Estudiantes de la Universidad Tecnológica (UTEC) desarrollaron un vehículo autónomo capaz de reconocer señales de tránsito, detectar obstáculos y tomar decisiones en tiempo real mediante inteligencia artificial.
El proyecto, que sus creadores describen como un “mini Tesla” por su capacidad de desplazarse sin intervención humana, representará a Uruguay en la próxima edición de la FIRA RoboWorld Cup 2026, uno de los torneos internacionales de robótica más importantes del mundo, que se realizará en Canadá. Allí competirán frente a equipos de distintos países con una tecnología diseñada y construida por estudiantes y docentes de la sede Rivera de la UTEC.
“Siempre usamos el ejemplo de un Tesla, porque mucha gente entiende que estos autos se manejan solos, tienen sensores, cámaras, detectan patrones. Nuestro auto es exactamente un mini Tesla, porque cumpliría la misma función con la detección de cámaras, de objetos, sensores”, dijo a la diaria Gabriel da Silva, estudiante de la carrera de Ingeniería en Control y Automática.
En la FIRA, que se desarrollará en Canadá entre el 1º y el 21 de julio, los estudiantes de la UTEC competirán en las categorías de drones, humanoides y autos autónomos. El certamen es uno de los mundiales de robótica más importantes y longevos del mundo y reúne a equipos de decenas de países.
La delegación uruguaya llegará con antecedentes de peso. El año pasado, el equipo de la UTEC obtuvo el primer puesto en el desafío técnico de drones autónomos de la FIRA.
Imagen: grupo de estudiantes de UTEC a cargo del proyecto.
Cómo funciona
El vehículo combina distintos componentes electrónicos para desplazarse de forma autónoma. Cuenta con motores que le permiten avanzar, retroceder y moverse, mientras que un servomotor se encarga de la dirección. Todos esos elementos están conectados a una placa de procesamiento, que funciona como el “cerebro” del automóvil.
A través de cámaras y sensores, el sistema recibe información constante sobre el entorno y la procesa en tiempo real para decidir cómo actuar.
La inteligencia artificial es uno de los elementos centrales del proyecto. Para entrenar al vehículo, los estudiantes recopilaron entre 6.000 y 10.000 de imágenes captadas por las cámaras y almacenadas en una base de datos. Luego, cada imagen fue etiquetada para que el sistema aprenda a reconocer distintos elementos del entorno, como carriles, obstáculos, cruces peatonales y señales de tránsito.
“Después de entrenarlo, el auto ya sabe qué tiene que hacer, cuánto acelerar, cuándo doblar. […] Él, literalmente, puede decidir si quiere acelerar, dar marcha atrás, doblar o parar en una cebra ”, afirmó Da Silva.
El estudiante dijo que una de las mayores dificultades ha sido lograr que el vehículo interprete correctamente su entorno. “Siempre estamos haciendo pruebas, encontramos un error y lo solucionamos. Lo más difícil es interpretar qué código o componente hay que cambiar para que el auto entienda correctamente el entorno”, explicó.
Imagen: grupo de estudiantes de UTEC a cargo del proyecto.
Las etapas de la competencia
Da Silva dijo que la competencia de autos autónomos se divide en distintas pruebas que buscan simular situaciones reales de conducción. En una primera etapa, los vehículos deben recorrer un circuito con carriles y obstáculos distribuidos a lo largo de la pista, evitando colisiones en el menor tiempo posible.
“La idea del primer reto es que el auto pueda hacer la pista esquivando, sin tocar todos los obstáculos, pasando por los checkpoints (puestos de control) que están distribuidos más o menos entre uno o dos metros en el menor tiempo posible. El equipo que pueda lograr el menor tiempo y pase por la mayoría de checkpoints sin tocar los obstáculos es el que más va a acumular puntos para las próximas etapas”, explicó. Posteriormente, los estudiantes enfrentarán un desafío urbano, donde deben reconocer señales de tránsito, respetar cruces peatonales, cebras y ejecutar maniobras de forma autónoma, resolviendo obstáculos. “El auto tiene que detectar los carteles por sí solo, interpretarlos y después ejecutar la acción que dice en el cartel. También tiene que respetar ciertas leyes, como parar en cada cebra, doblar a la izquierda o derecha, seguir recto, es decir, todo lo que diga el cartel”, señaló.
Visión a futuro
Más allá del desarrollo tecnológico, Da Silva destacó que uno de los mayores desafíos de este proyecto ha sido construir el robot con recursos limitados. Según explicó, muchos equipos internacionales cuentan con acceso a hardware especializado y componentes costosos que en Uruguay son difíciles de conseguir.
“Hay muchos equipos de diferentes países, los cuales tienen demasiadas ayudas. Se les hace más fácil conseguir componentes que valen miles o cientos de dólares mientras que en Uruguay no tenemos esa disponibilidad. [...] La primera vez que competimos en la categoría Autos autónomos fuimos por un vehículo totalmente impreso en 3D y hecho por nosotros mientras que todos los autos de los otros equipos tenían el chasis, la dirección, los motores comprados y a pesar de eso alcanzamos el tercer lugar en 2024”, remarcó.
Consultado sobre el futuro de la robótica, Da Silva consideró que en la próxima década estas tecnologías tendrán una presencia cada vez mayor en la vida cotidiana. Mencionó robots de asistencia para hogares y hospitales, sistemas de reparto mediante drones e incluso formas de transporte autónomo.
“Ya existen prototipos de drones que realizan entregas y vehículos que se desplazan sin conductor. No sería extraño que en los próximos diez años veamos proyectos de transporte público autónomo”, concluyó.
