Entre otras cosas, los celulares primero, las redes sociales luego y la conjunción de ambos al fin terminaron de apretar los clavos con que la literatura de viajes quedó encerrada en su ataúd de mausoleo, confinada al panteón de los subgéneros perimidos, de cuando había más tiempo, predisposición mental y atención editorial para que un viajero relatara en un volumen las peripecias de un recorrido determinado, sin la posibilidad de fotografiarlo todo a su paso para compartir ipso facto las instantáneas en Instagram o en Facebook bajo la forma de copiosas galerías ávidas de likes, generalmente mal enfocadas o en la modalidad de selfies, en las que el mismo rostro con la misma sonrisa en primer plano deja entrever detrás, como un mero ruido de fondo, un fragmento de pirámide, la sombra de la Esfinge, el chorro rebelde de una catarata o el reflejo posible de una fortificación milenaria. Como una forma de negar lo anterior, o al menos para enfrentar la rotundidad del juicio con la concreción palpable de una atendible excepción, acaba de aparecer en librerías Periodistán. Un viaje a la India de carne y hueso, del periodista argentino Fernando Duclos (1986), un libro de viajes que, con la excepción de una serie de mapas que encabezan cada capítulo, es puro texto: el relato de un largo periplo escrito a la manera de los viajeros de antaño, en el que el derrotero de marras se recrea con el impulso y el combustible de la palabra.

Fernando Duclos es conocido en las redes sociales como Periodistán, nombre de guerra que asumió en 2019 cuando, con el dinero de una indemnización laboral y algunos ahorros, emprendió un largo viaje por Europa del Este, Medio Oriente, el Cáucaso y Asia Oriental, escribiendo sus crónicas y filmando videos en una serie de países terminados en el sufijo “istán” (Turkmenistán, Kazajistán, Kirguistán, Pakistán, Afganistán, etcétera). Los 14 meses que Duclos anduvo girando por aquellas latitudes le dieron forma al libro Periodistán. Un argentino en la Ruta de la Seda (Futurock, 2020), cuya modalidad de narración pormenorizada y atenta al detalle que escapa a la mirada del turista, el rigor informativo y la precisión histórica se continúan en el flamante Periodistán. Un viaje a la India de carne y hueso.

Duclos/Periodistán recorrió la India entre febrero y julio de 2022 con el firme propósito de contar no sólo las particularidades y complejidades (en la medida en que sus recursos se lo permitieran) de un territorio en el que habitan 1.400 millones de personas, sino también como una forma de evadir el permanente interés editorial sobre la espiritualidad y la cosmogonía de la nación. Entendió en un punto, luego de frecuentar una quincena de librerías de Buenos Aires buscando textos sobre la India, que su libro se centraría en “la India de carne y hueso”, y que su viaje le permitiría conocer, y a través de él a sus lectores, aspectos de la geografía, la economía, la política, los deportes y el turismo de una nación con un territorio diverso, que va desde las cumbres del Himalaya hasta la costa del océano Índico. Desde luego, Duclos no fue tan necio como para ignorar o prescindir del elemento espiritual –marcado a fuego (en ocasiones literalmente) en cada centímetro cuadrado de la India–, sino que se propuso aprehenderlo en su propio lugar, eludiendo los cinco o seis lugares comunes a los que los medios en general han reducido el tema.

Duclos/Periodistán es un viajero atento y curioso, que ya desde el arranque desmonta las convenciones de itinerarios, esperas, hospedajes y formas de llegar a un lugar equis. En el primer mes de viaje, además, lo acompañó en el periplo su padre, un médico jubilado de 66 años que se sumó a la aventura y que padeció junto a su hijo diversos malestares gastrointestinales (el picante en todas las comidas parece ser una insoslayable marca de chef en la India), una variedad de hacinamientos en vagones de trenes que recorrían largas distancias, el hostigamiento de monos callejeros, de policías corruptos que dos por tres los querían multar, de avivados que pretendían venderles dudosos servicios y hasta el ataque de una rata de considerables proporciones.

Dividido en capítulos breves –"Viajar en tren", "Taj Mahal y Khajuraho: el sexo y el amor", "Varanasi: ciudad santa", "Sri Lanka: introducción al budismo", "Bollywood, Kollywood, Tollywood", "Mujeres del Rajastán", "A dedo hasta Leh", "Los archivos de Cachemira", etcétera–, Periodistán. Un viaje a la India de carne y hueso cumple con creces su objetivo, por completo alejado del tono monocorde, deslavado y mercantil de muchas guías de viaje, al tiempo que asume y concluye la evidencia final sobre la imposibilidad de contar la India. Aun así, lejos de estancarse en la mirada maravillada que describe y se extasía, o en pretender reducir la complejidad de una cultura variadísima y milenaria a una glosa simplona, de fácil consumo mientras se espera en una sala despersonalizada la conexión de un avión, Duclos/Periodistán enfrenta cada experiencia del viaje con el visor del asombro y el lente del conocimiento racional, a sabiendas, como ocurre, por ejemplo, en el relato de su descenso a las costas del río Ganges y las innúmeras fogatas encendidas en su ribera, donde se quemaban otros tantos cadáveres, de que contar “la India de carne y hueso” no es más que una ilusión, aunque bien valga la pena una aproximación como la que él mismo protagonizó y de la que regresó para contarla.

Periodistán. Un viaje a la India de carne y hueso. De Fernando Duclos. Buenos Aires, Futurock, 2022, 336 páginas.