Esta semana, el entorno del profesor estadounidense James Petras dio a conocer la noticia de su muerte, ocurrida un mes atrás. “Falleció pacíficamente el 17 de enero de 2026 en Seattle, Washington, rodeado de su familia. Prolífico académico y activista, dedicó su vida a desafiar el poder, el imperialismo y la desigualdad”, dice el comunicado.

Nacido en 1937, en Boston, en una familia de inmigrantes griegos, trabajó como pescador en su infancia y luego se formó en sociología en la costa oeste de Estados Unidos, en la agitada Universidad de Berkeley. Allí fue líder estudiantil y militó en el movimiento por los derechos civiles.

Los inicios de su carrera académica, marcados por su perspectiva de clase, lo llevaron a investigar temas de desarrollo, movimientos revolucionarios y la relación de América Latina con Estados Unidos. Solía autodefinirse como activista y escritor “revolucionario y antiimperialista”.

Fue asesor del gobierno de Salvador Allende, y tras el golpe de Estado de 1973 integró la segunda encarnación del Tribunal Bertrand Russell, que investigó los crímenes de las dictaduras en América Latina, y del que también formaron parte los escritores Julio Cortázar y Gabriel García Márquez.

Su ida y vuelta entre la militancia y el trabajo académico lo volvió una presencia habitual en medios de América Latina. En nuestro país era frecuente escuchar sus intervenciones en Radio Centenario, donde expresaba, en español, su visión crítica de los progresismos latinoamericanos, a los que en general veía incapaces de superar el empuje neoliberal que los había precedido.

A su vez, tuvo vínculo con el Movimiento Sin Tierra de Brasil y con organizaciones de trabajadores de empresas recuperadas en Argentina. En España, es especialmente recordado por el informe sobre las transformaciones en la situación de los trabajadores que produjo en mitad de la década de 1990. Allí, con base en testimonios, comparaba las visiones de distintas generaciones de asalariados y arribaba a la conclusión de que durante los gobiernos del Partido Socialista Obrero Español había habido retrocesos en varias áreas. El estudio fue censurado por la CSIC peninsular, pero fue difundido por el Partido Comunista, y el escándalo aumentó su notoriedad. Padres e hijos, dos generaciones de trabajadores españoles fue luego publicado por la revista Ajoblanco.

En ese trabajo era clara su visión de que la izquierda había sido ganada por el posmarxismo, al que era necesario criticar desde el marxismo clásico. En ese esquema, también denunciaba el repliegue de los intelectuales que se adecuaron al nuevo clima político impuesto por el neoliberalismo.

Petras también fue especialmente crítico del sionismo, y la contundencia de sus afirmaciones –solía comparar el porcentaje de la población judía con su participación en la distribución de la riqueza en Estados Unidos, y denunciaba la desproporcionada incidencia de Israel en la política exterior de su país– le valió numerosas objeciones. También fue criticado por su apoyo parcial a ciertos movimientos de extrema derecha, basado en la atención de figuras como Marie Le Pen respecto de los problemas de la clase trabajadora.

Su obra incluye más de 60 libros publicados en una treintena de idiomas. De esa vasta producción se destacan El imperialismo en el siglo XXI: la globalización desenmascarada (2002); su contribución en ¡Palestina existe!, un volumen colectivo en el que participaron José Saramago, Noam Chomsky y Edward Said, y Capitalismo, socialismo y crisis mundial, de 1984. Muchos de sus trabajos pueden encontrarse en lahaine.com.