo de automatización por la IA generativa, especialmente en ocupaciones de apoyo administrativo. “Las mujeres están sobrerrepresentadas en ambos grupos, lo que convierte a la IA generativa en un factor clave en la redefinición del trabajo femenino y refuerza la necesidad de monitorear de cerca su impacto en el mercado laboral”, añadió.

A este escenario se suma el impacto del cambio climático. Una cuarta parte del empleo regional está expuesta a sequías, inundaciones y temperaturas extremas. El riesgo se concentra en actividades como la agricultura, la construcción y el transporte.

Además, casi el 70% del empleo regional se concentra en “actividades vulnerables a las disrupciones tecnológicas o climáticas”. “Las tecnologías de automatización amenazan al 55% de las personas ocupadas, una proporción que supera en un tercio a la de los países de ingresos altos y que se concentra en ocupaciones que históricamente sostuvieron a la clase media”.

Cuidados, oficios y brechas de género

Tres de cada cuatro trabajos de futuro en América Latina y el Caribe pertenecen al segmento de los cuidados. Educación, salud, cuidados personales y trabajo en casas particulares concentran el 75% de estas ocupaciones, con una participación femenina dominante: tres de cada cuatro personas ocupadas en el sector son mujeres. Sin embargo, una parte relevante de estos empleos se caracteriza por bajos salarios e informalidad, especialmente los del trabajo doméstico.

En contraste, las ocupaciones STEM (ciencia, tecnología, ingeniería y matemática, por sus siglas en inglés) representan el 4,2%, “mientras que en los países de ingresos altos la representatividad del segmento se duplica holgadamente, rozando el 10%”.

“La brecha no solo se observa entre regiones, sino también entre géneros. Menos del 2,1% de las mujeres latinoamericanas trabaja en áreas STEM, aproximadamente la mitad que en los países de ingresos altos. En la región la participación femenina en ciencia e ingeniería es de apenas 1,5% y en las TIC cae a 0,5%, prácticamente un tercio de la representatividad que tienen en los países desarrollados”, señaló.

En el trabajo se destaca el rol de las ocupaciones STEM y verdes como “esenciales” para el futuro del trabajo. “El conocimiento en estas áreas no solo es indispensable para que los países de la región puedan tomar las riendas de la economía digital y la economía verde, sino que además ofrecen, en promedio, mejores condiciones laborales que el resto de los trabajos de futuro: tienden a ser más calificados, más formales y mejor remunerados”, añadió.

Un mapa regional desigual y avances limitados

Las oportunidades tampoco se distribuyen de manera homogénea en el territorio. En el Cono Sur los trabajos de futuro superan el 20% del empleo, una proporción cercana a la de los países de ingresos altos. En cambio, en América Central y el Caribe no alcanzan el 10% en varios países, con “mayor exposición a la automatización y al riesgo climático”.

El análisis muestra que en la última década la región tuvo “pocos avances”. La proporción de trabajos de futuro pasó de 15% a 17%, mientras que en los países de ingresos altos aumentó de 21% a 25%.

“Los segmentos más dinámicos prácticamente no se expandieron, y las brechas de género se sostuvieron. La región permanece anclada en actividades de menor sofisticación y mayor vulnerabilidad que las economías más desarrolladas, con baja capacidad de convergencia”, advirtió.

En ese contexto, el estudio concluyó que América Latina y el Caribe enfrenta un doble desafío: acelerar la diversificación productiva frente a la automatización y el cambio climático, y abordar las persistentes brechas de género que limitan el acceso de mujeres a los trabajos del futuro.