Los símbolos de los autores de los genocidios suelen ser materia incómoda. El reciente episodio sobre el águila del acorazado alemán Graf Spee rescata esa tensión y puede echar luz sobre otras penumbras de nuestra historia. Hundido el barco por su capitán el 17 de diciembre 1939 luego de la derrota en la Batalla del Río de la Plata, único episodio bélico de la Segunda Guerra Mundial que tuvo lugar en estas costas, su águila de proa fue recuperada de las aguas por un equipo de buzos en febrero de 2006. El presidente uruguayo Luis Lacalle Pou anunció, el viernes 16 de junio, que sería fundida y su bronce convertido en una paloma de la paz por el escultor Pablo Atchugarry. Ese mismo fin de semana, el domingo 18, debió dar marcha atrás debido a las críticas que le llegaron por derecha y por izquierda, además de la opinión contraria de voces académicas1.

Más allá del desatino en términos de manejo de los testimonios materiales de la historia, y de cierta inocencia kitsch que sobrevolaba todo el asunto de la transmutación voluntarista, impactó de forma negativa el momento del anuncio: el día antes el mandatario no había estado presente en el acto de reparación a cinco víctimas del terrorismo de Estado realizado en el Parlamento a raíz de una sentencia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos2.

Aunque los símbolos de los autores de los genocidios suelen ser materia incómoda, el paso del tiempo borronea sus contornos. El nazismo no sólo ocurrió hace relativamente poco –baste pensar que muchas de sus víctimas y algunos de los perpetradores permanecen con vida–, sino que el renacimiento de la extrema derecha que lo reivindica campea en el presente. Distinto es lo que ocurre con episodios del pasado casi remoto.

Así, mientras los museos alemanes no sólo conservan testimonios visuales del Tercer Reich, sino que lo hacen en un marco que contextualiza sus crímenes, como por ejemplo en la “Topografía del Terror” de Berlín3, en el Cementerio Central de Montevideo se presenta, sin más explicaciones que el ensalzamiento de su tiempo, el sepulcro del autor material de una de las campañas oficiales de exterminio de indígenas. En una de sus caras, el monumento funerario montevideano a Bernabé Rivera exclama, en letras mayúsculas y con anacrónica ortografía: “Yndigena salvage! Indomito habitante de los deciertos! He aquí tu victima! Erizado tu cabello y cubiertos tus miembros de un sudor frio, ven, y temblando, lancese de tu pecho el fúnebre alarido del dolor con mas fuerza que alla al inmolarla, lanzaste el horrible grito de la carniceria”.

El coronel Bernabé Rivera, sobrino del primer presidente uruguayo, Fructuoso Rivera, participó junto con su tío, el 11 de abril de 1831, en la llamada “Masacre de Salsipuedes”, durante la cual el mandatario reunió mediante engaños a numerosos charrúas, diciéndoles que los necesitaba para una campaña contra Brasil, y ultimó a varias decenas y tomó prisioneros a otros 300. Fue una de las tantas medidas de “pacificación civilizatoria” emprendidas por los gobiernos criollos de las nacientes repúblicas americanas contra sus poblaciones originarias. Luego de esa matanza, Bernabé Rivera continuó la persecución y asesinato de otros caciques que habían escapado con pequeños grupos de indígenas. Meses después, en otra acción de persecución, se enfrentó a un contingente de 16 charrúas y perdió la vida en el combate. Ocurrió en el paraje de Yacaré Cururú, zona donde hoy se ubica el pueblo denominado, desde 1958, Bernabé Rivera.

“La memoria viva del genocidio de Salsipuedes es parte del homenaje a las víctimas y de la reparación a la comunidad indígena en nuestro país. Los hechos de Salsipuedes culminan un proceso sistemático de exclusión, discriminación y persecución de los pueblos indígenas en nuestro país primero durante el período de conquista y colonización, y luego a través de la dominación cultural y la expropiación de tierras, ejercido desde la década de 1830 por parte del Estado Nación”. Esto fue lo que expresó la Institución Nacional de Derechos Humanos y Defensoría del Pueblo en 20214, encontrando el rechazo del senador oficialista Guido Manini Ríos, del partido de derecha Cabildo Abierto5. La postura de Manini está en línea con el negacionismo histórico llevado adelante por el expresidente Julio María Sanguinetti6, del Partido Colorado, cuyo fundador es Fructuoso Rivera.

Había sido otro presidente colorado, Jorge Batlle, en muchos momentos enfrentado a Sanguinetti en la interna de su partido, quien había escuchado los reclamos de las organizaciones charruístas y habilitado las gestiones oficiales para repatriar desde Francia los restos de uno de los mal denominados “cuatro últimos charrúas”. Se trataba de Vaimaca Perú, cacique que había integrado las huestes de José Artigas, había sido tomado prisionero en Salsipuedes y luego entregado a un comerciante francés para que lo llevara a París como atracción de feria y ejemplar de seudoestudio. En un acto de fuerte contenido simbólico, el 19 de julio de 2002 fue ingresado al Panteón Nacional.

Una de las calles internas del Cementerio Central que se abren en diagonal desde ese panteón llega, unos pasos después, al lugar del sepulcro de Bernabé Rivera. Como indica Leticia Ponasso Alemany7, “el Cementerio Central es un lugar donde se desarrollan procesos de comunicación que vinculan a los ciudadanos con diferentes mundos simbólicos”. Así las cosas, no sería mala idea que las autoridades departamentales colocaran alguna referencia interpretativa junto al monumento funerario de este militar participante en las masacres de los charrúas. Por los mismos argumentos que no se debería colocar en un museo la simbología nazi sin explicación del horror que representó para la humanidad, no debería sostenerse por más tiempo que las inscripciones de ese sepulcro “hablen solas” y reivindiquen, sin el cuestionamiento de la lectura del presente, el exterminio de las poblaciones originarias de lo que hoy llamamos Uruguay.

Roberto López Belloso, director de Le Monde diplomatique, edición Uruguay.


  1. Gabriel Díaz Campanella, “Uruguay se enreda con el destino del águila del buque nazi ‘Graf Spee’ hundido en el Río de la Plata”, El País, Madrid, 21-6-2023. 

  2. “Sin la presencia de Lacalle Pou, se realizó acto en el Parlamento para reconocer la violación de los derechos humanos por parte del terrorismo de Estado”, la diaria, 15-6-2023. 

  3. Consultable en www.topographie.de (en alemán, inglés y francés). 

  4. “Día de la Nación Charrúa y de la Identidad Indígena”, www.gub.uy/institucion-nacional-derechos-humanos-uruguay, 11-4-2021. 

  5. “Colorados y Manini Ríos cuestionaron referencias de la INDDHH al ‘genocidio’ de Salsipuedes”, la diaria, 12-4-2023. 

  6. Ver “Sanguinetti sobre Rivera y Salsipuedes”, partidocolorado.uy, 9-6-2020; y Noelia Correa García, “Lo ‘civilizado’ y nuestra memoria: sobre los dichos de Julio María Sanguinetti en relación con la matanza de Salsipuedes”, la diaria, 17-6-2020. 

  7. El lenguaje del silencio, el Cementerio Central como reflejo de la ciudad, Ediciones de la Banda Oriental, Montevideo, 2022.